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Los Angeles Lakers

Los cinco mejores partidos de la carrera de Elgin Baylor en Los Angeles Lakers

"El impacto que tuvo Elgin Baylor en aquella NBA es equivalente a si hoy en día apareciera un jugador que realizara volcadas desde la línea del triple. Nos quedaríamos boquiabiertos y pensaríamos que esto no puede estar ocurriendo. El efecto que tuvo Baylor en sus contemporáneos fue el mismo". Así resumía Bill Simmons en su obra magna The Book Of Basketball la influencia que tuvo el nativo de Washington DC en todos aquellos que tuvieron la oportunidad de verlo en directo, rivales y aficionados. El manido recurso de adelantado a su tiempo se queda corto a la hora de hablar de Baylor en términos absolutos. Un jugador con un dominio absoluto del drible y que hizo de su mano derecha una extensión de sus propios ojos.

La importancia del perfil técnico del alero se encuentra en cómo era capaz de balancear su cuerpo rumbo hacia el aro, oscilando desde sus hombros hasta la punta de sus pies y consiguiendo encontrar líneas diágonales en sus dos pasos de finalización cuando la inmensa mayoría de la población de la liga solo podía aspirar al impacto frontal. Su privilegiado tren inferior le permitían parar y arrancar sobre drible, dejando sentados a sus perseguidores, especialmente en las anárquicas transiciones de aquella época, a lo que se une un especial mimo por el gesto final que define una conversión relacionando para siempre el reverso a una mano con su propia persona.

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Conocido como el Hombre de los Mil Movimientos, su interminable abanico de recursos sobre drible hacen de Baylor una pieza de museo, como un preludio de lo que el básquet y la propia NBA podían llegar a ser. Cuando tan solo los interiores eran capaces de jugar por encima del aro, el jugador de los Lakers marcó el camino para los aleros del futuro, sentando un precedente técnico y físico que se comprobaría en la década inmediatamente posterior a sus mejores años.

"Elgin no saltaba tan alto como Michael Jordan", dijo el ex jugador y compañero Tommy Hawkins al San Francisco Examiner. "Pero poseía la mayor variedad de lanzamientos que nadie. Podía tomar el balón, centrarse y lanzar desde todos los ángulos posibles. Hacía girar la pelota. Elgin tenía una fuerza increíble. Podía postear a Bill Russell. Podía pasar como Magic Johnson y superar a los mejores bases de la liga".

Inducido en el Hall of Fame en 1977 tras haber disputado ocho Finales de la NBA, ser once veces All-Star, diez veces All-NBA y Rookie del año en 1959, Baylor es uno de los ejemplos más ricos de excelencia en su contexto, cuyo perfil no ha de ser leído por sus conquistas colectivas o individuales sino por el poso que dejó en sus contemporáneos y generaciones sucesivas.

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Baylor desarrolló toda su carrera en un momento histórico sumamente complicado para los jugadores afroamericanos, y se convertiría en una de las primeras estrellas negras junto a Wilt Chamberlain o Bill Russell, conquistando en 1959 el primer MVP de un All-Star para un jugador afroamericano, además de tomar el testigo de Ray Felix, Maurice Stokes y Woody Sauldsberry como el novato del año.

Con motivo del 58º aniversario de su excepcional actuación en el quinto partido de las Finales de 1962 ante los Celtics, recopilamos desde NBA.com Global sus cinco mejores encuentros.

#1: Dominio como Rookie

Difícilmente pueda repetirse una campaña de novato como la que Elgin Baylor firmó en su primer año en los Minneapolis Lakers, consiguiendo 24,9 puntos, 15,0 rebotes y 4,1 asistencias, unos números que solo igualarían los jovencísimos Lew Alcindor, Oscar Robertson y Sidney Wicks en sus respectivas temporadas de debut.

La historia del primer año de Baylor, así como su llegada a la liga en la que los Knicks llegaron a ofrecer 100.000 dólares por sus derechos de Draft, está rodeada de una mística especial. Los Lakers le eligieron, más allá de por su talento, por su especial relación con el aro, siendo uno de los pocos jugadores afroamericanos en tener un rol tan importante en un equipo NBA, más teniendo en cuenta que en el momento en el que llegó a la competición apenas había 20 afroamericanos en la NBA.

De su año de debutante destaca, más allá del All-Star Game de Detroit donde se hizo con el MVP junto a Bob Pettit, la noche del 25 de febrero, cuando frente a los Cincinnati Royals de Jack Twyman, Baylor anotaría 55 puntos en 22 de 38 tiros de campo, sumando un total de 12 rebotes.

El alero dio un recital absoluto de juego al poste medio, haciendo gala de una repetitiva pero efectiva serie de fintas previas al ejercicio que le permitieron zafarse una y otra vez de sus perseguidores. Esto, unido a las suspensiones desde seis metros complicadísimas, le permitieron terminar con más de 50 tantos. Así, Baylor se convertiría en el primer novato en hacerlo y uno de los cuatro que lo ha conseguido en toda la historia junto a Chamberlain, Barry y Hayes.

#2: La conquista del Madison

Su magnífico año de novato solo pudo ser superado por dos temporadas todavía más salvajes. Tras el traslado de la fría Minnesota a Los Ángeles, Baylor mejoró considerablemente su rendimiento, al mismo tiempo que el equipo adquiría al que sería uno de sus estandartes en los años venideros como Jerry West.

La visita de los Lakers a Nueva York para enfrentarse a los Knicks el 15 de noviembre de 1960 pasará a la historia como una de las más espectaculares y perfectas de todos los tiempos. Todos tenemos en el recuerdo los míticos 100 puntos de Wilt Chamberlain o los 81 de Kobe Bryant. Mientras en el primer caso la superioridad física era gigante, en el segundo la línea de tres puntos le entregó 21 extra al cómputo final.

En el caso de Baylor, cerraría ese encuentro en el Madison Square Garden con 71 puntos y un 58% de acierto en tiros de campo, en una puesta en marcha inédita de recursos para anotar que se tradujo en una victoria por 123 a 108. Este encuentro se convertiría en su máximo de carrera, además de superarse a sí mismo como la máxima anotación en un solo encuentro (64) conseguida en 1959 ante los Celtics.

Solo cabe imaginar qué habría sido de este partido si hubiese existido la línea de tres puntos.

#3: Duelo espectacular

Siempre se alaba la capacidad de Wilt Chamberlain para acumular récord tras récord y destruir cualquier registro previo de volumen en un partido o temporada, pero a menudo se olvida que el interior primero tuvo que superar al hombre récord por excelencia de su época: Elgin Baylor. Tan solo tres jugadores en toda la historia, los dos antes mencionados y George Mikan, han conseguido un doble-doble de más de 60 puntos y 30 rebotes, siendo Baylor el único alero que protagoniza la la lista, haciendo todavía más destacable su actuación.

Aquel encuentro, sucedido el 8 de diciembre de 1961 en la visita de los Lakers a los Philadelphia Warriors, dejó un duelo irrepetible entre las estrellas de los dos equipos, pues Wilt Chamberlain terminaría esa noche con 78 puntos y 43 rebotes, y Baylor con 63 tantos, 31 capturas y lo más importante: la victoria.

Una noche que se alargó por encima de las 3 horas y que tuvo que resolverse en una triple prórroga en un monólogo a dos bandas entre las estrellas de Lakers y Warriors.

#4: Poniendo contra las cuerdas a Boston

La temporada 1961-1962 supone un asterisco en la carrera de Baylor, pues tan solo disputó 48 partidos en todo el curso, pero qué 48. El jugador de los Lakers solo disputaba los encuentros que se jugaban en fin de semana y no entrenaba con el equipo. ¿La razón? Se encontraba realizando el servicio militar en la US Army Reserve en el estado de Washington.

De lunes a viernes dormía en un barracón con el resto de soldados y cuando llegaba el fin de semana se cruzaba el país en avión para acudir con el equipo, ya fuese como local o visitante. Una extenuante rutina que lo llevaría a viajar en plena noche y sin dormir para estar sin falta el lunes a primera hora para el alzamiento de bandera en el fuerte de Washington.

Pese a todas las complicaciones, el alero de los Lakers terminaría promediando 38,3 puntos, 18,6 rebotes y 4,6 asistencias, y sin optar al MVP que iría a manos de Bill Russell por segundo año consecutivo.

Así llegamos a las Finales de ese año en donde los californianos optaban a ganar el anillo frente a los dominantes Boston Celtics, vigentes campeones. Con la serie empatada tras cuatro encuentros, con Elgin promediando más de 35 puntos por noche, en el quinto encuentro disputado en el icónico Boston Garden sucedió la magia. El 14 de abril de 1963, Baylor escribió su nombre en la historia de las Finales para siempre, al ser capaz de anotar 61 puntos en 21 de 46 tiros de campo, para liderar a los Lakers a tomar la ventaja en la serie al vencer por 126 a 121 en un final increíble.

De nuevo, un recital de suspensiones a la media vuelta que ni el mejor KC Jones pudo poner freno para conseguir la que es hasta la fecha la única actuación por encima de los 60 tantos en la historia de las Finales de la NBA. "Todo lo que recuerdo es que ganamos el partido", dijo Baylor años después. "Nunca pensé en cuántos puntos tenía".

Una sobresaliente demostración individual que no le sirvió para evitar el descalabro en los dos siguientes encuentros, donde los Celtics supieron jugar bien sus cartas y aislar a Baylor para conseguir su quinto anillo.

#5: Imparable contra los campeones

Al año siguiente, el alero de los Lakers se tomaría su venganza tras la derrota en las Finales, firmando uno de sus últimos grandes encuentros al acabar con 50 puntos, 15 rebotes y 11 asistencias para consumar una remontada épica en el Boston Garden. Baylor asumiría como nadie la ausencia de Jerry West en aquella ocasión, liderando a los californianos con el undécimo triple-doble del que se tiene registro en su carrera.

El nativo de Washington terminaría ese año con un promedio de 34 puntos, 14 rebotes y 5 asistencias, volviendo a caer frente a los Celtics en seis partidos en una de las mejores Finales de la historia de la liga.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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