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Los orígenes de la NBPA y el largo camino hasta el boicot del NBA All-Star de 1964

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El motor de la historia es el conflicto entre empleado y empleador, entre quien trabaja para y quien trabaja por. El deporte no es más que otra parcela donde se dan situaciones de este tipo, porque, en definitiva, esto también es un trabajo, con sus peticiones de mejora, demandas colectivas y convenios. El baloncesto profesional ha evolucionado en términos mercantiles, económicos y de exposición a pasos agigantados desde 1990 y en el caso concreto de la NBA se ha ido dotando cada vez de más medios e interconectando diferentes agentes dentro de la sociedad norteamericana, para hacer de ella una de las entidades deportivas más progresistas del mundo, siendo en muchos aspectos vanguardia. De la colisión antes mencionada sabe mucho esta liga porque con el irremediable paso del tiempo se han producido circunstancias en las que la mediación con la National Basketball Players Association (Asociación de jugadores o sindicato de jugadores) se ha vuelto imprescindible y vital para el avance y la solución de las problemáticas que se han dado.

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Esta relación en la actualidad goza de una perfecta salud. Los renovados liderazgos de los que somos testigos a día de hoy, con Adam Silver como principal responsable de la NBA al ser su Comisionado y con Michele Roberts como la Directora ejecutiva del sindicato, han establecido una conversación constante y fluida, llegando a importantísimos acuerdos y, sobre todo, a consensos. Esto se ha podido comprobar de primera mano en el desarrollo de los acontecimientos que se han ido produciendo a raíz de la suspensión de la temporada el pasado mes de marzo por el avance del coronavirus, así como en las diferentes negociaciones para tratar de impulsar un cambio y visibilizar las luchas políticas y sociales contra el racismo y la brutalidad policial que en la actualidad están en boca de todos.

Sin embargo, esto no fue siempre así. No siempre la relación entre patronal y sindicato fue sinónimo de buena relación y es que la NBA ha avanzado a pasos agigantados desde 2014 bajo el mando de Silver, quien aprendió de uno de los mejores negociadores como fue David Stern, anterior Comisionado y que rigió la liga desde 1984 superando 4 lockouts e innumerables disputas de diferente índole. Con Stern la relación entre la liga y la NBPA comenzó a cambiar de signo y pasó a convertirse más bien en una conversación y no en un intercambio de pareceres. El brillante abogado neoyorkino ya había conocido la 'Cara B' de todo esto gracias a su intervención como representante legal de la liga en la disputa con la Asociación en el caso por la eliminación de la cláusula de reserva, por la cual los jugadores no podían cambiar de equipo libremente sino que estaban sujetos a un contrato vitalicio. De las relaciones fraguadas en el transcurso del caso que acabaría derivando en la llamada Oscar Robertson Rule, ayudarían en adelante a que Stern cayese en gracia entre los jugadores más influyentes así como con ejecutivos del sindicato como Larry Fleisher.

Antes de Stern y de Silver, la NBA estaba muy lejos de ser lo que conocemos en la actualidad, no ya solo en términos mercantiles, de pura evolución del juego o de impacto en la sociedad, sino en su propio desarrollo interno. El salario más alto en 1958, según Sport Magazine, era de entre 30.000 y 20.000 dólares anuales, algo que alcanzaban figuras como Bob Cousy, Bill Russell o Bob Pettit, algo que iría progresivamente cambiando con la entrada de Wilt Chamberlain, que elevaría sus ganancias y las de las estrellas considerablemente hasta llegar a los 100.000. Pero la gran masa que componía la NBA solo podía soñar con cantidades semejantes, pues el ingreso medio era de unos 8.000 al año con unas dietas muy reducidas para los viajes, condiciones de transporte impensables en la actualidad y sin ningún tipo de cobertura médica o de salud, según la propia NBPA.

Las historias de los viajes entre ciudades de aquellos años rozan lo inverosímil, como aquella relatada en el libro 101 Historias NBA de Gonzalo Vázquez (pág. 28, Ediciones JC, 2013), en la que se contaba la particular odisea que los equipos tenían que superar cuando viajaban de noche a Fort Wayne, antiguo hogar de los Pistons. "Había que despertar a los jugadores, que medio dormidos salían del vagón, cargaban con el equipaje a cuestas y veían como el tren desaparecía. (...) A una milla de distancia las vagas lucecitas tintineantes de un pueblo. Esas luces servían de guía para emprender la marcha campo a través. Una vez ahí debían arrojar piedrecitas a una mujer que les esperaba. Acto seguido se repartían en los coches para recorrer los 65 kilómetros de vía comarcal que les separaban de Fort Wayne".

Con estos alicientes, en 1954 Bob Cousy se dispuso a conformar una asociación de jugadores que sirviese de contrafuerza a la NBA en busca de mejorar las condiciones laborales de sus compañeros de profesión, convirtiéndose así en el primer sindicato de una liga deportiva. Para hacerlo posible, la figura de los Celtics escribió una carta a los hombres más representativos del resto de las franquicias con el objetivo de recabar los apoyos y el dinero suficiente para contratar asesoramiento legal: Paul Arizin de Philadelphia, Carl Braun de Nueva York, Bob Davies de Rochester, Paul Hoffman de Baltimore, Andy Phillip de Fort Wayne, Jim Pollard de Minneapolis, Dolph Schayes de Syracuse y Don Sunderlage de Milwaukee. "Fui al despacho de Walter Brown (dueño de los Celtics) y le dije que era uno de los mejores ejecutivos de toda la liga, pero creo que necesitamos una voz en la mesa, los jugadores necesitamos representación y soy el único que puede llevar a cabo eso. No te lo tomes personal. Brown me dio su bendición y me puse a ello", decía Cousy en una entrevista con NBC Boston. Todos los jugadores aceptaron de buen grado la propuesta de Cousy salvo Phillip de los Fort Wayne Pistons, cuyo propietario (Fred Zollner) quería evitar a toda costa la creación de un sindicato y persuadió a sus jugadores de adherirse a la causa.

La primera reunión entre Cousy y Maurice Podoloff, presidente de la NBA en aquel momento, se produciría en el All-Star Game de 1955, celebrado en el Madison Square Garden, donde el base le trasladó una serie de peticiones:

  • Pago de los salarios atrasados a los ex-jugadores de los Baltimore Bullets.
  • Un máximo de 20 partidos de exhibición al año y el reparto de las ganancias entre los jugadores.
  • Eliminación de la multa de 15 dólares por silbar en un partido.
  • Pago de 25 dólares por apariciones públicas que no sean en medios de comunicación o actividades caritativas.
  • Creación de una junta de mediación imparcial para la resolución de dudas.
  • Pago de los gastos de transporte y mudanza en caso de traspaso.
  • Distribución de los pagos de los jugadores en 10 cuotas en lugar de 12.

Podoloff acordó el pago de una parte de los salarios a los ex-jugadores de los Bullets y le dio su palabra a Cousy de que volverían a reunirse dos semanas después para darle una respuesta al resto de sus demandas. Sin embargo, las negociaciones no llegaron a buen puerto y la Junta de Gobernadores desestimó el reconocimiento de la NBPA como sindicato en aquel momento, dejando en agua de borrajas todo lo discutido. No sería hasta 1957 cuando un astuto movimiento de Cousy tratando de aliarse con la AFL-CIO, la mayor unión sindical de trabajadores del país, puso contra las cuerdas a los propietarios que finalmente acordaron una dieta de 7 dólares por día y otros gastos de transporte, no más partidos de exhibición 3 días antes del inicio de la temporada o antes de un partido de temporada regular, solo 3 partidos de exhibición por equipo al año, gastos de mudanza en caso de traspaso, además de un canal de comunicación entre la liga y los jugadores para la mediación en caso de disputa.

Al término de la temporada 1957-1958 Cousy abandonaría el cargo de Presidente de la asociación dando paso a su joven compañero Tom Heinsohn, que acabaría siendo una de las figuras más importantes de la historia del sindicato por su relación con Larry Fleisher, que en 1962 se convertiría en el principal asesor legal y en última instancia director ejecutivo que guió a los jugadores a conseguir hacer realidad buena parte de las demandas hasta llegar al elemento disruptor que daría lugar al reconocimiento de la NBPA y la consecución de otras mejoras en la vida de los jugadores: el All-Star de 1964.

La ventisca

Llegados al 14 de enero de 1964, el frío asolaba la ciudad de Boston, lugar donde iba a celebrarse el All-Star de aquel año. La ventisca en cuestión, catalogada como una de las más fuertes según el Servicio Nacional de Meteorología de EE.UU., llegó a generar rachas de más de 95 kilómetros por hora y casi un metro de nieve acumulada. En ese contexto los jugadores repartidos por toda la geografía norteamericana debían acudir sin demora a la cita en el Boston Garden.

La importancia de este evento, más allá de por reunir a los mejores talentos de la liga, reposaba en el hecho de que iba a ser retransmitida a nivel nacional en la ABC por primera vez en la historia de la NBA, por lo que dar una imagen impoluta y un gran espectáculo era una necesidad. Un clima acorde a la gélida relación que mantenían empleador y empleado en aquel momento meses después de que el nuevo Presidente de la NBA, Walter Kennedy, no cumpliese con su promesa de realizar una reunión con Junta de Gobernadores antes del inicio de la temporada en un hotel de Stamford, Connecticut, en donde Heinsohn iba a defender una de las peticiones más importantes para los jugadores: un plan de pensiones para jugadores retirados.

Heinsohn, Petit (vicepresidente), Bill Russell, Lenny Wilkens y Larry Fleisher se reunieron con Kennedy en la habitación de su hotel alrededor de las 17:50 para exigir una reunión con los propietarios en donde se acordase por escrito el desarrollo de un plan de pensiones y una serie de mejoras en las condiciones laborales que tuviese carácter retroactivo. Kennedy se negó, consciente de que los dueños no iban a acatar semejante medida, impulsados por la determinación del dueño de los Pistons según relató el NY Times en la época. Así, los jugadores acudieron rumbo al hotel para hablar con el resto de los participantes del evento antes de partir al Boston Garden.

- No hay mejor momento para un boicot.

Expresó Heinsohn incitando a sus compañeros a unirse al bloqueo del evento.

- Siempre y cuando todos estén de acuerdo, Jerry y yo lo apoyamos. La realidad es que la mayoría de nosotros no nos hacemos ricos jugando en la NBA. Todos los jugadores que conozco tienen un segundo trabajo durante el verano. Lo que estamos pidiendo, lo que estamos exigiendo, representa un primer y pequeño paso. Un paso necesario.

Elgin Baylor y Jerry West, caras visibles de los Lakers, habían estado departiendo sobre la posibilidad de plantarse en el All-Star Game en caso de que no hubiera acuerdo en un viaje que habían tenido que retrasar al mismo domingo por la mañana debido a la ventisca. Fue entonces cuando Heinsohn sacó un documento en el que pedía a sus colegas que firmasen para expresar su deseo de no jugar hasta que sus peticiones fuesen aceptadas.

- Estamos boicoteando nuestro primer partido televisado a nivel nacional. Esto puede ser brillante o un suicidio.

Dijo Baylor a Heinsohn mientras firmaba el documento.

- Ya veremos.

- ¿Tienes suficientes firmas?
- Va a estar cerca.

De este modo, los jugadores pusieron rumbo al Boston Garden donde se iba a disputar el encuentro. Con los dos equipos unidos en un único vestuario y con una aprobación de 9 a favor por 8 en contra, con los dueños reunidos en un restaurante y sin visos de cambiar su parecer, el desenlace de esto apuntaba a ser dramático.

Alrededor de las 20:25, Walter Kennedy apareció en el estadio, siendo informado de la situación y bajando como una exhalación a hablar con los jugadores en una conversación que se fue a más de 20 minutos, es decir, al borde del inicio de la retransmisión y del propio partido. Según el propio Heinsohn, Kennedy llegó a decir en un momento concreto: "Chicos, no puedo comunicarme con todas estas personas. Están por todas partes. Pero doy mi palabra de que se tendrá lo que se busca".

"En ese momento, algunos de los propietarios intentaron entrar", relató Tom Heinsohn años después. "Pero le dimos instrucciones a la policía para que no dejaran entrar a nadie. Le dimos aviso a algunos dueños y algunos amenazaron con no volver a dejarnos jugar".

A pocos minutos de que todo se viniese abajo, Kennedy volvió a entrar en el vestuario a comunicarles las últimas novedades de los propietarios, asegurando que estos habían accedido a sus peticiones, tanto referentes al plan de pensiones como de mejora de las condiciones. "Nos pidió que jugásemos el partido de esa noche de buena fe", escribió Elgin Baylor en su biografía.

Los 20 jugadores allí reunidos iniciaron una votación sobre jugar o no con un resultado abrumador de 18 votos a favor por 2 en contra. Los jugadores habían conseguido lo que pedían y no solo eso, pues como consecuencia la Junta de Gobernadores reconoció al sindicato, teniéndole en cuenta de cara a posteriores negociaciones y pactos, abriendo así un nuevo horizonte y un ecosistema de diálogo y debate que sería llevado al siguiente nivel bajo el mando de Oscar Robertson.

A las 20:55, Bob Pettit comunicó entonces a Kennedy que jugarían el partido, iniciándose este con 15 minutos de retraso mientras las más de 13.000 almas que poblaban las gradas del Boston Garden dejaban una estampa para el recuerdo, clamando porque saliesen las estrellas mientras miraban a un parqué vacío.

El partido en sí, una vez solucionados los problemas, se desarrolló con total normalidad siendo la Conferencia Este la que se impuso por 111 a 107 al Oeste, con 26 puntos, 14 rebotes y 8 asistencias de Oscar Robertson, que se hizo con el MVP, siendo la segunda victoria seguida del Este tras la conseguida el año anterior. "Hubo algunas dificultades. Me alegro de que al final haya funcionado y todas las partes llegaron a un acuerdo", dijo Big O en 2017 a Hoop.

En 1965 entraría en vigor el plan de pensión, evolucionando este a lo largo del tiempo y se fundamenta en base al número de temporadas disputadas, pudiéndose percibir a partir de los 50, pero a los 45 pueden percibir una parte. Tras 10 temporadas jugadas, estos pueden recibir el máximo salario estipulado.

Esta tentativa de negarse a jugar sirvió como punto de partida para los siguientes 50 años de relaciones entre la liga y el sindicato, afrontando de manera conjunta las dificultades de los cambios que se han dado en el tiempo, en una constante interlocución entre dos partes que en no pocas ocasiones han tenido puntos de vista diametralmente opuestos y que, casi siempre, han encontrado la forma de llegar a un consenso. El movimiento liderado por los Milwaukee Bucks en la tarde del 26 de agosto es un capítulo más dentro de la dilatada historia de compromiso de los protagonistas del juego con el resto de la sociedad, demostrando que la frontera del baloncesto no está cercada por las cuatro líneas del campo sino que se extiende mucho más allá.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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