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Brooklyn Nets

La integración de las estrellas y la cultura de una franquicia: la batalla por encontrar al entrenador adecuado en la NBA

El 6 de mayo de 2014, apenas tres días después de caer en Primera Ronda, los Golden State Warriors anunciaban el despido del entonces entrenador Mark Jackson. Dos años más tarde, el 22 de enero de 2016, los Cleveland Cavaliers hacían lo propio con David Blatt, solo que éste era cesado a mitad de temporada.

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Poco más de un año después para Golden State y menos de medio año para Cleveland, ambas franquicias celebraban el título de campeones. Steve Kerr por un lado y Tyronn Lue por otro. Encontraron a los entrenadores con los que funcionar en situaciones de máxima competitividad, pero sobre todo, aquellos con los que dar el salto al siguiente nivel.

El despido de Kenny Atkinson apenas sorprende en los alrededores de la liga, según comentan diferentes insiders en medios como The Athletic, aunque sí lo hace su timing. Como previa del duelo entre Brooklyn Nets y Los Angeles Lakers, reflexionamos sobre las demandas de las estrellas, la cultura de las franquicias y el puesto de entrenador en la NBA.

Dar tiempo y cuidar la imagen de un gran entrenador

Quedan 20 partidos de temporada regular, ¿por qué cortar ahora a Atkinson? Este verano apunta a ser uno de cambio en los puestos de entrenador de la mejor liga del mundo. Ocurre cada cierto tiempo, como señala Zach Lowe en su podcast.

Knicks y Nets buscarán nuevos inquilinos, al igual que otras franquicias que romperían sus contratos con sus actuales entrenadores en pos de un cambio en verano. Y escasean los grandes entrenadores. De hecho, se mira ya desde hace algún tiempo a nombres como Darvin Ham, Ime Udoka o David Vanterpool, todos ellos asistentes. Pero sin duda será Atkinson uno de los más codiciados. No tardará en encontrar trabajo.

Kenny ha mostrado en las tres temporadas anteriores ser excepcional a la hora de crear una "cultura". Esta palabra se ha repetido infinidad de veces durante los últimos años en Brooklyn, ahora prácticamente nada. Atkinson sabe trabajar el talento, dar rienda a los jóvenes y ayudar a los jugadores a elevar su nivel de juego. Desarrollar es lo que sabe hacer y eso es justo lo que los Nets no necesitan más.

La era de la "cultura", del "Next Man Up", termina en los Nets. Terminó con las llegadas de Kyrie Irving y Kevin Durant. El propio General Manager Sean Marks explica que esta salida de mutuo acuerdo era evidente desde hace meses. Lo mínimo era darle tiempo a Atkisnon para ver qué posiciones quedan libres y para organizar su vida. Además de, claro, salir de la franquicia con su imagen intacta.

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La cultura de las estrellas

Tras perder por 39 puntos en casa contra los Grizzlies, los Nets tuvieron una reunión el pasado 4 de marzo. Era el momento de hablar sobre los problemas, airear la situación para continuar. Según The Athletic, Spencer Dinwiddie y DeAndre Jordan recibieron toques de atención, pero lo más llamativo tuvo lugar en la intervención de Kevin Durant.

Sin jugar desde Las Finales, todavía no se ha enfundado la camiseta de Brooklyn en un partido oficial. El reloj de la franquicia está parado hasta su vuelta, momento en el que comenzará la ventana de anillo de estos Nets. Mientras, pese a no jugar y con todas las dudas que siempre dejó su liderazgo, Durant habló claro: necesitaban mejorar sus hábitos y construir de forma apropiada lo que requiere un título. Algo que no habían hecho hasta entonces.

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Esta es la realidad. Por mucho que los Nets de Atkinson sorprendiesen y realizasen una reconstrucción de libro, en tiempo récord. Por mucho que jugadores como D'Angelo Russell, Joe Harris, Spencer Dinwiddie, Caris LeVert o Jarrett Allen hayan (re)lanzado sus carreras bajo la etiqueta de la "cultura" y la confianza de Kenny, estos Nets ya no son esos Nets.

Según las informaciones de insiders más relevantes, con ESPN y The Athletic al frente, Atkisnon fue perdiendo fuerza en el vestuario con el paso de los meses. En ningún momento Durant o Irving pidieron su despido, pero tampoco lo frenaron. Son dos jugadores que han levantado el Larry O´Brien y que deben liderar a la franquicia hacia uno. Saben lo que hace falta y su legado estará en juego desde el próximo curso.

Era inevitable que el cambio de entrenador se diese.

El choque de clases

Cada vez que una estrella entra en un equipo cambia todo. Lo hizo LeBron James en su vuelta a Cleveland (David Blatt) o en su llegada a los Lakers (Luke Walton). Ocurre este curso en unos Clippers donde la clase media tiene que integrar las influencias de Kawhi Leonard y Paul George. Un equipo orgulloso de su pasada temporada sin All-Stars y que se reestructura con dos de la máxima categoría.

Incluso cuando James, Chris Bosh y Dwyane Wade se unieron en Miami, la cultura del Heat tembló. Hay muchas historias acerca de que LeBron pidió el despido del inexperto Erik Spoelstra en favor de un entrenador con más tablas. Cierto o no, en la franquicia de Florida la cultura va más allá. Es diferente. Y, por supuesto, no al frente de todas las casas tienen a alguien de la talla de Pat Riley.

Los Clippers, por ejemplo, cuentan con un consagrado y respetado Doc Rivers. Inlcuso los Celtics, que vivieron la pasada temporada una complicada por la integración de los egos, mantienen a Brad Stevens porque tiene los galones necesarios, porque este curso con Kemba Walker la situación está encauzada de nuevo.

Sin embargo, Atkinson es todavía un "entrenador B". Extraordinario en lo suyo, pero quiso morir con sus ideas en Brooklyn. Decisiones como poner a Jarrett Allen por delante de DeAndre Jordan en la rotación parecen marcar la línea en la que Kenny se ha movido: seguir repartiendo el juego e imponiendo el criterio deportivo. Porque sí, no hay ninguna razón estrictamente deportiva por la que Jordan esté por delante de Allen.

El caso de Spoelstra es quizás el más obvio. Miami se quedó con su entrenador, con el que supieron ganar. Una vez las estrellas se marcharon, Spo seguía ahí. Así cuentan ahora con una de las parejas directiva-banco más poderosas de la competición: Spoelstra y Riley. Quizás en Brooklyn la situación era de mayor diferencia que en su día en Miami, y eso que Kyrie apenas jugó y Durant ni debutó, pero las redes de seguridad en Florida eran mayores.

Ahora Brooklyn tiene que encontrar a su "entrenador A". No necesita ser el mejor táctico o el mejor con la pizarra, pero sí el ideal para gestionar un vestuario con dos de las estrellas más diferenciales y complejas del universo NBA. Y ante esta situación solo existe una premisa: el escenario es una enorme incógnita.

Los Nets dejan marchar un excelente entrenador que todavía debe demostrar que puede ser "A". Aunque en estos Nets no tuvo la oportunidad, seguro que en otra franquicia la tendrá. Quizás en 10 años, si se encuentra en una situación similar, podrá imponer desde el minuto uno su cultura porque cuenta con los galones. Ahora mismo y en este equipo, necesitan otro perfil.

"Me hubiese encantado tener a Kenny aquí a largo plazo", decía Marks en rueda de prensa tras la decisión. "Era el momento de tener otra voz en el vestuario".

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Al final la cultura la marcan los jugadores. La franquicia de Brooklyn vendió su idea de forma acertada, es lo que tenían como gran activo. Atkinson fue junto a Marks el mayor exponente de la misma, de una fase que culminó en las firmas de Kyrie y Durant.

Los Nets traerán en verano a un entrenador con experiencia. Una figura que tenga el respeto de Irving y KD y que vean como un buen manejador de egos. La "cultura" de Brooklyn no ha muerto, simplemente ha cambiado. Porque los jugadores son ahora de otra categoría y precisan de una figura que el bueno de Kenny -todavía- no es.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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