Golden State Warriors

Golden State Warriors, un ataque de élite con Stephen Curry al mando

Tener a Stephen Curry como líder de un equipo puede parecer la solución a todos los problemas ofensivos que se den a lo largo de una temporada. Lejos de la creencia de que la estrella de los Golden State Warriors es la panacea, no hay mejor ejemplo para desmentir esto que lo ocurrido con los californianos la pasada campaña. El regreso triunfal de Steph tras una 2019-2020 marcada por una lesión en la muñeca izquierda y el parón por la suspensión debido al COVID-19 dejó una vuelta por todo lo alto, firmando números de nivel MVP y terminando como el máximo anotador de toda la liga a razón de 32,0 puntos.

Pese a que los de Steve Kerr tenían un arma de destrucción masiva para las defensas rivales en su poder, estos fueron incapaces de construir una ofensiva lo suficientemente sólida como para evitar el Play-In y acabar entrando en los Playoffs. Sin ir más lejos, los Warriors concluyeron la Fase Regular como el 11º peor ataque de toda la NBA, produciendo 110,5 puntos por cada 100 posesiones y únicamente sostenidos por su fantástico despliegue defensivo, que les llevó a ser el 5º mejor equipo concediendo apenas 109,4 tantos.

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No es que por el hecho de tener a Curry el ataque de Golden State se estancase y no fuese capaz de producir más allá de la estrella, más bien todo lo contrario ya que con él en cancha el ratio ofensivo ascendia a 114,2, solo superado por el 114,8 de Draymond Green, lo que habría significado el 10º mejor registro de la liga. ¿Y qué ocurría cuando Steph estaba fuera? El ataque se derrumbaba, descendiendo hasta los 101,8 puntos por 100 posesiones, una caída de 12,4 tantos, un mundo en el básquet actual.

En un periodo de transición entre la recuperación de Klay Thompson , las nuevas incorporaciones como fueron Kelly Oubre Jr, Kent Bazemore o James Wiseman y los continuos problemas que atravesaron Draymond Green o Stephen Curry lo más lógico es que se produjese una situación como esta, más teniendo en cuenta el descomunal rendimiento que tuvo Steph en el último cuarto de Fase Regular.

El contraste entre los números con y sin Curry fue mayúsculo, pero aunque las estadísticas reflejasen un gran rendimiento ofensivo con el #30 en cancha, la realidad es que el ataque de los Warriors estaba muy limitado y falto de alternativas cuando el oponente lograba plantear un plan de partido que frenase a la estrella.

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La base del éxito en lo ofensivo de Golden State durante el último lustro ha sido el continuo fluir de sus jugadores en la media pista, aquello que se le otorgó el nombre de flow offense y que en 2016 alcanzaría su plenitud. Bajo la premisa de que el movimiento es la mejor manera de generar opciones de canasta y a través del pase y de un entramado de bloqueos indirectos sin final. Para llevar a cabo este plan de ataque es preciso que los jugadores en plantilla tengan tres cualidades: que sean buenos pasadores, que sean buenos bloqueadores y que sepan lanzar en movimiento. El elemento disruptor siempre será Curry por su creatividad y cómo interpreta los espacios, pero aún así es preciso contar con figuras capaces de poder desempeñar estos roles de un modo más o menos eficiente para que el sistema tenga sentido.

La realidad de los Warriors de la pasada temporada es que a pesar de tener jugadores con habilidad para poder cumplir con el papel marcado, estos no eran los adecuados para llevarlo a cabo del modo que debería. La razón reside en que el espaciado era más que deficiente, con las esquinas ocupadas de un modo no muy correcto y con figuras no extremadamente peligrosas desde esas latitudes o que no realizaban las lecturas más correctas como en el siguiente ejemplo:

El problema de la explosión ofensiva de Curry fue que las defensas de élite empezaron a estructurar todo su plan de partido alrededor suyo, algo que no era nuevo, pero que ante la falta de efectivos de talento sí se convertía en un gran inconveniente. En el siguiente corte puede apreciarse el incorrecto spacing que Golden State solía tener ante defensas muy agresivas sobre Steph, anulándole en cierto modo, y sin una distribución de los otros 4 jugadores que pudiese ayudar a salir del paso. La secuencia se inicia con una división al aro sin nadie en ambas esquinas que pueda descargar de peso a la penetración y liberar un lanzamiento, algo que tras el rebote ofensivo no se soluciona, incluso cuando se genera una opción de tiro liberada. Al contrario, Wiggins decide tomar un lanzamiento forzado en media distancia justo hacia el mismo lugar donde está su compañero, Kevon Looney.

Otro ejemplo, en este caso la mala lectura ante el posicionamiento de la defensa es consecuencia de una incorrecta distribución de los jugadores en cancha.

Y claro, lo fácil sería pensar que teniendo a Stephen Curry bastaría con colocarle un bloqueo directo y crear todo un ataque alrededor de esa primera ventaja, especialmente con Wiseman al lado. Nada más lejos de la realidad pues los oponentes solo tenían que cerrar la zona o bien saltar muy agresivos al 2 contra 1 e inutilizar por completo la oportunidad de anotar y mover la bola.

Con todos estos condicionantes y el mal sabor de boca del Play-In, la gerencia de los Warriors se puso a trabajar. La principal tarea era conseguir jugadores experimentados que pudiesen aceptar un rol menor pero que rápidamente tuviesen un impacto que superase con creces su valor de mercado. Para ello la clave era dar con figuras con un alto IQ o bien que fuesen eficientes en aspectos muy concretos del ataque como podía ser la ejecución a pies quietos, las transiciones o el juego por encima del aro. Golden State se movió bastante durante el mercado, aunque sin levantar mucho ruido, recuperando a Andre Iguodala y añadiendo a Nemanja Bjelica y Otto Porter Jr, así como dos rookies de proyección, Jonathan Kuminga y Moses Moody.

Los resultados de estos movimientos no han podido ser mejores en el breve periodo de tiempo que llevamos de temporada 2021-2022. Ahora mismo Golden State marcha en primera posición de la Conferencia Oeste con un balance de 10-1 , siendo este su mejor inicio desde la campaña 2018-2019, la última en la que llegaron a las Finales. Algo que están haciendo de la mano de una gran defensa, pero también de un renacido ataque, el cual ocupa la 3ª posición en el ránking de la NBA, produciendo 112,3 puntos por 100 posesiones.

El abismo entre tener a Steph en pista o no sigue estando ahí y parece ser algo que les costará solucionar, pero si algo ha cambiado el ataque de los de Steve Kerr respecto al curso anterior es que ahora sí parece estar más "limpio" y ser más correcto. Y todo eso es gracias a un invitado inesperado: Jordan Poole.

El producto de Michigan ha despertado en este inicio de campaña convirtiéndose en la segunda espada de los Warriors y un lanzador de altísimo nivel, especialmente tras salidas de bloqueo y en catch&shoot. Como un jugador a caballo entre Steph y Klay, Poole viene promediando 18,2 puntos con 34,8% en triples de los cuales ha acertado el 36,2% en recepción y tiro. Este fantástico rendimiento del joven de 22 años tiene que ver con el hecho de que ahora sí Golden State dispone de dos figuras capaces de salir de bloqueos y con potencial de anotar, ya sea sobre bote o en lanzamiento.

Con dobles salidas para tiradores, la presencia de Poole junto a Curry añade más variables a la defensa rival de las que debe estar pendientes. Es lo mismo, pero no lo es:

Alguien a quien utilizar cuando la defensa del oponente se cierra sobre Steph:

Y sobre todo, a quien recurrir cuando la estrella descansa, manteniéndose el ratio ofensivo con Poole y sin Curry en 107,6. Algo que con ambos se dispara a 115,4.

La explosión de Poole ha devuelto a Draymond Green su condición de eje del ataque . Atrincherado en la parte superior de la zona, el veterano interior está llevando a los Warriors de nuevo a lo más alto, sirviendo como enlace entre ambos lados, débil y fuerte, en constante conexión y siempre en búsqueda de la mejor opción para anotar. Un ejemplo muy visual del renacimiento de la ofensiva de Kerr se encuentra en el porcentaje de los tiros de campo anotados que son asistidos, un número que asciende al 72,0% y que les hace los líderes de la NBA en ese sentido. Lo llamativo es la diferencia con el segundo clasificado, Phoenix Suns, la cual asciende a 6,9%. De hecho, hay más distancia entre el primero y el segundo que entre este último y el decimoquinto clasificado.

Para encontrar un dato que se le parezca hay que retroceder a la temporada 2016-2017 cuando los propios Warriors obtuvieron un registro del 70,5% aunque con dos monstruos anotadores como Kevin Durant y Klay Thompson en plantilla, nada parecido a lo actual. Los otros registros similares son ya muy remotos y de un contexto ofensivo muy distinto al actual: New Jersey Nets, 71,4 en 2004 y Utah Jazz, 72,7% en 2003.

Todavía es pronto para ilusionarse y creer que estos Warriors pueden lograr repetir los éxitos del pasado pues queda comprobar cómo integrarán a Klay Thompson y si James Wiseman encajará o no en el sistema, algo que visto lo ocurrido la pasada campaña sería mejor ser escéptico. Mientras tanto, toca disfrutar de Golden State, que ahora mismo parece haber dado con la tecla para exprimir al máximo su plantilla.

Las opiniones aquí expresadas no representan necesariamente a la NBA o a sus organizaciones.

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