Playoffs 2021

Chris Paul, un talento sin fecha de vencimiento en busca de la gloria en las Finales 2021 de la NBA

10 elecciones a los equipos All-NBA, 11 nominaciones al All-Star Game, 9 a los quintetos All-Defensive y dos medallas doradas de los Juegos Olímpicos certifican todo el talento de Chris Paul, un jugador que ya está entre los 40 máximos anotadores de la historia de los Playoffs y apenas a 16 asistencias del top ten de ese rubro en postemporada (en Fase Regular es quinto con 10.275 asistencias).

Sin embargo esos logros maravillosos quedan tanto en la memoria como distintos episodios desafortunados de su carrera que le impedían llegar a disputar unas Finales: formó equipos competitivos de New Orleans Hornets, LA Clippers y Houston Rockets a través del tiempo pero siempre parecía haber algún rival mejor o ocurría algo que lo marginaba a este genial base, aclamado popularmente al menos entre los 10 mejores de la historia de su posición.

En el 2021 todo eso parece haber sido un mal sueño: Chris Paul está en las Finales de la NBA con Phoenix Suns, soñando con levantar el trofeo Larry O'Brien y demostrando ante en mundo entero porque merece ser considerado como uno de los mejores jugadores de su generación, una generación que prácticamente ya está acabada dentro de la NBA: quedan él, LeBron James y Carmelo Anthony como exponentes legendarios de los nacidos antes de 1986 en Estados Unidos.

Pero la historia de CP3 no es solamente la de un talento enorme con una vigencia espectacular. Es la de alguien que nunca tuvo caminos fáciles, que se cayó varias veces y se levantó otras tantas y que ahora está cerca de la gloria sin haber ido desesperado al tren liderado por otra figura más joven: al contrario, fue él quien le dio un grado premium al grupo joven de Phoenix Suns que está por disputar la última serie de los Playoffs contra Milwaukee Bucks tras haber eliminado a tres pesados del Oeste: Los Angeles Lakers, Denver Nuggets y LA Clippers.

Sus Playoffs tuvieron algo de eso, con la presencias de sus fantasmas del pasado: primero una lesión en un hombro en el primer partido contra Los Angeles Lakers. Luego el COVID-19 que lo marginó de dos partidos contra LA Clippers. Pero de afrontar los golpes duros en el deporte o mediante el deporte sabe Chris, que en diciembre de 2002 fue noticia a nivel nacional en Estados Unidos luego de anotar 61 puntos en un partido de básquetbol escolar un mes después del asesinato de su abuelo, su fanático principal, que entonces tenía 61 años. Ni un punto más ni uno menos.

Su personalidad dentro de la cancha le ha ganado algunos detractores, que lo tildan de ventajero o de tipo duro. Pero esa misma personalidad es la que ha hecho triunfar es a este jugador de 1,83 metro comparable al que de tener que emparejarlo con algún personaje histórico no le vendría nada mal el espejo con Napoleón Bonaparte. Napoleón tuvo su Waterloo y Paul pasó por varios escenarios con los que podrían hacerse analogías, pero a diferencia del emperador francés, siempre regresó de ellos.

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En su primera temporada de All-Star y su primera postemporada, allá por 2008, llevó a San Antonio Spurs al séptimo partido de las semifinales del Oeste, pero acabó eliminado luego de ir con ventaja de 3-2 para sus Hornets en aquella serie. En New Orleans, donde revitalizó el básquetbol de una ciudad devastada por el Huracán Katrina al momento de draftearlo en 2005 (exactamente dos meses después), al final ganó solamente una serie de postemporada.

Su talento estaba para más que para un equipo que en ese momento parecía incapaz de dar el salto y con la NBA saliendo de un lockout en diciembre de 2011, el mundo del básquetbol se frenó por un momento ante el impacto de la noticia. Chris Paul sería traspasado a Los Angeles Lakers, donde uniría fuerzas con Kobe Bryant para aspirar a conseguir el título.

El acuerdo estaba hecho entre los directivos, pero David Stern, comisionado de la NBA, intervino en el medio y vetó el traspaso, algo que pudo hacer porque en ese momento los Hornets eran propiedad de la liga. Una semana después Paul sacó pasajes de avión para Los Angeles, donde aún vive, pero para el otro equipo de la ciudad: se marchó a unos Clippers siempre esquivos al éxito.

Su juego espectacular tomó mucha más notoriedad ahí: aquellos Clippers de Lob City que conformó junto a Blake Griffin y DeAndre Jordan quedarán para siempre en el recuerdo. Pero donde no quedarán es en la lista de los equipos más exitosos de la década pasada. En cinco años solamente ganaron tres series de Playoffs, todas de primera ronda y todas por 4-3.La postemporada se transformaba en un escollo de sortear imposible para ellos y en gran parte por los distintos factores que afectaban a Paul. San Antonio Spurs los sacó de la cancha por 4-0 en 2012, en el primer intento de aquel proyecto.

Ya más establecidos en 2013, a los Clippers de CP3 increíblemente se les escapó una serie de primera ronda que ganaban por 2-0 contra Memphis Grizzlies. En 2014 Oklahoma City Thunder fue demasiado en la segunda ronda, en la que Paul fue señalado por alguna actuación floja. 2015 sería una de las espadas más dolorosas: fueron eliminados por Houston Rockets por 4-3 tras haber estado 3-1 por delante y haber eliminado al San Antonio Spurs defensor del título en la primera ronda, con un doble agónico de Chris, que contra Houston se fue lesionado en el quinto partido.

Al año siguiente el base, ya a punto de cumplir 30 años, se lesionó contra Portland Trail Blazers cuando la serie de primera ronda iba 2-1: perdieron 4-2. Su ciclo en Los Angeles se acabó con una derrota en primera ronda ante Utah Jazz por 4-3, siendo esa vez Griffin el lesionado.

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Houston Rockets confió en juntar a Paul con Harden para acabar con la dinastía de Golden State Warriors: Paul no había podido jugar con Kobe pero lo haría con otro gran anotador de estos tiempos. Igualmente en los Playoffs la dupla se rompería: CP3, de enorme nivel hasta entonces, sufrió una lesión muscular en el quinto encuentro de las Finales del Oeste contra Golden State y Houston terminaría eliminado en aquel séptimo partido de los casi 40 triples errados. El año siguiente volvió a poner cara a cara a Paul y los Rockets contra el mismo rival pero sin el mismo nivel para terminar teniendo el mismo resultado: eliminación. Esta vez por 4-2 en la segunda ronda.

Para entonces ya era 2019 y la extensión de contrato de 160 millones por cuatro años que había firmado Paul con Houston Rockets menos de un año antes lucía demasiado exagerada para un jugador de 34 años que no lograba terminar de concretar el éxito colectivo y que tenía un historial de lesiones poco favorable. Hasta su baja estatura era factor: no hay muchos casos de jugadores pequeños siendo súperestrellas pasados los 35 años. Steve Nash, John Stockton y no mucho más por contar. Justamente otros dos bases clásicos que pelearon hasta el final, pero que nunca consiguieron un anillo de campeón NBA.

Ante esa perspectiva Houston lo descartó: eligió el camino de Russell Westbrook y lo dejó a CP3 rumbo a Oklahoma City Thunder, a un proyecto repleto de jóvenes del que también se había marcado Paul George, un proyecto que sorprendió haciéndose un hueco en los Playoffs 2020 y luchando hasta el séptimo partido contra Houston Rockets.

OKC Thunder compitió bien, pero los intereses de la franquicia y su GM, Sam Presti, iban en un camino apartado al de Paul, que volvió a quedar disponible para el mejor postor, cerca de cumplir 36 años y con dos temporadas más de contrato por delante recibiendo más de 40 millones de dólares por campaña.

Es el segundo salario más alto de toda la NBA por detrás del de Stephen Curry, en gran parte debido a que estamos ante un Chris Paul que nunca pasó por una Agencia Libre, pero que se ha mudado porque varios equipos han elegido desprenderse de él, situación rara de ocurrir ante un crack así.

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A Phoenix no le importó lo que hubiera que pagar: una franquicia que llevaba más de 10 años sin jugar Playoffs veía que tenía por delante la chance de dar su salto de calidad tras el impacto de la burbuja y las ocho victorias consecutivas. Contaban con talento joven: les faltaba un líder. Y el entrenador Monty Williams y CP3 ya tenían una relación de afecto de una temporada compartida en New Orleans con ambos iniciando sus carreras actuales.

Así, en vez de sumarse como tercera o cuarta pata de un contendiente principal al título en medio de la desesperación por lograr salir campeón, algo súper habitual en jugadores de renombre de su edad, Chris Paul volvía a empezar de cero en un proyecto ya encarrilado, pero con bastante camino por recorrer: los otros nombres principales del equipo, Devin Booker y Deandre Ayton, aún no conocían lo que eran los Playoffs y tampoco estar en el contexto de una cultura ganadora.

Esa cultura se fue desarrollando sobre la marcha este año: el entrenador Williams comenta que empezó en la burbuja de Disney, pero que terminó de despegar con CP3, a quien Cameron Payne, su relevo ante los problemas de estos Playoffs, señaló en la rueda de prensa previa a las Finales como el jugador que les enseño a unirse como grupo, a ser más comunicativos, a aceptar críticas de los colegas para mejorar. A ese aporte fuera de la cancha Paul le sumó muchísimo talento dentro. 16,4 puntos y 8,9 asistencias de media en Fase Regular y 18,1 puntos, 8,7 asistencias y 3,9 rebotes en Playoffs con un 40,5% de acierto en triples lo atestiguan.

Solamente su amigo LeBron James había promediado al menos 18 puntos y 8 asistencias en una postemporada luego de los 35 años: es otra marca de vigencia gigante, tan grande como el espectáculo definitivo que montó en el sexto partido contra los Clippers para terminar de cazar al último fantasma del pasado que rondara justamente el Staples Center, casa de tantas pesadillas previas. 41 puntos y 8 asistencias con 19 tantos en 10 minutos en el último cuarto.

Una performance de leyenda de este hombre que atribuye parte de su reinvención a la dieta vegetariana que probó en 2019, luego de marcharse de Houston: desde entonces promedia 17 puntos y 7,8 asistencias en Fase Regular (15,6 puntos y 8,2 asistencias en la temporada previa) y faltó solamente a seis partidos, dos de ellos por el protocolo sanitario de la liga en esta postemporada.

Pocos jugadores han obtenido su primer título en la NBA luego de cumplir 36 años: Kevin Willis, Juwan Howard, P.J. Brown, David West, Jason Kidd, Gary Payton, Tony Massenburg, Charles Jones, Matt Barnes, Danny Ferry y Mitch Richmond. De todos esos fueron los bases, Kidd y Payton, los únicos con un rol de más de 25 minutos por partido y aún así ya estaban lejos de ser All-Stars y de tener el impacto que tiene Paul dentro de la cancha.

El Kareem Abdul-Jabbar de fines de la década del 80 es quizá el único ejemplo semejante, ganando el MVP de las Finales de 1985 a los 37 años, pero era un pivote que dominaba la pintura, como el Wilt Chamberlain MVP de las Finales en 1972 a los 35 años. En esa posición es más normal la longevidad por el dominio físico y la posibilidad de economizar movimientos.

LeBron James y Michael Jordan, los basquetbolistas más importantes de sus respectivas generaciones, son los únicos otros dos jugadores en consagrarse MVP de las Finales luego del cumpleaños 34. ¿Hará historia de esa forma Chris Paul? Seguramente no le interese tanto: su obsesión como la de todo Phoenix en este momento pasa por lograr levantar el trofeo Larry O'Brien, ese que hace más de 50 años persiguen sin éxito en aquella ciudad. Milwaukee Bucks es la última barrera que les falta cruzar.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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