Dallas Mavericks

Tres cosas a mejorar por Dallas Mavericks en la segunda mitad de la temporada NBA

Desde el momento en el que el triple de Luka Doncic cruzó el cielo en el Juego 4 de su serie de Playoffs ante LA Clippers, las expectativas de Dallas Mavericks en la temporada 2020-2021 estaban puestas en lo más alto. Si habían sido capaces de poner contra las cuerdas a un firme candidato al anillo sin su segunda espada, Kristaps Porzingis, ¿de qué no serían capaces una vez recuperasen a todos sus efectivos? No obstante, el inicio del nuevo curso iba a tener un relato muy diferente al que se vio en Walt Disney World. Las lesiones, el impacto del protocolo de seguridad y salud y un bajo rendimiento de los secundarios han hecho que este 2021 sea una montaña rusa para los de Rick Carlisle.

Tras ese inicio complicado con 8-13 de balance, desde el mes de febrero han conseguido remediar la situación, ganando 10 de sus últims 13 partidos, lo que ha supuesto un balón de oxígeno. Ahora mismo Dallas se encuentra ubicado en el octavo puesto del Oeste con una marca de 18-16 y, dado el apretado contexto de la Conferencia, están a la misma distancia del 4º puesto (LA Clippers, 24-14) que de quedarse fuera del Play-In (Pelicans y Thunder, 15-21), es decir, a cuatro partidos de distancia. Un paso en falso en la segunda mitad del curso podría suponer decir adiós a sus posibilidades de entrar en la postemporada y comprometer en cierto modo el proyecto.

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Según Tankathon, los Mavericks dispondrán del segundo calendario más sencillo de la NBA en lo que resta de campaña, solo por detrás de Utah Jazz, teniendo que enfrentarse por partida doble a Pistons y Wolves y con 38 partidos restantes en 67 días, siendo el primero en la noche del miércoles ante los Spurs.

¿Qué deben mejorar los Mavs de Doncic para terminar del mejor modo en la segunda mitad de campaña? Lo analizamos.

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#1: La defensa

Después de romper todos los registros en términos de eficiencia ofensiva el pasado curso, los Mavs no han encontrado el modo de darle continuidad a esa excelencia en ataque que los caracterizó. Como consecuencia de ello, el equipo ha dejado que esa irregularidad ofensiva se traslade también a la defensa. Esto ha sido fruto de una ansiedad por anotar de manera constante, forzando acciones de tiro y jugadas, lo que tras errarlas no ha tenido una reacción automática por parte del grupo, concediendo conversiones fáciles a sus rivales y siendo más complacientes de lo necesario atrás.

De este modo, los Mavericks han terminado la primera mitad del calendario como la sexta peor defensa de toda la NBA, con un ratio defensivo de 112,6. Comparado con el curso anterior, antes del parate del All-Star los texanos estaban en la zona media en este aspecto, habiendo disputado algunos partidos más pero con mejores sensaciones, con 110,7 de defensive rating y colocados en el puesto 18º, donde finalizaron la temporada.

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No obstante hay razones para el optimismo en el equipo de Carlisle, pues estos han sido uno de los que menos puntos han concedido a sus rivales tras pérdida, con solo 14,7 por partido (2º), así como en la pintura, permitiendo 44,8 (6º). Pérdidas y pintura podrían ser dos caras de la misma moneda pues ambas son uno de los focos más claros de anotación por la ventaja con la que se presenta el ataque, y el hecho de que Dallas haya tenido un buen rendimiento en acciones así es un punto más que positivo.

Sin embargo, hay otras partes donde el estado del equipo es más preocupante como es el rebote, ya que son la quinta franquicia que menos porcentaje de rebote disponible captura por noche (48,3%). El efecto de esto es que los Mavs han permitido a sus rivales tener muchas más segundas oportunidades, concediendo 13,2 tantos por encuentro. Además, no han dado muestras de disponer de una organización muy clara de la transición defensiva y de poder cargar ellos mismos el rebote ofensivo (23,1%, 27º), permitiendo al otro equipo 13,2 puntos al contraataque, fruto también de esa ansiedad ofensiva.

#2: Distribución de tiros

Si hay algo claro en los Dallas Mavericks es que el balón está en las manos de Luka Doncic. El esloveno ha demostrado en numerosas ocasiones que está capacitado para asumir las responsabilidades que ello conlleva y así se lo ha hecho saber Rick Carlisle a este, reconociendo en rueda de prensa reiteradamente que el joven All-Star tiene un talento innato para este juego. Pese a lo insólito de que un jugador de 22 años tenga las llaves de una franquicia y que haya tenido grandes resultados hasta el momento, esto tiene sus consecuencias y en esta 2020-2021 los Mavericks las están sufriendo.

De un tiempo a esta parte los Mavs centraron su modelo deportivo en una lectura concreta de las estadísticas avanzadas, por las cuales dejaron de centrar sus esfuerzos en el poste bajo y la media distancia en favor del juego en llegada, el bloqueo directo y una mayor celeridad en la ejecución. Así se explica que Kristaps Porzingis pasase de invertir un 25% de sus intentos de campo en el poste en 2018 a tan solo un 15% en 2020, o que Dallas haya pasado de un 16% de uso del bloqueo directo para manejador antes de llegar Doncic a ser el segundo equipo que más lo usa con un 22,4%.

Pese a formar parte de la vanguardia de la NBA en lo que a ataque se refiere, los texanos han dado un paso atrás en este curso en ese sentido. Son el 7º equipo que más triples intentan por partido, algo que responde a la lógica de que a mayor volumen mayor recompensa en términos de puntos, pero son solamente el 14º que más tantos consigue desde más allá del arco. Esto podría explicarse a través de la pérdida de Seth Curry en favor de Josh Richardson, el cual no ha tenido un gran impacto hasta el momento en este rubro, con un 28% de acierto desde el triple en comparación al 45% del actual jugador de los 76ers el pasado curso. Por otro lado, los Mavericks fueron el 7º equipo que menos puntos y menos tiros en la pintura ha realizado en lo que llevamos de temporada, aunque sí han sido efectivos en ese sentido (66,2% de acierto).

Si una de las bases de la eficiencia ofensiva se basa en el acierto exterior, la concentración de puntos en la pintura y el acudir a la línea de tiros libres de manera regular, los Mavs están yendo en la línea correcta en términos de planteamiento, no así en su ejecución, razón por la que ocupan la zona media en offensive rating con 112,3 de media.

#3: El juego interior

Relacionado con el punto anterior surge este, ya que siguiendo la filosofía de juego de los texanos no sería preciso contar con grandes jugadores interiores, capaces de anotar un gran volumen de puntos, sino contar con buenos bloqueadores, capaces de jugar abiertos y ofrecer un buen spacing a los manejadores. Hasta la presente temporada apenas había dudas de que figuras como Willie Cauley-Stein o Dwight Powell podrían cumplir esa función con creces, especialmente el segundo, pero hasta este momento ambas figuras han estado lejos de poder ofrecer el nivel deseado en este papel.

Mientras Maxi Kleber ha sido el pegamento de los Mavs en todo este tiempo, siendo noche tras noche una de las llaves defensivas del equipo y congeniando con Doncic como bloqueador o abriendo espacios exteriores para Porzingis, los otros dos interiores de referencia no han estado a la altura.

Con el trade deadline en el horizonte (25 de marzo), Dallas debería mirar al mercado en busca de una figura que pudiese solventar varios de los problemas que se han ido apuntando en esta pieza y que podrían encontrar solución a través de un traspaso. Sin embargo, las últimas informaciones que han surgido referentes a movimientos por parte de los Mavs han apuntado en una línea diferente, por un lado desde Cleveland Plain Dealer se habló de un interés por hacerse con Kevin Love, mientras que en The Ringer se puso el foco en JJ Redick, ambos centrados en el tiro exterior.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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