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The Last Dance

Cuando Charles Barkley desafió a Michael Jordan como el mejor jugador del mundo

Sumidos en una larga sequía de victorias que alcanza ya una década. Los Phoenix Suns han pasado por los años más complicados de la historia de su franquicia, una que arrancó hace relativamente poco. Incluso esta etapa ha sido más difícil que los años de salvación gracias a Kevin Johnson, siendo la temporada 1987-1988 la del escándalo de drogas que sacudió al equipo.

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¿Por qué? Por el hábito a ganar y divertir. Los Suns no tienen en su honor ese título de campeones, pero en su corta historia y hasta estos oscuros años eran uno de los equipos con mayor porcentaje de victorias en temporada regular. Primero fue el equipo liderado por Paul Westphal que alcanzó las Finales de 1976 contra Boston Celtics. El último y más reconocible, el de los Seven Seconds or Less de Steve Nash y Amar'e Stoudemire. Fueron dos Finales de Conferencia y la sensación de que, por lo menos, a una serie final debieron llegar.

Pero en el medio de estos dos proyectos hubo otro. Tras la explosión de Kevin Johnson y antes de la reconstrucción competitiva del 2000, en Arizona creyeron por un año en las posibilidades de destronar a los Chicago Bulls de Michael Jordan. El culpable no fue otro que Charles Barkley.

Años de juego vistoso y decepciones

Ese podría ser el lema de los Suns como franquicia. Los equipos siempre se han caracterizado por ser ofensivos, divertidos e incluso arriesgados para su época. Pero la decepción y la tristeza siempre terminaban por envolver temporadas cuyo cierre era muy amargo. El desencanto del juego bonito.

Y eso es precisamente lo que pasaba a finales de los 80 y comienzos de los 90. Mientras los Lakers del Showtime se apagaban y los Bad Boys prevalecían, Phoenix disponía de un equipo joven y renovado. Cotton Fitzsimmons dirigía la segunda mejor ofensiva NBA, liderada por la pareja Johnson y Tom Chambers. Junto a Jeff Hornacek, Dan Majerle y Mark West, los de Arizona disponían de un núcleo para varios años. Pero la derrota se cruzaba en su camino.

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Las 55 victorias del 89 terminaron en un destructivo 4-0 a manos de los Lakers de Magic Johnson en el que sería su penúltimo viaje a las Finales. Las 54 del 90 concluyeron con un 4-2 para los Blazers. Tanto Lakers como Blazers caerían ante los Bad Boys, ante los que aquellos Suns no hubiesen tenido la más mínima opción. Pero es que las 54 del 91 fueron peor todavía, al caer contra un equipo peor clasificado como Utah Jazz por 3-1 en Primera Ronda. Y en el 92 se confirmó una nueva desgracia por 4-1 en Semifinales, esta vez de nuevo con Portland como verdugo.

Ese sería el final de Fitzsimmons y la confirmación de los peores presagios del equipo. Faltaba calidad, sí, pero se extrañaba dureza y saber competir cuando llegaba la hora de la verdad. Los Suns eran un gran equipo de temporada regular que no sabía vestirse para las grandes ocasiones.

El verano del cambio

Barkley era una de las grandes estrellas de la NBA. Muy poquitos tenían su calidad para el básquet y su carácter, que en tantas ocasiones le jugó malas pasadas. Había pedido el traspaso y su salida de Philadelphia era un hecho. Los Suns se adelantaron a otros competidores, como los propios Lakers, y cerraron el acuerdo el 17 de junio de 1992, antes de los famosos Juegos Olímpicos de Barcelona.

En el Dream Team, Sir Charles se uniría a su gran amigo Jordan y al escudero de moda, Scottie Pippen. Sumaban ya dos anillos con unos Bulls rompedores que jugaban sin un pivote dominante. Justo esa era la estrategia de los Suns. El equipo disponía de Mark West, Chambers, el propio Barkley, el rookie Oliver Miller en la pintura, pero ninguno de ellos era una torre defensiva de más de 2,10 metros o un pivote de grandes rasgos defensivos.

Además de Barkley, Phoenix rejuveneció el banco con un viejo conocido de su único viaje a las Finales, Paul Westphal, y un veterano que justo los había eliminado con los Blazers meses antes se unía al equipo como agente libre, Danny Ainge. En Arizona querían creer. Si ese no era el año, no habría otro para llegar al siguiente nivel. Y Barkley lo tenía claro: quería llegar a las Finales, enfrentarse a Jordan y vencerlo.

La estrella de rock que faltaba

Desde la franquicia se lo dejaron muy claro a la estrella. Ellos ya eran un muy buen equipo que ganaba muchos partidos. Los Suns de los 90 ya eran potentes sin él, pero su fichaje buscaba potenciar los aspectos donde se quedaban cortos. Pese a sumar más de 53 victorias en todas y cada una de las últimas cuatro campañas, tampoco tenían un seguimiento mediático importante. Pese a ganar, no era uno de los equipos más seguidos por el aficionado de Estados Unidos.

"Era como estar con una estrella de rock", decía Dan Majerle. La comunión de Barkley y los Suns funcionó desde el primer minuto. El resto de jugadores entendió que perderían importancia ante su inclusión. El Gordo venía además para dar un punto de dureza que faltaba mientras un equipo de complementos de gran nivel orbitaba a su alrededor. Todo ello, con una filosofía eminentemente ofensiva.

Las victorias caían y los Suns fueron ganando reconocimiento. Partido tras partido, exhibición de Barkley tras exhibición. El interior fue All-Star acompañado de Dan Majerle y Westphal, que dirigió el equipo del Oeste. "Jugar en casa era maravilloso, pero lo mejor eran las giras. Había decenas y hasta centenares de personas esperando", contaba el propio Majerle.

Así, los Suns pasaron a ser la sensación del país. Entretenidos, con Barkley como cadidato a MVP, encaminados al mejor récord de la Conferencia y con ese punto físico que jamás habían tenido en años anteriores. "Éramos tan buenos que algún día hacíamos los entrenamientos en vaqueros cortos y prendas así, ganábamos mucho. Éramos los favoritos". Y sí, lo eran para muchos. También porque alimentar la rivalidad con Chicago era algo que se presumía importante desde aquellas semanas cuando todavía faltaba para los Playoffs.

Crecer en la adversidad o hundirse en ella

Westphal tenía una gran relación con los jugadores. Ellos mismos cuentan que la química era estupenda, se divertían y disfrutaban como nunca. "Nos lo pasamos muy bien ese año, teníamos un gran grupo de personas", decía Chambers. Y ahí es donde comenzaron los problemas. El equipo se relajó cuando ni siquiera habían ganado una ronda de Playoffs.

El entrenador comenzó a rotar en los últimos partidos de temporada regular. Total, iban sobrados, pensaban todos ellos. Barkley apuntaba a MVP, Westphal a Entrenador del Año y alguna consideración más podía caer para ellos. Ante ese clima y para llegar descansados a Playoffs, Westphal dio al equipo una semana libre. Seguramente una de las decisiones de las que más se arrepienta como entrenador de toda su carrera.

Los Suns llegaron faltos de ritmo a Primera Ronda. Unos Lakers que vivían el final de James Worthy los pusieron en serios aprietos. Tuvieron que levantar un 0-2 en contra que atrajo fantasmas del pasado. Ante los duros Spurs de David Robison, Barkley firmó una de sus mejores series, y consiguió la clasificiación por 4-2 con un recordado tiro sobre el Almirante. En las Finales del Oeste aguardaban los Sonics, que tenían en Shawn Kemp al jugador ideal para defender al ya confirmado MVP de la temporada. Pero Barkley no falló.

La serie llegó al Juego 7 y allí Barkley impuso su dominio. Se marchó a 44 puntos y 24 rebotes con un 66% en tiro. De sus mejores actuaciones con la camiseta de los Suns. Y así el America West Arena pudo festejar el pase a las Finales. Las segundas de su historia.

Jordan y los Bulls ya esperaban, y había un inconveniente. El llegar sobrados y sin ritmo hizo que Phoenix jugase más partidos de los debidos. Los 18 encuentros que sumaban eran cinco más que los 13 de unos más descansados Bulls, que se impusieron por 3-0, 4-0 y 4-2, haciendo su trabajo. Además, Barkley alcanzaba las Finales con un promedio de 41,6 minutos en esos 18 partidos. La estrella de Phoenix acumulaba 750 minutos en postemporada; la de Chicago, 510: 240 minutos de diferencia.

El 23 doblegó al aspirante con 31 y 42 puntos en los dos primeros. En el Juego 3 llegó la sorpresa, Phoenix ganaba pese a un mal partido de Barkley, que se repuso en el cuarto. Sir Charles firmó un triple-doble de 32 puntos, 12 rebotes y 10 asistencias, además de 3 robos, 1 tapón y un 10 de 19 en tiro. Pero Jordan era demasiado Jordan. Los 55 puntos de MJ ganaron la partida y el 3-1 parecía sentenciar la serie.

Aun así los Suns tiraron de su coralidad para sorprender y ganar en Chicago. La serie regresaba a Arizona para forzar el Juego 7. Y entonces tuvo lugar un cierre dolorosísimo para ellos. Primero fue el triple de John Paxson.

Después, el tapón de Horace Grant sobre Kevin Johnson con el que silenciaban un estado entero y celebraban su triplete. El último partido de Jordan antes de su primer retiro.

Tras aquel episodio nada fue igual. Los Suns habían madurado su proyecto faltos de estímulos, a tal punto que Barkley los mejoró, pero fue demasiado. En el lado contrario, los Bulls habían crecido de verdad haciéndose fuertes contra los Bad Boys. Mientras en Phoenix pensaban que eran muy buenos sin haber ganado nada, Jordan exigía a todos más cuando ya eran campeones.

Ya lo dijo el propio Paxson. "Después de los Cavs y los Knicks, estábamos realmente felices de cruzarnos con los Suns. Eran tan suaves".

Barkley aguantaría unos años más en Phoenix, aunque no se volvió ni a Finales de Conferencia. Saldría traspasado en agosto de 1996 a Houston, donde terminaría su carrera. Eso sí, que no quede en el olvido su mejor año en Arizona. El MVP fue más que merecido con sus 25,6 puntos, 12,2 rebotes, 5,1 asistencias, 1, 6 robos y 1 tapón por partido. Números que, en la historia, solo han tenido Kareem Abdul-Jabbar en 1976 y Giannis Antetokounmpo en 2019. Los dos terminaron también como MVP.

"Para mí, ese año teníamos al mejor jugador del mundo. No te digo al mejor de todos los tiempos ni nada de eso, pero sí teníamos al mejor jugador de la NBA ese año", decía Mark West, integrante del mejor equipo de los Suns de la historia y Vicepresidente de la franquicia en la actualidad.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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