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Elgin Baylor, una leyenda sin corona

Es común ver a grandes estrellas "cazando un título" en la NBA. Por cazar un título nos referimos a la acción de, en la etapa final de la carrera deportiva, ir cambiando de equipo para ser parte de un contendiente al trofeo Larry O'Brien y así poder lograr su primer anillo de campeón: llenar la vitrina individual y sentir el placer de jugar en el equipo victorioso.

Elgin Baylor se retiró de la NBA sin conocer ese sentimiento. Para tratar de cazar el título no necesitó mudarse: siempre jugó en la misma franquicia y tuvo a la consagración bastante cerca, pero el escalón más alto le fue esquivo de forma constante: perdió las siete finales que disputó con los Lakers, primero en Minneapolis y luego en Los Angeles.

El anillo si lo consiguió: los Lakers fueron campeones en la temporada 1971-1972, rompiendo una sequía de 18 años. En esa misma campaña Baylor se había retirado el 31 de octubre de 1971, por problemas en las rodillas que lo molestaban demasiado a los 37 años y que ya no lo dejaban jugar a su más alto nivel. Aunque fue considerado campeón por la franquicia por haber jugado siete partidos de esa temporada y recibió su anillo, una coronación así, ya fuera de la actividad, no es algo acorde a lo que representa su nombre.

Sin embargo, su legado no queda empañado por no haber ganado unas Finales: este alero que hoy en día tiene 86 años es una de las leyendas principales de la NBA de la década del 60 y recordado como uno de los mejores jugadores de la historia en su posición: por algo es miembro del Salón de la Fama y fue escogido en 1980 como uno de los 11 mejores jugadores de los primeros 30 años de la NBA.

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Por la época hay pocas imágenes de su juego, pero sus colegas contemporáneos lo reconocen como alguien fascinante que ayudó a cambiar el juego. Un hombre adelantado al tiempo.

"Fue uno de los tiradores más espectaculares que este deporte haya conocido", manifestó su compañero de Los Angeles Lakers Jerry West sobre Baylor en 1992. "Libra por libra, nadie fue más grande que Elgin Baylor", le contó al San Francisco Examiner otro ex compañero suyo, Tommy Hawkins. "Él no saltaba tan alto como Michael Jordan, pero tenía la mayor variedad de lanzamientos que alguien haya visto. Tomaba el balón, se suspendía y lanzaba desde cualquier ángulo, le ponía efecto al balón, tenía una fuerza increíble. Podía postearse contra Bill Russell, podría pasar el balón como Magic (Johnson) y podría driblear como los mejores guardias de la liga", agregó.

Como anotador hubo pocos como Baylor: el 15 de noviembre de 1960 anotó 71 puntos en un triunfo de Los Angeles Lakers sobre New York Knicks por 123-108: cifra impresionante si tenemos en cuenta que la logró sin que existan los tiros de tres puntos. Tuvo que intentar 48 dobles en 45 minutos y metió 25 de ellos. Por entonces se trataba de la mayor marca histórica en un partido NBA, hasta que poco más de un año después Wilt Chamberlain convirtió 78 tantos. Hoy en día, Baylor, Chamberlain, Kobe Bryant, David Thompson, David Robinson y Devin Booker son los únicos en alcanzar las siete decenas.

El récord de anotación sigue siendo de Baylor en el escenario más grande de todos, el de mayor tensión y con el rival más duro enfrente: las Finales. Convirtió 61 puntos en el quinto partido de la definición de 1962 ante Boston Celtics jugando como visitante, algo de un atrevimiento total, dejando a su equipo a apenas un paso de la consagración. Los Lakers terminarían perdiendo dichas Finales por 4-3, cayendo en la prórroga del último encuentro.

En 1966, 1969 y 1970 Baylor volvería a sentir el dolor de ser derrotado en el séptimo partido de las Finales, encuentros en los que ha sabido darlo todo (41 puntos y 22 rebotes en 1962, 20 puntos, 15 rebotes y 7 asistencias en 1969) pero en los que el destino no estuvo de su lado. Parecía que esperaba a su retiro para que los angelinos se consagren, y eso que la trayectoria de Baylor fue larga, abarcando 13 años entre el Draft de 1958 en el que fue escogido primero y el retiro de 1971. Por eso nunca fue MVP de las Finales ni tampoco pudo serlo en fase regular durante una época dominada por Bill Russell y Wilt Chamberlain. "Simplemente no se le podía ganar a Russell. La concentración que él tenía era increíble. Apenas empezaba el partido, veías que algo cambiaba", comentó Baylor sobre el rival que más se impuso sobre él, su gran piedra en el zapato dentro de la cancha pero amigo fuera de ella.

Aparte de las diez condecoraciones de primer quinteto All-NBA y de haber sido invitado 11 veces al All-Star Game, su palmarés termina quedándose algo corto: apenas un trofeo de MVP del All-Star Game 1959 y el recuerdo de haber sido escogido como el mejor rookie de esa misma temporada.

Pero su huella va más allá de eso: Los Angeles Lakers, una de las dos franquicias más laureadas de la NBA, le debe muchísimo a él y de hecho tiene su camiseta número 22 retirada, como corresponde, además de una estatua suya fuera del Staples Center. Cuando estaban en Minneapolis y draftearon a Baylor, que hizo su debut en la liga a la "avanzada" edad de 24 años, lograron cambiar el rumbo de una franquicia que parecía destinada a la banca rota en el estado de Minnesota. Los Lakers lo escogieron primero en el Draft y depositaron en él las esperanzas de salir a flote: "Si nos rechazaba, hubiésemos desaparecido", contó Bob Short, por entonces dueño de la franquicia, un equipo entonces perdedor que no generaba interés y que ahora es conocido en todo el mundo.

En su primer año ya Baylor les dio las garantías de que todo cambiaría: del último lugar del Oeste (sobre cuatro equipos) con récord de 19-53 pasaron a un balance de 33-39 suficiente para llegar a los Playoffs y así a las Finales, que fueron ganadas por Boston Celtics por 4-0 pero le dieron el puntapié inicial a una rivalidad histórica.

Los Lakers se habían sacado la lotería: un jugador talentoso que los hacía un equipo ganador y encima uno muy vistoso, con un perfil atlético y a la vez elegante que captaba la atención de todos. "Yo recuerdo que él fue el primer hombre al que ví tomar el rebote, salir corriendo en transición y luego armar la jugada desde la punta de la llave. Era un creador de jugadas, era genial en el uno contra uno, era genial en el aire, era como ballet en el básquetbol. Y eso le abrió las puertas a un montón de jóvenes como yo para probar eso. Fue como 'wow, esto puede funcionar', narró Julius Erving, otra leyenda de la NBA que lo tenía a Baylor como ídolo.

No era tan físico como LeBron James, "pero mi estilo de juego era similar", afirmó Elgin sobre la actual figura de los Lakers. Con alguien así a fines de la década del 50, es imposible no imaginar el asombro que generaba en los aficionados y el interés por verlo. Pero también era discriminado por más que sea una estrella de la NBA, y ya desde joven protestaba contra eso aunque no fuera fácil, con el movimiento de lucha por los derechos civiles en Estados Unidos recién comenzando. En enero de 1959, el novato Baylor se negó a jugar un partido en Charleston, West Virginia, después de que le nieguen alojarse en un hotel de la ciudad en el que si podían dormir sus compañeros de tez blanca.

Su nivel crecería en las dos temporadas siguientes (29,6 puntos y 16,4 rebotes de promedio un año, 34,8 puntos y 19,8 rebotes al siguiente) y se fueron aún más para arriba para la temporada 1961-1962: a pesar de tener que pasar la mitad del año en la base de Fort Lewis cumpliendo con su deber militar, jugando con los Lakers cuando le permitían salir, promedió 38,3 tantos por encuentro. Es, en toda la historia de la NBA, es el único jugador no llamado Wilt Chamberlain en superar los 38 tantos por partido durante una temporada completa (disputo 48 encuentros).

Durante sus primeros siete años en la NBA, Baylor tuvo una media de 30,2 puntos, 15,4 rebotes y 4,3 asistencias en partidos de fase regular. Él y Jerry West formaban una dupla tremenda que hicieron de los Lakers todo un suceso en Los Angeles, la ciudad a la que la franquicia se había mudado en 1960.

Ahí hay una marca importante en su carrera: en los Playoffs de 1965 Elgin, que ya tenía casi 31 años y arrastraba problemas físicos desde dos años antes, se lesionó seriamente una de sus rodillas en el primer partido de postemporada y quedó fuera de ella, sin la chance de disputar las Finales. Al año siguiente regresó y por primera vez no fue All-Star, pero en las Finales del 66 si se lució, promediando 25 puntos y 16,4 rebotes por juego. Esos números los mantuvo en fase regular hasta 1970, pero los Lakers no podían consagrarse ni juntando a él y Jerry West con Wilt Chamberlain.

En la temporada 1970-1971 Baylor apenas disputó dos encuentros, sacado de la cancha por una lesión en el tendón de aquiles, y al año siguiente lo intentó una vez más pero nuevamente sus articulaciones se negaron a acompañar su voluntad. Su nivel no era el mismo, el entrenador Bill Sharman lo iba a reemplazar en el quinteto titular por Jim McMillan y Baylor decidió dejar todo. "Por respeto a los fanáticos, a los Lakers y a mi persona, siempre quise actuar en la cancha al nivel de estándares que establecí durante mi carrera. No quiero prolongarla si no puedo mantener esos estándares", anunció. No se quedó esperando que le llegue el campeonato y eligió retirarse en el año en el que finalmente se consagraría campeón, aunque no se siente parte. "Estaba feliz de que ganen el campeonato, ¿por qué no lo habría estado? Me habría gustado ser parte de eso, pero me retiré", le dijo al respecto a The Undefeated en 2018.

Ese anillo que Baylor tenía como presea de algo no ganado por él terminó siendo subastado en el año 2013: su trayectoria quedó mucho más allá de una simple joya.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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