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The Last Dance

Las cinco claves que hicieron de los Chicago Bulls de la 1995-1996 el equipo más dominante de todos los tiempos

En la historia de la liga, ningún equipo tuvo un récord superior al de Chicago en la temporada 1995-1996. Claro, los Warriors de la 2015-2016 ganaron un partido más en Fase Regular (73 vs 72), pero al sumar los Playoffs, la comparación no está ni siquiera cerca: los Bulls terminaron con un global de 87-13, mientras que Golden State de 88-18.

Con el agregado, claro está, de que los de Phil Jackson sí terminaron levantando el Larry O'Brien, a diferencia de los dirigidos por Steve Kerr. Su marca de 15-3 en la postemporada habla por si misma.

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Pero, ¿qué fue exactamente lo que destacó a aquel equipo de los Bulls, por sobre otros conjuntos de Chicago y el resto de los campeones de la competencia? Lo repasamos a través de cinco claves.

El regreso del 23

Por más obvio que sea, no puede dejar de ser mencionado como el factor primario del dominio de Chicago. Tras una vuelta tardía en la 1994-1995, que lo vio cayendo eliminado a manos del Orlando Magic en las semis del Este, la 1995-1996 tuvo nuevamente al Michael Jordan más dominante, vistiendo nuevamente su tradicional 23.

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A la hora de elegir las mejores campañas históricas de MJ, la que culminó con el título en 1996, debe tener un lugar privilegiado. Más allá de que hubo otros años donde tuvo mejores estadísticas básicas (30,4 puntos, 6,6 rebotes y 4,3 asistencias), su impacto para el éxito general de Chicago fue sencillamente extraordinario: aportó 20,4 win shares, la segunda cifra más elevada de su carrera, solo superada por las 21,2 de la 1987-1988.

Y si sumamos la postemporada al recuento, esas win shares suben a 25,1, empatando con la 1990-1991 en el tope de sus actuaciones.

A los 32 años, MJ demostraba que no solo todavía era capaz de tomar la liga en su poder, sino que incluso aún era capaz de alcanzar niveles que prácticamente no había mostrado a lo largo de su carrera.

La llegada del Gusano

La incorporación más importante que tuvieron los Bulls de un año a otro fue la llegada de Dennis Rodman. El ala pivote le dio al equipo una dimensión extra que no habían tenido en el pasado. Su impacto defensivo fue claro, pero también colaboró muchísimo en el otro costado, a pesar de promediar apenas 5,5 puntos.

Si bien la contribución de Rodman fue unidimensional, no por eso resultó menos destacada: bajó 5,6 rebotes ofensivos por partido, liderando toda la NBA con su porcentaje de 19,9% tableros tomados tras fallos de su equipo. En otras palabras, por cada cinco tiros errados por Chicago, aparecía un rebote ofensivo de Dennis. Una bestia.

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El aporte de Rodman como rebotero ofensivo fue tal, que los Bulls pasaron a liderar la liga en el rubro, bajando 15,2 de ellos por encuentro (36,9% de los tiros fallados). Para un equipo con semejantes armas ofensivas, tener segundas y terceras oportunidades era un lujo de enorme valía.

La mejor defensa de la NBA

Chicago permitió apenas 101,8 puntos por cada 100 posesiones, quedando al frente de la competencia en ese aspecto. Fue esta la temporada en la que se consolidó su famoso quinteto titular de Harper-Jordan-Pippen-Rodman-Longley, poniendo en cancha a cinco jugadores que defensivamente iban de muy buenos, a legendarios.

Solo entre Jordan, Pippen y Rodman suman 27 Quintetos All-Defense y tres premios DPOY.

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La defensa de los Bulls no tenía puntos flacos y aparece dentro del Top 10 en todos los rubros estadísticos más importantes de ese costado del campo. ¿El más destacado? La capacidad para recuperar balones (9,1 robos por partido), con especialistas como Jordan, Pippen, Harper, Randy Brown o Jud Buechler.

Aún sin esa presencia intimidante en el centro de la pintura (Longley fue el único que promedió más de una tapa, con 1,4 por juego), la marca perimetral de Chicago era tan intensa que muchas veces ni siquiera le permitía a sus rivales testear esa falta de protectores del aro.

Las Finales ante Seattle fueron el ejemplo más claro del rendimiento de los de Jackson en defensa: los Sonics promediaron 85,7 puntos en seis encuentros y en ninguno de ellos superaron los 90 puntos.

40% en triples

Chicago no solo tuvo a la defensa más eficiente de la NBA, sino también el mejor ataque, anotando 115,2 puntos por 100 posesiones.

Parte de esos números se explican con la gran eficacia triplera que mostró el equipo: un excelente 40% de acierto exterior, con el asterisco de ser uno de los años donde la distancia de la línea perimetral se había reducido de 7,24 metros a 6,71.

  • Pippen consiguió la máxima de su carrera en aciertos (1,9 por partido) y porcentaje (37%).
  • Jordan también tuvo el tope de conversiones (1,4) y porcentaje (43%, sin contar el 16-32 que lanzó en sus 17 encuentros de la 1994-1995).
  • Kukoc registró su segundo mejor año, tanto en triples por partido (1,1) como en porcentaje (40%).
  • Mientras que Kerr terminó con su mejor promedio triplero (1,5) y tercero en porcentaje (52%).

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Cuidado del balón

El caudal ofensivo de Jordan, los rebotes ofensivos de Rodman, los triples de Kerr y compañía... ¿cuál fue el otro factor que hizo de esos Bulls un ataque histórico? Su excepcional cuidado del balón.

A pesar de ser un equipo que compartía constantemente el balón, producto de su ofensiva triangular, Chicago fue el conjunto que menos perdió balones en la 1995-1996: apenas lo hicieron en el 13% de sus posesiones (14,3 entregas por partido).

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Y para encontrar las claves de esa seguridad, nuevamente hay que recurrir al nombre de Jordan, quien a pesar de toda la carga que llevaba en sus espaldas, apenas sumó una pérdida en el 8% de sus acciones.

Claro que esa temporada no fue casualidad. El cuidado de la bola de MJ es uno de los aspectos más subvalorados de su juego. En la historia de la liga, apenas dos jugadores se retiraron con un porcentaje de uso superior al 30% y a la vez, un porcentaje de pérdida inferior al 10%: Michael Jordan y Dominique Wilkins.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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