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The Last Dance

¿Cómo consiguió Jerry Krause el traspaso de Dennis Rodman a los Chicago Bulls?

La carrera de Dennis Rodman en la NBA es una de las más rocambolescas, insólitas y, al mismo tiempo, interesantes de todos los tiempos. Un atractivo que no solo despierta su faceta más extravagante en lo visual y en la práctica fuera de las canchas, sino también por su perfil como defensor insaciable y ávido reboteador, que hacían de él un jugador sumamente astuto en todo este tipo de situaciones, con o sin el balón en juego. Gracias a "The Last Dance" se está conociendo más en profundidad cómo fue cambiando su imagen desde un inocente novato a una pieza más del rígido ensamblaje de los Bad Boys, con un estilo que se convertiría en hegemónico a inicios de la década de los años 90.

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Sus idas y vueltas con Michael Jordan o Scottie Pippen en esa época quedan bien reflejados en los episodios 3 y 4 de la mencionada serie-documental, pero más tarde pondría rumbo a San Antonio Spurs a cambio de un paquete compuesto por Sean Elliot, David Wood y una primera ronda de 1996. Allí permanecería dos temporadas completas, pero su integración en un ecosistema más tradicional como San Antonio y orquestado alrededor de David Robinson no ayudó a la adaptación de Rodman, que entraría en una fase negativa en lo personal que facilitaría su salida.

El destino hizo posible que uno de los jugadores más odiados en Chicago y en el vestuario de los Bulls terminara recalando ahí el 2 de octubre de 1995.

Los motivos de su salida

Las personalidades de David Robinson y Dennis Rodman eran como el día y la noche. Uno, un perfecto soldado (nunca mejor dicho), con una ética de trabajo y disciplina que encajaba perfectamente en lo que tenía en mente Gregg Popovich en el momento que se inicia como GM de los Spurs. Otro, una supernova a punto de estallar que descubriría en su llegada a San Antonio una faceta de su carácter latente hasta ese momento, que había mostrado signos de ver la luz, pero que no se había materializado.

En primer lugar la imagen de Rodman en su nuevo destino cambió completamente al comenzar a teñirse el pelo con vistosos colores y a cortárselo con estilos agresivos, como una reacción individual al mal momento personal que estaba experimentando y que se había constatado en febrero de 1993 en el párking de The Palace en Auburn Hills. Un cambio de look que no sería muy bien recibido en el seno de Texas.

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En segundo lugar, el Gusano no tardó en hacerse notar en el vestuario por sus excesos y explosiones de ira en la cancha. En noviembre de 1993 lanzó una bolsa de hielo a su entrenador Bob Hill, tras ser expulsado en un partido de exhibición, y pronto chocaría frontalmente con el líder del grupo: David Robinson.

Como Rodman escribiría en su biografía Bad as I wanna be, existía un cierto proteccionismo según él hacia la figura del Almirante pues este no parecía ejercer como un líder en la práctica y se limitaba a dar un gran nivel en ataque dejando de lado la defensa.

"En el entrenamiento Bob Hill repetía todos los días: 'David, ¿crees que puedes contener a Hakeem en el duelo directo?' Y David simplemente se encogía de hombros y respondía 'pueden intentar ayudarme los demás si quiren'. Ni una sola vez dijo que podía contenerlo por su cuenta. Este tipo era el MVP de la liga y le estaban pagando 8 millones de dólares al año. Necesitábamos que diera un paso al frente y que por lo menos dijera que podía hacerlo. Se supone que debía ser el líder del equipo".

La inadaptación al clima que se había establecido en San Antonio sería una de las principales razones por las que la franquicia decidiría desprenderse de él antes de que su contrato expirase al término de la temporada 1995-1996. Antes, el procedimiento que siguieron Popovich y los Spurs con Rodman fueron suspensiones sin jugar y sin sueldo. "Si su conducta continúa como ha sido, desafortunadamente probablemente tendríamos que considerar una suspensión más seria para transmitir nuestro mensaje", dijo el técnico en 1994.

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"Espero que reciba el mensaje. Espero que vuelva al equipo con ganas de participar plenamente porque respetamos lo que puede hacer", añadiría Pop. Unas declaraciones que se producían después de que se dislocase un hombro en un accidente de moto, y de que sus continuos retrasos a la hora de llegar a entrenamientos y partidos afectasen al grupo.

Así, el ala pivote pasaría de disputar casi la totalidad de los partidos en su etapa en los Pistons y su primer año en Texas, a tan solo 49 en la 1994-1995, con 8 puntos y 19 rebotes de media. "En la cancha es un gran tipo para tener a tu lado", comentaría años después Robinson. "En el vestuario es una historia un poco diferente".

El destino

Tras el fracaso de las Finales de Conferencia de 1995 ante Houston Rockets, a la postre campeones, la relación entre ambas partes parecía rota, pero no tanto por lo deportivo como por lo personal. "Jugaré para cualquiera mientras me respeten", decía el ala pivote en una entrevista con ESPN. "No tengo ningún problema con Bob Hill. Jugaré para él". Sin embargo la gerencia de los Spurs había tenido suficiente Rodman por el momento y el 2 de octubre de 1995, la franquicia texana llegaba a un acuerdo con los Chicago Bulls para hacerse con el Gusano a cambio de Will Perdue.

El movimiento revelaba varias cosas. La primera que el valor de mercado que San Antonio consideraba que tenía el jugador que había capturado el 27% de los rebotes disponibles en sus dos temporadas ahí era comparable con un jugador que venía de promediar 4 puntos y 4 rebotes en ocho campañas en los Bulls. Para ser justos, Rodman, en aquel octubre de 1995, tenía ya 33 años y el rendimiento mostrado parecía conducirse directamente al ocaso de su carrera.

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Derivada de esa decisión de los Spurs de intercambiarle por un jugador de fondo de banco esto generaría en el Gusano una actitud de desmotivación y de enfado al mismo tiempo. "Me enfadé bastante porque San Antonio acababa de deshacerse de mí, casi por nadie: Will Perdue", contaba el ala pivote a ESPN. "Y yo me quedé como: ¿De qué demonios se trata todo esto?", agregaría.

Su desembarco no sería fácil. Jordan y Pippen no olvidaban las series de Playoffs contra Detroit y Jerry Krause, aunque tenía en cuenta su valor, reconocía que no era el tipo de jugador que encajaría en los Bulls. En el verano de 1995, tanto Jackson como Krause prepararon una lista de candidatos para ocupar el puesto de ala pivote y Rodman se encontraba en el último lugar por sus excesos fuera de las canchas. Una productiva charla entre Jackson y el jugador en la casa de Krause junto a su agente hicieron posible que este terminara siendo traspasado a los Bulls. Posteriormente, el técnico tendría una reunión con sus dos estrellas en la que accedieron a recibirlo y a integrarlo en el grupo a pesar de todo el pasado previo.

Una de las claves por las que el movimiento se acabó produciendo fue la predisposición que el Gusano mostró desde el primer momento por ganar y ser una pieza más del sistema de aquel equipo. "No tendrán ningún problema conmigo y serán campeones de la NBA", relataría años después Phil Jackson. Su extravagente faceta quedaría a un lado al interno del vestuario, pues pronto se mostraría como uno más, un jugador sensible y "de corazón generoso, que trabajaba mucho, jugaba con tesón y haría lo que fuese con tal de ganar".

Por otro lado, existía un problema añadido a la hora de traspasar por el jugador de los Spurs: su situación contractual. A Rodman le quedaba un año de contrato a razón de 2,5 millones y su renovación era lo que más parecía interesar al reboteador. "Solo le interesaba saber cuánto le pagaríamos. Respondí que los Bulls pagaban por rendimiento, no por promesas, y que si estaba a la altura de su potencial ya lo cuidaríamos bien", diría Jackson en Once Anillos. El elegido para el movimiento sería Perdue por su similitud salarial con el Gusano, y que facilitaría a la gerencia en adelante acordar una renovación con Rodman de 11 millones de dólares en un contrato que terminaría en 1998 con 36 años.

Una arriesgada maniobra orquestada por Krause y facilitada por el talante de Jackson, que podría haber supuesto un fatal error en las aspiraciones de los Bulls pero que en última instancia terminaría siendo una de las claves por las que se coronarían campeones entre 1996 y 1998.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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