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Finales NBA 2019: La historia de Kawhi Leonard, el MVP que frenó a LeBron James en 2014

"Si no nos habla a nosotros no van a pretender que hable delante de un montón de periodistas". La sentencia era clara, Tim Duncan reflejaba una realidad evidente: la kriptonita de LeBron James era un híbrido de ser humano y robot, parco en palabras y destructivo con el balón en las manos.

Apenas habían pasado unos minutos de alegría desatada en el AT&T Center de San Antonio y el propio Duncan abrazaba por detrás a Kawhi Leonard ya en los vestuarios. La imagen, fraternal desprendía una carga emocional que poco o nada tenía que ver con la propia victoria. Leonard rompía a llorar tras el abrazo de Duncan, ya consciente de lo que representaba lo conseguido. Aquel 16 de junio de 2014 los Spurs ganaban su último anillo, Kawhi se coronaba ante toda la NBA y, además, era el día del padre.

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Un capítulo de la vida de Leonard tan masticado que parece haber hecho perder intensidad al momento en sí. La personalidad tan retraída, la ética de trabajo y su inagotable sed de mejora conducen siempre a sus orígenes en California, a las horas de trabajo junto a su desaparecido padre. "Ha tenido un significado especial para mí ganar el título justo en el día del padre", decía Leonard tras el Juego 5 ante Miami Heat. "Mi padre murió hace seis años y tampoco es que estuviera pensando en él durante el partido", algo que cambiaría radicalmente una vez que el confeti empezó a depositarse sobre el parqué.

La desgracia familiar que supuso la pérdida de su padre Mark forjó un antes y un después en la vida de Kawhi, quien desde ese momento convertiría su fuero interno en una incógnita. Tras esos grandes ojos color marfil se escondía una promesa por cumplir y la necesidad de encontrar cobijo en el básquet. "Me ayuda a alejar mi mente del mundo", comentaba el Leonard adolescente para el LA Times en 2008, "me hace levantarme cada día cuando estoy de bajón".

Seis años distanciaban aquel partido entre Riverside King y Compton Dominguez y el Spurs contra Heat de 2014, pero el mantra continuaba siendo el mismo, el dolor seguía latente. Tras caer en los brazos de su madre en aquel 19 de enero de 2008 y el mar de abrazos, empujones y aplausos que le acordonaron en 2014 había pasado un mundo: "Estaría muy orgulloso, trato de jugar lo más duro que puedo cada noche. Así es cómo mi padre lo hubiera querido".

El momento

El atril estaba colocado en el centro, cada jugador con las clásicas gorras de campeones. Los internacionales de los Spurs con sus banderas nacionales, Ginóbili, Duncan, Belinelli, Diaw… A un extremo de la escena, lejos del plano televisivo centrado en el comisionado Adam Silver estaba Leonard.

Dentro de su mundo, Leonard no esperaba ser llamado a filas, pero tras haberse convertido en el "motor que nos llevó hasta aquí", como reconocería Popovich a ESPN, Bill Russell entregaba el premio al MVP de las Finales a Kawhi.

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Entonces entraba en cólera. Gritaba al aire, sus músculos se contraían. Una premonición de lo que sería aquel buzzer beater ante los 76ers. Leonard miró al cielo durante unos instantes en un plano que apenas captó la televisión y solamente fue relatado por los allí presentes, cumplía su promesa. "En ese momento, solamente estaba feliz".

La kriptonita californiana

Miami Heat era el equipo a batir. La anterior ocasión en la que se habían visto las caras había acabado sumamente mal para los Spurs: un Juego 7 de infarto, un gancho fallado por Duncan y el triple de Ray Allen en el Juego 6 todavía resonaban en la mente de los de Popovich.

Pero San Antonio todavía guardaba un as bajo la manga. LeBron James venía en el mejor momento de su carrera. Dominador del juego, mano ejecutora de un sistema creado a su imagen y semejanza que le rodeaba de un elenco de tiradores de élite y un entramado defensivo impecable. El as bajo la manga no era otro que Kawhi Leonard, que durante los dos partidos de temporada regular de 2014 había conseguido inutilizar a LeBron. 19 y 18 puntos que contrastaban con los 27 que promedió a lo largo de toda esa campaña, y es que Leonard había sido su sombra en esos dos enfrentamientos, especialmente el del 6 de marzo en el que le dejó en 6 de 18 en tiros de campo.

La mejora en el desplazamiento lateral e interpretación de los espacios de Leonard de 2013 al año siguiente le había permitido alcanzar un escalón a la altura de pocos. Su trabajo de negación del balón, de acortamiento de la dimensión de ejecución de la que dispuso James en las Finales resultó vital.

Premonitorio de lo que ocurriría en esa serie fue el primer encuentro, en el que un exhausto LeBron acabó abandonando el encuentro antes de tiempo por lo que él llamó calambres, pero que tenía más que ver con la influencia de Kawhi que con la historia del aire acondicionado del AT&T Center.

La historia se repetiría como un rosario a partir del Juego 3, donde Leonard elevaría su juego a la perfección ofensiva y defensiva. El stopper se convirtió en estrella y su efectividad cumpliría los sueños del veterano Popovich. En ese J3, James realizó 73 toques en ataque, intentando tan solo 14 lanzamientos. Todo ello defendido por Leonard en el 65% de las posesiones, una noche en la que LeBron acabaría con 22 puntos.

Ese tercer encuentro fue un punto de inflexión en la serie ya que veríamos la explosión ya mencionada del joven californiano. De promediar 9 puntos en los dos primeros encuentros pasó a 23,6 en los siguientes 3 choques, rozando el 70% de acierto en tiros de campo.

Un cambio de paradigma que le dio la energía necesaria a los veteranos Duncan, Parker y Ginóbili para conquistar el quinto anillo de la franquicia.

El 10 de junio de 2014 se forjaba el Leonard que conocemos y cinco días después la estrella irrumpía en el Olimpo de la NBA, destronando al Rey y desterrándolo de Miami rumbo a Cleveland. ¿Qué nos dará en este 2019 con Toronto Raptors?

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