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Entrevista a Derrick Alston: el camino como entrenador en la G-League de un viejo conocido de Argentina

Derrick Alston
Getty Images

La historia de la Liga Nacional de Argentina ha tenido muchísimos nombres de jugadores extranjeros que dejaron una marca imposible de borrar. Varios, sin dudas, lo hicieron siendo parte de títulos y del éxito de diferentes equipos. Otros, pese a la ausencia de trofeos, quedaron en el recuerdo por mucho más que un resultado. El caso de Derrick Alston, sin dudas, camina por ese lado.

Porque hablamos de alguien que, después de brillar en el más alto nivel de Europa (campeón de la Liga ACB siendo MVP de las finales con Barcelona en 1999), desplegó su calidad durante cuatro temporadas en el país (Libertad de Sunchales, Boca Juniors, Olímpico de La Banda y La Unión de Formosa) y, sobre todo, se identificó con los lugares en donde estuvo y rompió la barrera habitual de los foráneos en el torneo doméstico.

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El ex pivote, quien comenzó su carrera como jugador en la NBA (139 partidos entre Philadelphia 76ers y Atlanta Hawks entre 1994 y 1996), también inició la segunda parte de su vida profesional en la mejor liga del mundo. Tras su retiro en Argentina luego de la 2011-2012, se sumó a Houston Rockets como entrenador de desarrollo de jugadores, puesto que ocupó durante tres temporadas antes de incorporarse a los New York Knicks como asistente de Westchester Knicks, la filial de la icónica franquicia en la G-League que, para esta 2019-2020, le dio la chance de convertirse en entrenador principal del equipo.

El primer curso del nacido en el Bronx (New York) no terminó de la mejor manera, ya que el coronavirus COVID-19 le puso un freno a toda la actividad, además de dejar en una situación por demás complicada a su ciudad. En medio de su aislamiento, Alston se dio un tiempo para hablar con NBA.com y no sólo recorrió la actualidad, sino que viajó al pasado para sonreír un rato y recordar sus momentos en Argentina.

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-¿Cómo estás llevando este tiempo de cuarentena?

-Yo estoy bien, mi familia también. Estamos todos en cuarentena en casa, y no podemos hacer mucho en cuanto a salir. Pero estamos a salvo y estamos juntos. Tratamos de mantenernos ocupados, haciendo algo de ejercicio de vez en cuando, y trabajando en diferentes cuestiones sobre mi trabajo, sobre mi equipo, para poder ir convirtiéndome día a día en un mejor entrenador. Hay mucho de video y de cosas online, que es básicamente lo único que podemos hacer ahora.

-¿Cuán difícil es ver de cerca lo que está pasando en New York, una ciudad completamente especial en el mundo, que ahora mismo está completamente diferente y afectada por el coronavirus?

-Lo extraño es ver la energía de la ciudad ahora, con todos los lugares cerrados, sin gente dando vueltas... Es como si le hubieran sacado esa energía, pero al mismo tiempo es lo correcto. Creo que todos en New York saben que esto va a pasar, que lo vamos a superar, y esto que estamos haciendo y pasando es lo que se tiene que hacer para asegurarnos de que todos estemos bien y con salud..

-¿Cómo recibieron la noticia en el momento de la suspensión?

-Tuvimos una llamada con los gerentes y los entrenadores, nos contaron lo que pasaba y todos estában sorprendidos. Por supuesto que nadie sabía cómo iba a pasar o qué iba a venir después. Había ansiedad, sin dudas, pero sabíamos que era lo mejor para el país y para la salud de la gente.

-En ese momento, ¿imaginabas que iba a venir la situación como se dio?

-Para nada. En ese momento no teníamos idea. Quizás pensábamos "bueno, ya pasará". Pero a medida que recibíamos más información y empezaban a verse las cosas que sucedieron, nos fuimos dando cuenta que en realidad no iba a pasar rápidamente.

Su primer año como coach en Westchester Knicks

Alston debutó como entrenador principal en la 2019-2020, y al momento donde se cortó la actividad, su equipo tenía un récord de 17-24. Aunque claro, la G-League es mucho más que victorias y derrotas. Es un mundo completamente diferente, que ofrece oportunidades para todos, que tiene al desarrollo como punto de partida y que es muy desafiante a partir de los numerosos cambios que se producen.

-¿Cómo viste esta primera temporada como entrenador de Westchester?

-Creo que fue todo un desafío, por el hecho de ser el primer año como entrenador principal. Pero creo que fue divertido. Año a año creo que fui aprendiendo, y ahora al tener que tomar todas las decisiones de un equipo siento que aquellas experiencias fueron geniales para ayudarme. Creo que el equipo estaba jugando bien cuando llegó la suspensión. Tuvimos muchas lesiones en varios jugadores clave, pero muchos jugadores dieron el paso al frente. Y de eso se trata la G-League. No son las victorias o derrotas. Con tantos movimientos de jugadores en la temporada, el verdadero desafío es desarrollar a los jugadores, a los que nos envía el equipo principal, tratar de hacerlos mejores jugadores en todo sentido para que puedan estar listos para la NBA. Creo que hicimos un gran trabajo en ese sentido.

-¿Cuán grande es la diferencia entre ser un entrenador en una liga como la G-League comparado con otro lado?

-Es una locura la diferencia. No es para cualquiera, porque hay mucha incertidumbre en cuanto a no saber con qué jugadores podrás contar, a quién podrás usar para jugar... Es algo que cambia hora a hora, incluso en relación a los entrenamientos. Es realmente duro el hecho de tratar de programar un cronograma, pero tenés que tratar de hacer lo mejor posible, estar listo para reaccionar y afrontar la espontaneidad de todo, estando preparado. Creo que tanto yo como mi Staff estuvimos preparados para lo que tuviéramos que afrontar, sabiendo que no podíamos parar. No podíamos sentarnos a lamentarnos, porque había que seguir hacia adelante para tratar de darle la mejor chance de jugar a los jugadores y darles espacio para aprender, para equivocarse y crecer.

-¿Cuál es tu concepto de desarrollo, sabiendo que fuiste un entrenador de desarrollo en Houston Rockets, y que ahora estás a cargo de un equipo de un liga que apunta a eso?

-Tiene muchos significados diferentes, especialmente en la G-League. No se trata solo del punto de vista de juego, sino que hay que ayudar al jugador en todo sentido, ayudarlos a convertirse en hombres, ayudarlos a crecer como personas además de desarrollarlos en la cancha. Hay que mirar a muchos aspectos para ayudar a que los chicos puedan ser su mejor versión posible en todo sentido. A veces tenés que ser su entrenador, en otras quizás tenés que ser una suerte de padre... Si realmente sos genuino, sincero y verdadero, ellos pueden verlo y te dan lo mejor que te pueden dar en todo aspecto.

-Llevás varios años en el contexto de la G-League. ¿Cómo ves el crecimiento de la competencia en todo sentido, y cómo la podés describir para la gente que no está muy familiarizada con este torneo?

-El crecimiento fue tremendo entre mi primer año y la actualidad. Los recursos, la aparición de más equipos, la mayor exposición de jugadores y las chances y el éxito que han tenido algunos al llegar a la NBA... Ha sido grandioso, sin dudas. Mientras más recursos y dinero aparecen, mejores chances habrá. Se creó la figura de los contratos two-way, que ayudó muchísmo... El nivel de la competencia ha crecido de manera tremenda en estos años. A ver, es una liga menor, y como tal quizás nunca tendrá la exposición de otras que todo el mundo conoce, pero los seguidores del básquet saben que no todos están listos desde el primer día, y la G-League es una gran opción que muchos equipos están empezando a usar entendiendo el potencial y la ayuda que puede ser para todos. Y no sólo para los jugadores, sino también para gerentes, para entrenadores... Todos pueden desarrollarse y aprender acá. Es una herramienta fantástica de punta a punta que le permite a sus integrantes aprender y formar experiencia, algo que es por demás importante para todos.

-Sin ir más lejos, Nick Nurse pasó por la G-League, y ahora es el entrenador campeón de la NBA.

-¡Exacto! Todo es posible. El camino no es fácil, está claro. Pero por ejemplo, en estos 6 meses al frente del equipo tuve que afrontar más situaciones que en todos mis años anteriores desde que comencé este camino como entrenador. Esa experiencia es realmente grandiosa.

-¿Ser parte de una organización NBA fue un objetivo personal desde tu retiro como jugador?

-Sí, siempre fue mi objetivo. Después de mi último año en Argentina podría haber jugado otro más, pero cuando apareció la chance de sumarme a Houston Rockets, supe que era el momento para hacer el cambio. Tenía sentido porque sabía que era el lugar a donde quería ir. Y hasta acá ha sido genial en estos años.

-¿En qué momento de tu carrera como jugador te diste cuenta que, al retirarte, tu camino podría ser como entrenador?

-Creo que es algo que muchas veces pensé, sobre todo cuando te vas poniendo más viejo. En la última parte de mi carrera lo iba pensando cada vez más. Y lo que ayudó también fue tener a entrenadores como Huevo (Sánchez) en Boca y (Gabriel) Piccato cuando estuve en Formosa, quienes siempre me hablaron y me pusieron en posiciones donde podíar ser una especie de entrenador cuando jugaba, así que eso me dio más confianza para encararlo.

-¿Qué significa ser parte de una organización NBA, pero sobre todo ser parte de los Knicks para alguien que nació en New York?

-Al crecer en la Costa Este de Estados Unidos, siendo un fan de los Knicks, ser parte de la organización, estar cerca de esto y ser el entrenador del equipo de desarrollo de los Knicks, sin dudas que es un sueño cumplido. Nunca pensé que se iba a dar de esta manera, pero estar cerca del entorno de estar organización, de todo lo que la rodea en cuanto a historia... Es realmente especial.

Argentina, ese lugar para el recuerdo

(Foto: Ligateunafoto.com)

El nombre de Alston, sin dudas, es familiar para los amantes de la Liga Nacional. El estadounidense era de esos extranjeros que rompían el molde, de esos que bien podía considerarse un nacional más, no sólo por conocimiento del idioma, sino por sus ganas de meterse de lleno en la cultura local. Los hinchas del básquet doméstico lo reconocen, sobre todo por aquel paso por Boca Juniors, toda una marca registrada.

-¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando recordás tu etapa en Argentina?

-A la gente. La gente te recibía de la mejor manera. Eran abiertos, familiares... Cuando empecé en Sunchales con Libertad me acompañaron en cada paso, y todavía tengo contacto con algunos de los muchachos... Me trataron como familia desde el primer momento, también en Olímpico, en Boca... En cada paso fue como una familia, y siempre me trataron muy bien.

-El paso por Boca, por todo lo que representa el club en el país, parece ser el más significativo. De hecho, la gente de ahí te guarda un gran cariño. ¿Fue así de especial?

-No ganamos un campeonato ni nada por el estilo, pero creo que el paso por Boca fue grandioso. Los recuerdos son tremendos... Caminar por La Boca, los colores, los partidos de fútbol, el apoyo de los hinchas... No teníamos 10.000 personas en la cancha, pero los que iban estaban todo el tiempo cantando, alentando, vivían para eso... El apoyo fue siempre espectacular... Fue la manera perfecta de cerrar mi carrera. Me acuerdo también de mi primer partido en el estadio de fútbol, con la gente saltando en todo momento... Era asombroso... El amor de La Boca con el equipo es tremendo. Es una familia, es algo que está en la sangre. Estoy feliz de haber tenido esa experiencia.

-¿Qué pudiste ver y aprender del básquet en Argentina?

-En ese momento, la Liga Nacional para mí era perfecta, porque era física y se jugaba de la manera correcta, con todos tratando de compartir la pelota. Con Huevo (Sánchez) compartíamos la pelota y jugábamos al básquet con pureza. No era una persona, sino un equipo. Cuando Argentina ganó los Juegos Olímpicos, esa manera de compartir la pelota se veía, y eso es lo que se reflejaba en la Liga. Era todo con fluidez y naturalidad para el básquet, no era todo uno contra uno, aclarados y ya. Ver eso y aprender de diferentes entrenadores me ayudó mucho en mi carrera.

-Lo mencionaste muchas veces a un entrenador conocido como Huevo Sánchez. ¿Qué recordás de él y cuán importante fue para vos?

-Lo primero que recuerdo es su pasión. Su pasión y amor se notaban al instante. Todavía no vi a alguien tan apasionado como él, con el amor que le ponía para tratar de sacar lo mejor de cada jugador. Yo tenía 37 ó 38 años, y él me hacía hacer cosas que yo no sabía que podía hacer a esa edad. Pero siempre me presionó en el buen sentido, me cuidó en todo momento y me ayudaba a sacar lo mejor. De la manera en que llevaba las cosas en todo momento es algo que yo uso hoy en día. Cada tanto hablo y cruzo algún mensaje por redes sociales.

-¿Cómo ven al básquet argentino en Estados Unidos?

-Con Manu (Ginóbili), los Juegos Olímpicos, el Mundial y aquellos jugadores, todos supieron que cuando tocaba enfrentar a Argentina, iba a ser contra un equipo duro, bien entrenado y con mucho corazón. Muchos equipos cuando juegan contra Estados Unidos quizás están con algo de miedo o nervios. Pero contra Argentina sabés que tenés que estar listo para entregar lo mejor porque saldrán a jugar duro y te darán todo lo que tienen.

Derrick Alston Jr., la herencia familiar rumbo al Draft NBA

En los últimos días, los nombres de prospectos que se anotaron para el próximo Draft de la NBA empezaron a salir a la luz, y el de Derrick Alston Jr., hijo del ex pivote, está entre ellos. Viene de pasar las últimas tres temporadas en la Universidad de Boise State, y se trata de un perimetral de excelente estatura (2,06) y que buscará llamar la atención de las franquicias NBA, principalmente con su lanzamiento exterior y versatilidad.

Alston jugó muy poco en la temporada 2017-2018, pero comenzó a ser uno de los referentes del equipo a partir de la 2018-2019, ganándose la titularidad: en la campaña pasada promedió 13,4 puntos y 3,9 rebotes, mientras que en la más reciente tuvo números de 17,3 puntos, 5,2 rebotes y 3,1 asistencias, siendo seleccionado para el Segundo Quinteto Ideal de la Conferencia Mountain West.

-¿Cómo se siente que tu hijo se haya declarado para el Draft?

-Me entusiasma mucho el hecho de que esté llevando su propio camino, con la posible chance de jugar en la NBA. Es un sueño para él, por supuesto, y como padre es un momento de orgullo, para mí y mi familia. Es extraño al mismo tiempo, porque no puede ir por el proceso habitual con todo esto del coronavirus, pero veremos qué pasa.

-¿Tenés algún consejo particular para él? No sólo como padre, sino como ex jugador.

-Yo le digo la verdad, que todo se trata de trabajo duro. Y a él no le regalaron nada, se ganó cada una de sus chances en su camino. Sabe lo que es el trabajo duro y por eso está en este punto. Sabe lo que se necesita para ser uno de los jugadores que pueda llegar a la NBA, tuvo una perspectiva en mí, pero se ganó todo lo que tiene y ahora es momento de aprovechar esa chance.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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