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In memoriam: David Stern, una vida dedicada a la NBA

David Stern
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Un apretón de manos, esa era la meta. Niños y adolescentes anhelaban estar en aquel gran teatro que a la vera de las Finales siempre se orquestaba para recibir a las que serían las estrellas del futuro. Una cadena de números y nombres propios repetidos como un mantra servían como punto de partida para dar comienzo a su carrera profesional. Unas veces más alto y otras más escondido, pero siempre marcado por ese momento inicial. El Draft de la NBA es principio y origen, y durante casi 30 años una figura permaneció inalterable al paso del tiempo y las generaciones, convirtiéndose en un mito y a la vez en un deseo a alcanzar: escuchar tu nombre de sus labios y estrecharle la mano a David Stern.

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El 2020 daba sus primeros pasos cuando la vida de David Stern se apagó el día 1 de enero a causa de la hemorragia cerebral sufrida el pasado mes de diciembre . Durante 30 años la NBA estuvo regida por la misma persona, una figura que no dejó indiferente a nadie y en cuyos contrastes residió la fórmula del éxito de la liga. Porque sin Stern la NBA nunca podría haber alcanzado el apelativo de "la mejor del mundo". Con él, ésta se abrió al resto del globo, propagó la semilla del básquet por todo el mundo y este le respondió apenas unos años después con un desembarco que iría haciendo de la competición un fenómeno internacional y permeable a todos los estractos de la sociedad.

En la mente de un abogado neoyorkino de 42 años residía el qué y el cómo, pues en aquel invierno de 1984 la NBA contaba con capital humano para convertir una liga en un producto, y ese producto en un espectáculo democratizante y accesible para toda la sociedad. Si el timing en el básquet resulta esencial, en la llegada de David Stern al puesto de Comisionado de la liga no pudo tener un mejor timing. Larry Bird y Magic Johnson peleaban en una rivalidad Los Ángeles-Boston que renacía tras una década apagada, gigantes como Ralph Sampson comenzaban a crecer en Houston mientras que el Draft pasaba de ser una eterna reunión de directivos y personal de franquicia a un evento televisado, pomposo y abierto que marcaría el inicio de todo.

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Porque aquel mes de junio de 1984 todo cambiaría.

Poco antes el nuevo Comisionado había modificado algo tan clásico como el modelo de Playoffs, pasando de la tradicional primera ronda al mejor de tres partidos introducida en 1975 a una serie a cinco encuentros con el aumento de equipos aspirantes durante la postemporada, siendo 16 los candidatos. La modificación en el sistema de competición otorgó la importancia necesaria a la primera ronda, que en su primera edición vio cómo los campeones del pasado curso, Philadelphia 76ers, eran superados por 3-2 a manos de New Jersey Nets en unos Playoffs que pasarían a la historia por su ferocidad e igualdad. Aquel minúsculo cambio que alargaba la primera ronda ligeramente hizo de la postemporada un reclamo para disfrutar de encuentros igualados, sorpresas y espectáculo, con seis de ocho series resolviéndose en el quinto encuentro.

Aquellos Playoffs que vieron coronarse a los Boston Celtics ante Los Angeles Lakers en la primera Final entre ambos desde 1969 con Bill Russell y Wilt Chamberlain como reclamos, sirvieron para impulsar y ratificar que los cambios introducidos en el sistema competitivo habían sido positivos. Porque no solo se había aumentado el número de partidos, sino que ese aumento no había generado un aumento de la desigualdad entre los principales aspirantes y los últimos clasificados para la postemporada, más bien lo contrario.

En dos cambios David Stern había establecido cómo iba a ser su mandato, cambiando el presente y el futuro. Playoffs y Draft, las dos joyas de la corona que desde hace 30 años son el objetivo a alcanzar por todos los jugadores en las diferentes etapas de su carrera.

Aquel mes de junio de 1984 la NBA entró en una nueva etapa. El apretón de manos entre David Stern y Hakeem Olajuwon, el primer jugador africano en ser número 1 del Draft y el segundo no nacido en Estados Unidos tras Mychal Thompson (Bahamas), significaba el cambio de era. No solo por la visibilidad que adquirió el acto sino por un nombre que condensa los siguientes quince años en la NBA: Michael Jordan.

Con un capital humano inmejorable y un contrato televisivo propicio firmado en 1984 que sustituía al firmado en 1982, y que suponía la expansión de la liga a través de la televisión por cable, permitieron que la NBA entrase en todos los hogares del país para no abandonarlo jamás.

Los 30 años que David Stern estuvo al mando del barco forman parte ya de la historia de la NBA y del básquet, y el mejor legado que nos deja este abogado de Columbia es una competición que entra en su 74º año con una salud de hierro y liderada por su discípulo más aventajado como Adam Silver.

La expansión

Del mismo modo que la historia de Roma se entiende a través de las leyes y normas dictadas por el senado, el mandato de David Stern se puede entender a través de la evolución de las normas y contratos que la liga fue desarrollando durante las tres décadas que estuvo al frente. Su formación universitaria hizo de Stern uno de los licenciados en derecho más codiciados a mediados de los años 60, y el unirse a la firma Proskauer Rose le dieron el marco teórico y el vagaje suficiente para hacer más tarde de la NBA una máquina bien engrasada que conquistaría el mercado.

A las mencionadas decisiones puramente deportivas que modificaron los Playoffs y el Draft le había precedido un cambio que haría de la competición y del negocio algo viable, quizás la decisión más importante que salvó la liga en los inicios de los años 80. La rentabilidad económica que había acabado con la ABA años atrás amenazaba con extrapolarse a la competición en los últimos años del mandato de Larry O'Brien. Así, una de sus contribuciones más importantes sería el límite salarial, instaurado en 1983 y que suponía el primer límite al mercado interno de una competición deportiva de la historia de Estados Unidos. Una medida cuyo principal objetivo era igualar entre mercados grandes y pequeños, limitando el poder adquisitivo de los grandes propietarios de franquicias en ciudades como Los Ángeles, e igualándolo a otros más pequeños pero con potencial deportivo como Utah.

De ese modo protegía el producto deportivo y al mismo tiempo salvaguardaba los intereses de las franquicias, evitando desplifarros y haciendo viable el gasto.

Por otro lado, la introducción del límite salarial benefició a los protagonistas del juego, que progresivamente verían cómo sus salarios se incrementaban independientemente del lugar donde desempeñasen su labor. Para que nos hagamos una idea, el salario medio de un jugador en 1984 era de 250.000 dólares, y al término de su mandado la media había ascendido a 5 millones.

La televisión jugó un papel clave en que el producto pudiera superar sus propios límites. El paso de la CBS (1974-1989) a la progresiva introducción del cable (Turner) y su consagración en 1990 con la firma de NBC impulsaron a la NBA hacia el éxito. Stern entendió que partir el pastel a nivel regional impulsaría los mercados locales, creciendo de dentro hacia afuera en lugar de apostarlo todo a la televisión nacional. De ese modo el comisionado distinguió entre network (televisión convencional) y cable (visionado para mercados locales y restringido), impulsando la expansión general a nivel nacional y reforzando la estructura a pequeña escala.

Esa apuesta bidireccional la apoyaron unos números de audiencia al alza que se alimentaban de un flujo constante de estrellas que realizaban el mejor básquet visto hasta el momento, con una población formada por figuras elevadas a leyenda como Magic, Bird, Jordan, Ewing, Olajuwon, Malone, Drexler, etc. El resultado de esta decisión fue casi inmediato, pues el contrato con CBS (1986-1989) otorgó un beneficio a las arcas de la NBA de 173 millones, y en 1990 el beneficio se multiplicó a 601 millones en apenas un lustro.

El mandato de Stern fue implacable con una plaga que asolaba la liga y de la que no se podía hacer simplemente oídos sordos. El desmesurado uso de drogas por parte de un alto número de integrantes de la competición amenazaba con poner en peligro el castillo de naipes que el neoyorkino había construido. Stern trató por todos los medios de establecer una forma de controlar y monitorizar a los jugadores y evitar así el uso de sustancias prohibidas, consiguiendo en 1983 instaurar un control anti-drogas, el primero en una liga deportiva norteamericana. Así, por un lado representó de manera implacable la lucha contra las sustancias prohibidas y por otro lado supo integrar y dar ayuda a aquellos que lo necesitaron, con programas de prevención y soporte que culminaría con la creación del NBA Cares en 2005.

Porque la NBA adquirió una función social durante el mandato de Stern, sobrepasando los límites clásicos de una competición deportiva. Durante 30 años, la liga abanderó la lucha por los derechos civiles, siendo capaz de integrar a todas las minorías y aceptando como propia la diversidad y multiculturalidad que las nuevas generaciones de jugadores portaban consigo. Del mismo modo, a nivel interno garantizó la igualdad de todas las personas, independientemente de su género o raza, como ninguna otra competición deportiva masculina en todo Estados Unidos, un hecho que iría avanzando y ganando peso año tras año.

A todos los niveles, David Stern consiguió llevar tres siglas a cualquier rincón de Estados Unidos y más tarde todo el mundo, y pudo expandir la NBA en cualquier sentido imaginable (económico, mercado, imagen, social, periodístico).

La globalizacion

Antes de 1992, NBA y el resto del mundo del básquet orbitaban en trayectorias diferentes. La relación entre FIBA y la competición norteamericana era prácticamente inexistente, inmersos en una batalla dialéctica entre profesionalismo y amateurismo que empezó a cambiar a partir de 1987 con la creación de los Open McDonald's. Estos eventos promocionales y de interacción entre clubes europeos, equipos NBA y su celebración en emplazamientos en territorio europeo allanaron el terreno para lo que sucedería años después.

De esa primera cita en Milwaukee donde estaban los Bucks, la selección de la Unión Soviética de Šarūnas Marčiulionis y el Olimpia Milano de Mike D'Antoni, se pasó a la conquista de Madrid al año siguiente con Larry Bird como principal protagonista de un evento anual que se produciría ininterrumpidamente entre 1987 y 1991, con parones puntuales por Juegos Olímpicos y Mundial, y que realizaría su última aparición oficial en 1999, siendo sustituido por los NBA Global Games.

Los Juegos Olímpicos de 1992 supusieron el inicio de una era en la que todavía nos encontramos inmersos. La apertura en 1989 de la Federación Internacional de Baloncesto Amateur (FIBA) a la participación de jugadores profesionales en sus torneos permitió que en Barcelona se unieran los 12 mejores jugadores del momento con nombres tan ilustres que no necesitan presentación alguna.

El impacto que generó en varias generaciones de inocentes ojos que visualizaban por primera vez básquet del más alto nivel en sus televisiores y canchas caló de semejante forma que dio pie a una expansión sin precedentes de la NBA, con la llegada masiva de jugadores no nacidos en Estados Unidos como en ninguna otra competición nacional.

"Y desde ahí se impulsó la globalización del juego", dijo Stern en una entrevista con el New York Times en 2014. "Una vez más, no hay victorias finales". Un hecho que para el propio Comisionado representó el mayor logro de su carrera por el impacto que generó en el público internacional, así como la magnitud del hecho de unir a los mejores jugadores del momento en un único equipo.

Barcelona sirvió como punto de partida para una expansión que todavía no conoce límites y que ha ido conquistando poco a poco nuestros hogares. ¿De qué modo si no sería normal trasnochar noche tras noche, madrugada tras madrugada, para visualizar a 10 jugadores tratar de introducir una pelota en una cesta de melocotones colocada a 10 pies de altura durante varias horas?

Desde ese año 1992, la NBA ha conseguido expandir su producto a más de 200 países donde se televisa y se sigue al momento todo lo que ocurre alrededor de la competición y que ha sabido adaptarse a los tiempos como ninguna otra liga, aceptando e integrando las nuevas tecnologías para su beneficio. Del NBA League Pass a las redes sociales, de la mercadotecnia al mundo de los videojuegos. David Stern representó la vanguardia y su mayor legado es el producto actual.

Así, si en 1984 el número de jugadores no nacidos en Estados Unidos era inferior a 20 y con un papel prácticamente testimonial, al inicio de la presente temporada 2019-2020 el número ha ascendido a 108 jugadores provenientes de 42 países diferentes. Todo ello tras la temporada más internacional de la historia de la liga con un equipo campeón canadiense (Toronto Raptors), un MVP griego (Giannis Antetokounmpo), un MIP camerunés (Pascal Siakam), un Rookie del año esloveno (Luka Doncic), un Mejor defensor francés (Rudy Gobert) y con cuatro internacionales de quince jugadores incluídos en los quintetos All-NBA. Un fenómeno que ha hecho de la liga una competición más rica y variada, en un ecosistema que es ejemplo para el resto del mundo del deporte.

Magic Johnson como canalizador

No se puede ahondar en la figura de David Stern sin detenerse a ensalzar lo sucedido en el All-Star Weekend de 1992 en Orlando.

El 24 de octubre de 1991, Magic Johnson anunciaba a todo el mundo que era portador del virus del VIH y que su carrera deportiva llegaba a su fin. Un golpe de realidad que golpeaba a la liga en su mejor momento y que suponía el final anticipado del jugador que había despertado en cientos de individuos el amor por el juego.

La mano de Pat Riley y David Stern hicieron posible que Magic se retirase con honores ante los ojos de todo el mundo el 9 de febrero de 1992, en un emocionante All-Star Game que ayudó a desmitificar y frenar el pánico generalizado que existía al respecto del virus del VIH debido a su rápida propagación y desconocimiento que había experimentado en los años precedentes.

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"En algún momento, nos dimos cuenta de que esta era una oportunidad para educar al mundo y calmar el temor de que cualquier persona con VIH fuera tratada como un leproso", diría Stern al respecto en 2016. El recelo de algunos jugadores a compartir cancha con Magic quedó a un lado gracias a la intervención del comisionado, haciendo valer su talante y pragmatismo que caracterizó su reinado.

"Me confirmó el poder del deporte para educar y cambiar la opinión de las personas sobre los problemas", dijo Stern a amfAR en 2016 . "Fue una gran oportunidad, y creo que Magic, con un poco de ayuda de nuestra parte, cambió el debate sobre el SIDA en este país y posiblemente en todo el mundo".

Un simple hecho a través de una de las figuras más importantes del momento despertó el carácter social y político de la NBA, algo que se desarrollaría progresivamente en el tiempo con ejemplos de integración como la creación de la WNBA, la lucha por los derechos civiles representada por el Martin Luther King Day, así como la presencia de integrantes de la liga durante el día del Orgullo LGTB+ en los últimos años.

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Magic Johnson sería nombrado MVP de aquel encuentro y se llevaría una sonora ovación por parte del Orlando Arena antes de recibir de manos de Stern el trofeo que le acreditó como el mejor jugador del evento, y que ponía el broche de oro a una carrera que todavía no había finalizado (aunque el mundo eso no lo sabía aún).

Su legado

David Stern nos ha dejado a los 77 años, una personalidad en sí misma, única e irrepetible. Que aprendió a escuchar a sus colegas, cambió la forma de ver este deporte en todos los ámbitos y dotó a la NBA de una estructura a seguir por el resto.

Cada rincón de la competición tiene su sello y los últimos 40 años portan su nombre. La NBA vive a través de él, y Adam Silver como su discípulo aventajado es el mejor ejemplo.

De Hakeem Olajuwon a Rudy Gobert, del primero al último jugador que estrechó la mano en la noche del Draft. Más de tres décadas representando la entrada en la liga, la ceremonia iniciática como representación de todo lo que estaba por venir.

Luces y sombras, blancos y negros. En definitiva, contrastes. Porque David Stern no dejó indiferente a nadie durante los 34 años que presidió la liga como Comisionado. Benevolente e implacable, fruto de cada contexto y una de las mentes más brillantes que este deporte ha conocido fuera del parqué.

Las opiniones aquí expresadas no representan necesariamente a la NBA o sus organizaciones.

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