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Phoenix Suns

Cinco historias de Phoenix Suns en la temporada 2019-2020

Con la temporada 2019-2020 suspendida de forma indefinida por la pandemia del coronavirus COVID-19 , desde NBA Global miramos hacia atrás para recordar qué estábamos viendo en una campaña repleta de condimentos. Por lo tanto, seguimos con esta serie de artículos en la que recordamos cinco historias, momentos u observaciones de cada uno de los 30 equipos que componen la mejor liga del mundo. En esta entrega, nos adentramos en el rendimiento y el camino de Phoenix Suns.

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El mejor Devin Booker

La calidad del escolta estaba más que demostrada en sus cuatro primeras temporadas, progresando año a año. La cuestión con Devin Booker siempre ha ido más allá de los números. ¿Es una estrella vacía?, ¿hace ganar a su equipo? Estas eran preguntas habituales que, a vistas de la 2019-2020, deberían quedar más definidas.

La incorporación de un creador de juego como Ricky Rubio permite liberar a Booker, pero el verdadero cambio sería imposible sin la transformación cultural que pretende Monty Williams. Este nuevo plan precisa de paciencia y mejoras, con el aliciente de continuar viendo esta versión más todoterreno de Devin. Lo dijo antes de empezar la temporada, Monty es la verdadera base.

Más | Una estructura con sentido alrededor de Booker

"Puedes sentir el ambiente. Es diferente", dijo Booker a principios de noviembre de 2019, en The Undefeated. "Nuestro equipo está en un estado diferente al que hemos estado en los años anteriores. No quiero adelantarme, pero la cultura alrededor... puedes sentirlo. Puedes sentirlo en el ambiente. Todo comienza con Monty".

El global de victorias y derrotas es lo proyectado para el equipo en la mayoría de rankings previos a la temporada. Sin embargo, el aroma es de decepción. Booker es de nuevo la nota agradable de esta repetida desafinada sinfonía.

Los 26,6 puntos de la 2018-2019 permanecen como su mejor marca. En la 2019-2020 cae a 26,1 en una cantidad superior de minutos (de 35 a 36,1), pero lo hace con menos lanzamientos (de 19,6 a 18) y mejores porcentajes en todas las áreas. Es mejor anotador, más eficiente, y todavía con ciertos problemas de pérdidas está infravalorado como pasador. Igual en defensa, aspecto en el que muestra mayor compromiso. En función del rival, sigue siendo una debilidad.

La versión ofensiva más madura de su joven carrera y la relativa mejora global de Phoenix metían a Booker entre los serios candidatos al All-Star. Este año presentaba una gran oportunidad para jugadores jóvenes por las bajas y ausencias de otras estrellas. Booker entró, aunque por la lesión de última hora de Damian Lillard. Merecido honor con sus 26,4 puntos, 6,3 asistencias, 4,2 rebotes y 36% en triples en 52 partidos, justo hasta el parón.

Aunque clasificarse a Playoffs era tarea complicada, Phoenix no mostró su mejor versión en las últimas semanas. Tampoco lo hizo Devin Booker, que ante las lesiones acumuló más minutos y balón. Registró buenas cifras, incluso mejores por el aumento de oportunidades y sin descender la eficiencia, pero la sensación general era negativa.

La temporada a nivel individual es de notable para Booker. La mejora en todas las categorías es evidente, salvo en el cuidado del balón, donde ha tenido noches en las que perdía la pelota de forma exagerada. Cuantos más 2vs1 le realizan y mayores presiones le aplican, peor lo pasa. El mejor Devin es el Devin liberado de balón y queda más claro que nunca.

Cuando se aplica sin la pelota, encuentra mejores oportunidades de anotación. Además es con ritmo cuando encuentra mejor las asistencias y tiros librados de compañeros. Sobre bote pasado acumula fallos. Tiene 23 años y Phoenix ya debe conocer el camino para rodearle. La pregunta es quién será el mejor jugador de este equipo y, en caso de serlo Devin, ¿es suficiente para competir por la élite del Oeste?

La madurez de Ricky

Si Booker ha mostrado su mejor versión es en buena parte por el fichaje de Ricky. Y no solo por el quién, si no por el cuándo. El contexto del Mundial de China permitió a Rubio un ambiente en el que ejercer de líder sobre el balón y en cancha. Fue la figura más consistente de España, justo MVP de la competición.

"Él me ha traído aquí", mencionó Booker en el Fin de Semana de las Estrellas en Chicago sobre el impacto de Ricky en su juego. "Gracias a él, soy All-Star".

La ofensiva de Phoenix era de las más predecibles de la NBA en años anteriores. Sin fluidez, pocos pases, ausencia creadores más allá de Booker y sistemas poco peligrosos. Ricky cambia todo esto. Los Suns siguen el rápido y colectivo esquema de Monty, que apuesta por el movimiento de balón y los cortes sin él. Es su cerebro sobre la cancha.

Pese a algunos problemas de espalda que le hicieron perderse varios partidos, más un pequeño bajón como consecuencia, podemos hablar del mejor curso de Rubio en la NBA. Igualó su máximo de puntos de Utah de hace dos años, firmó su segunda cifra más elevada en asistencias y rebotes, y los porcentajes de tiro se situaron también entre los mejores.

Más | Ricky, la cronología del cambio y la ilusión

En varias ocasiones, Ricky ha sido la voz crítica del vestuario. Cuando dejan de jugar el sistema de Monty y son egoístas, el español lo señala. Cuando falta concentración, lo dice. Con él en cancha, los Suns tienen que jugar el sistema del entrenador o su presencia carece de sentido. ¿Deben buscar en Phoenix una alternativa de mayor poder anotador?

Pese a unos cuantos encuentros de bajas prestaciones, el impacto del base es sensacional en este joven equipo. Le quedan dos temporadas más de contrato, de seguir alimentando y liberando a Devin Booker. Es un jugador con el que se complementa de maravillas: sacan de manera mutua sus mejores versiones. Una simbiosis perfecta.

El tramo final tras el All-Star es uno de los picos de su carrera: 16,8 puntos, 10,4 asistencias, 5,8 rebotes, 2,4 robos y un 40% en triples en 33 minutos.

Entre la suspensión y la decepción

Es complicado tildar de decepcionante el segundo curso de un pivote en la NBA actual en el que termina con promedios de 19 puntos, 12 rebotes, 1,9 asistencias, 1,7 tapones y un 55% en tiros de campo. Y, aun así, en el caso de Ayton es muy sencillo: su temporada es decepcionante.

El número 1 del Draft de 2018 afrontaba una campaña clave para dar un salto. Igor Kokoskov apenas lo utilizó en su año rookie y Monty se las prometía con él. Nada más empezar, sanción de 25 partidos sin jugar. Los problemas de tobillo y la inconsistencia en cancha marcan su vuelta: apenas ha podido jugar 30 partidos.

El Ayton actual es un proyecto tan intrigante como preocupante. Produce números con una facilidad pasmosa, pero la gravedad de sus carencias es destacada. Le faltan varios niveles de agresividad y de concentración defensiva, los dos agujeros por donde se escapan la mayoría sus puntos positivos.

Es consciente de que tiene que jugar más duro. Las declaraciones del jugador muestran que conoce sus flaquezas, un punto de madurez poco habitual para un profesional de 21 años. La cuestión es si esos problemas pueden corregirse o si es algo propio de su juego. Solo el tiempo dirá, ya que esta temporada tampoco da la continuidad precisa para evaluarle.

Más | Ayton y Ricky dominan a Chicago

Aun así, es capaz de dominar al rival sin aparentes problemas. Ayton muestra el techo de ser uno de los cinco mejores interiores de la competición. Son esas lagunas las que medirán si se queda en un jugador de nivel medio o si da el salto al escalón de estrella. Hablábamos antes de si Booker es el número uno de un proyecto por el anillo. Si su rol es más de segunda espada, ¿es Ayton una potencial referencia?

Otro aspecto en el que mejorar es el acierto en el tiro. Le gusta mucho el lanzamiento de media distancia, pero sus porcentajes muestran malos resultados (41%). Si Deandre no dispone del tiro exterior en su arsenal -¿saldrá a intentar el triple? ha salido practicándolo- necesita ser un bastión en defensa. El siguiente nivel está en su cabeza.

Nos quedamos con las ganas de ver una mayor explotación del pick&roll Ricky-Ayton.

Alas jóvenes y potentes: Kelly Oubre y Mikal Bridges

Disponer de aleros versátiles que defiendan y tiren de tres es el deseo de todas las franquicias. Phoenix dispone de dos de los jóvenes jugadores de rol más destacados en las alas de la competición: Kelly Oubre y Mikal Bridges, de 24 y 23 años respectivamente. El salto de ambos en la 2019-2020 es más que evidente.

Utilizado como simple 3&D en Washington, Oubre Jr alcanza el siguiente grado de su evolución en Arizona al tener más balón. Es una de las referencias ofensivas del equipo, transmite muchísimo con su entrega y se ha ganado a la afición. Desde que llegó traspasado el curso pasado por Trevor Ariza, su movimiento #ValleyBoyz motiva a jugadores y seguidores.

El siguiente paso para Oubre será recuperarse de una intervención en el menisco derecho, zona en la que a finales de febrero se confirmó una rotura. Debería llegar por plazos para la próxima temporada, tras la que terminará contrato. Kelly se destapa como una sólida tercera pieza de anotación sobre balón (18,7 puntos), pero tiene problemas con el tiro de tres (35%) y a la hora de fluir en el ataque.

Es cierto que corta muy bien sin pelota. Posiblemente junto a Bridges sea el mejor del equipo en esta faceta, ha dejado ya una buena cantidad de volcadas en estas situaciones. Sin embargo, su estilo de juego se ajusta más al rol de sexto hombre. Como titular tiene que mirar más al compañero, aunque de nuevo puede ocurrir como con Ayton: si es parte de su mentalidad, hasta qué punto puede corregirse.

Oubre se sale del molde de 3&D porque nunca lo fue. Toca definir su techo y encajarle en el escalafón de los Suns.

Tal y como dice el vídeo: 11 minutos de buenas defensas de Bridges. ¿Lo mejor? Es de su temporada rookie. Mikal tiene un posicionamiento exquisito atrás. Potencial de sobra para convertirse en uno de los perimetrales más asfixiantes de la liga. El problema reside de nuevo en lo que le rodea: aporta mucho, pero es joven y él solo no cambia un sistema defensivo por completo.

El año rookie de Bridges fue decepcionante. Poco acierto desde el triple y escaso protagonismo ofensivo. Terminó en 8,3 puntos y apenas un 33,5% desde el exterior. Aunque el comienzo de la 2019-2020 le costó, Monty decidió cambiar la rotación y el jugador formado en Villanova pasó a titular. Desde que un fijo en el inicio (últimos 19 partidos) se marchó a los 11,7 puntos, 4,3 rebotes, 2,6 asistencias, 1,5 robos y 40% en triples de promedios.

No es solo la mejora en cifras, también sobre cancha. Su presencia defensiva hace daño al rival en forma de robos, deflecciones y malos tiros forzados. La mayoría de sus puntos llegan en cortes a canasta y tiros liberados: el 100% de sus triples han sido en catch&shoot (159).

Phoenix cuenta con dos aleros jóvenes, defensivos y de diferentes perfiles en ataque. Sumar con regularidad a Cam Johnson pondría un especialista desde el triple en la terna, que quedaría más completa.

Brotes verdes entre inconsistencia y lesiones

El quinteto inicial comenzó con Ricky, Booker, Oubre, Dario Saric y Ayton. La sanción del pivote introdujo a Aron Baynes. El australiano jugó mejor que nunca durante las primeras semanas, luego se hundió tras el All-Star. Los problemas en la ingle de Cam Johnson limitaron el impacto de un jugador válido y las decisiones del entrenador sobre Saric le metían y sacaban de la rotación. Otra pieza valiosa del banco era Frank Kaminsky: disputó 32 partidos hasta sufrir una fractura por estrés en la pierna izquierda el 28 de diciembre. No ha vuelto a jugar.

Así, sin base suplente de garantías, las lesiones y ante la ausencia de traspasos, los Suns se encontraron con un banquillo del que se esperaba mucho más. En los primeros 15 partidos, cuando el equipo sorprendió a propios y extraños, la segunda unidad situaba su producción a un nivel medio de la NBA. Desde entonces, se desploman hasta estar entre los seis peores de la liga.

Monty dio en el punto y el quinteto formado por Rubio, Booker, Bridges, Oubre y Ayton parece más que establecido. En 226 minutos juntos, segunda cifra más alta del equipo, anotaron 121,6 puntos por cada 100 posesiones y encajaban 101,4, con un ratio neto en positivo de 20,2. Esa formación funciona de maravillas.

¿Qué falta? Banquillo y tiro exterior. Esto último es el mal endémico de los equipos jóvenes, pero Phoenix necesita rodear como sea de tiradores a una plantilla en la que Rubio y Ayton son dos piezas fundacionales. Los Suns son 19º en acierto exterior esta temporada.

Adquirir un base anotador o un guard menos amasador y más tirador -perfil Luke Kennard, que cerca estuvo de llegar en el deadline- y un cuatro ante la más que posible marcha de Saric parecen ser tareas obligatorias. Está por ver qué ocurre con el cinco suplente. El punto más alto de Baynes ha sido sobresaliente, pero el más bajo -y repetido- ha sido horrible para Phoenix.

Aparecen brotes verdes tras muchos años en el desierto, aunque la falta de identidad ha hecho daño por tramos. En Arizona necesitan más fichajes que sigan en la línea del quinteto titular. Jugadores atléticos, rápidos y que encajen con las necesidades del roster. Pocas oportunidades quedan hasta que Devin Booker sea el próximo All-Star en pedir el traspaso.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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