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Entrevista a Juan Ignacio "Pepe" Sánchez, a 20 años del primer argentino en la NBA: "Lo veo como un hito increíble"

"Hoy lo veo con ojos más desde la experiencia, y lo veo como un hito increíble. No puedo creer que fuimos nosotros los que abrimos la primera puerta". Hubo un tiempo, no muy lejano, en donde la NBA era una tierra de fantasía para los argentinos. Un lugar en donde las estrellas parecían imposibles de alcanzar, donde ese básquet era apenas un reflejo que se podía ver (con suerte) por la TV o a través de algún video. Una situación alejada de lo que fueron las últimas dos décadas, donde la liga (en gran parte por el efecto Manu Ginóbili y Generación Dorada) penetró por completo en el corazón celeste y blanco, instalándose definitivamente. Ese mundo que hoy parece cotidiano tuvo un inicio de la mano del hombre de la frase inicial: Juan Ignacio Sánchez.

Hace 20 años, en aquel 31 de octubre del 2000, Pepe rompía las barreras de lo que parecía una fantasía: se transformaba en el primer argentino en disputar un partido oficial en la NBA, ingresando en el cierre del duelo que sus Philadelphia 76ers ganaron ante New York Knicks (101-72) en el Madison Square Garden. Por unos minutos le ganaba ese cartel a Rubén Wolkowyski, quien también se estrenó en la misma noche, con Seattle SuperSonics. Los primeros pasos de un camino que hoy tiene a 12 nombres nacionales con el honor de haber pisado una cancha NBA. Y la historia promete más páginas...

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Lo cierto es que Pepe, como dijo, abrió la puerta para todos. Y también abrió paso a los recuerdos en una charla con NBA.com en español. Con el imponente Dow Center de fondo en su ventana virtual (en tiempos de pandemia), el Presidente de Bahía Basket se prendió a una charla realmente imperdible. No sólo haciendo uso de la memoria para contar en detalle aquellos tiempos, sino para analizar varias situaciones con su habitual conocimiento e inteligencia.

-¿Qué se te viene a la cabeza de aquel momento? ¿Cómo fue la llegada, cómo se fue dando el proceso después de tu etapa universitaria?

-Cuando termino en la Universidad en marzo, empezó el proceso pre-Draft. Yo venía con una lesión muy jodida en un tobillo y cuando se hizo el pre-Draft en Chicago ni siquiera lo pude terminar por esta lesión. Mis sueños de Draft se desvanecían después de eso. A partir de ahí, era Europa o buscar la Agencia Libre mediante el campamento de veteranos en octubre. Juego la Liga de Verano en Philadelphia en julio, y tenía mucha relación con el equipo, era como parte de la familia por mi paso por Temple. Después de esa Liga de Verano, firmo con el Milano pero con la posibilidad de salirme si tenía un campamento de veteranos. Y ahí aparece. Termino yendo en octubre a la pretemporada a ganarme un puesto con un equipo con 15 contratos garantizados. Era bastante utópico, pero dije "es ahora o nunca" y me la jugué. Hice una gran pretemporada y de repente, 48 horas antes del debut me terminan confirmando que iba a ser parte del equipo y me daban un lugar entre los 15, y 24 horas antes del partido me dicen que iba a estar entre los 12. Termino debutando en un partido con la increíble carambola de sacarle 25-30 puntos a los Knicks. La lógica era que debute el Colo primero que yo, pero bueno, se dio así.

-¿Tiene algo especial el haber sido el primero de Argentina? Hoy parece bastante naturalizado unir a los argentinos a la liga, pero en su momento era bastante anormal.

-En su momento fue muy especial, era algo mágico, único e increíble, porque tampoco se vislumbraba con tanta claridad que venían atrás nuestro cinco jugadores pidiendo pista en la NBA. Atrás nuestro llegan Manu y después empezaron a llegar, Luis, Fabri, Carlitos y demás. Y en ese momento fueron muy especiales nuestros debuts con el Colo. Entrar en esas tierras desconocidas pero a su vez tan admiradas por todos, tan increíbles... Era un mundo al que nosotros no pertenecíamos, ni nada ni nadie a nuestro alrededor pertenecían. Con el tiempo se fue haciendo más natural, por una camada de jugadores increíbles y porque el jugador argentino se ganó el respeto a nivel mundial con todo lo que hemos hecho en la Selección y en Europa. Y me parece que hoy vuelve a ser especial, porque han pasado 20 años y uno empieza a tomar perspectiva. En su momento para mí dejó de ser algo especial porque vinieron los Manu, los Scola y conquistaron la NBA, y lo nuestro fue algo figurativo y divertido, pero hoy lo veo con ojos más desde la experiencia, y lo veo como un hito increíble, no puedo creer que fuimos nosotros los que abrimos la primera puerta, porque además era otro mundo, otra NBA. Creo que tiene mucho mérito.

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-¿Tuviste que adaptar algo desde el juego en ese momento en relación a lo que venías haciendo en Temple?

-Eso fue muy impactante para mí, era otro juego totalmente distinto. Yo venía de una universidad que jugaba posesiones muy larga, defendíamos en zona. Fue algo que a mí no me benefició mucho, sí en mi juego en general y en la experiencia de vida y todo, pero no para el juego NBA. Ahí tuve que aprender a jugar en posesiones mucho más cortas, en correr con la pelota... Fue un cambio grande. Físicamente me tuve que poner mucho más fuerte, porque era una NBA muy física y los golpes en el día a día, en entrenar y pasar las cortinas, era bravísimo. Fue todo un cambio, me hubiera gustado experimentarlo mucho más. Mi juego ya estaba muy moldeado hacia el juego europeo por mi paso en la universidad, y por eso cuando fui a Europa me adapté muy rápido. Pero si hubiera ido a una universidad con un juego de un estilo de mucho más ida y vuelta, hubiera sido mucho más fácil adaptarme.

-La transición y el camino NCAA no era muy común en ese entonces, pero año a año ha ganado terreno. ¿Qué le da ese camino a un proyecto latinoamericano que no le da otro camino más convencional para nuestras tierras?

-Es un camino muy particular. Cuando me preguntan los chicos jóvenes o chicas que también han tenido experiencias o aspiraciones de ir, siempre les digo lo mismo. Es muy particular, vos lo tenés que desear el ir allá. Primero porque tenés que estudiar sí o sí, entonces ya tenés que tener el deseo académico de estar ahí. Después, es un modo de vida, y tenés que tener el deseo de ser parte de eso, porque no es para nada similar a lo que es ser un jugador profesional, no tiene nada que ver una cosa con la otra. En la NCAA las temporadas son más cortas, convivís con miles de chicos de tu edad, tenés que lidiar con el estudio. Todo eso requiere un nivel de responsabilidad muy alto, y tenés que tener el objetivo muy claro respecto a lo que uno quiere hacer. Creo que los chicos que van son chicos que desde muy jóvenes tienen muy claro que quieren ese rumbo, y lo que te da esa experiencia es increíble. Vos salís de ahí a los 22 o 23 años con un idioma, una carrera si te lo tomás en serio, estudiás y la terminás... Y tenés toda la vida para ser profesional, pero ya estás estructurado para el día de mañana reinsertarte en el mundo con una lógica mucho más coherente que un deportista profesional, que vive una lógica mucho más irreal. Es una burbuja mucho más irreal que cuando terminás de jugar, vienen con un alfiler, te pinchan la burbuja y no se sabe bien dónde uno está parado. A mí me ayudó muchísimo en mi post carrera, en abrir la cabeza y ver que hay muchísimas más cosas después del básquet.

-Los 76ers terminaron llegando a las Finales NBA en aquella temporada. Cuando llegaste, ¿te encontraste con un equipo que sentías que estaba para eso, te sorprendió lo que terminó pasando al final de la temporada o veías potencial con Allen Iverson y demás para llegar lejos?

-La realidad era que era un equipo con mucha personalidad, con uno de los mejores entrenadores de la historia y encima en su nivel más alto, y con un jugador complejo como era Allen Iverson pero justo en su mejor momento, de hecho fue el MVP. Además, un grupo de obreros que hacían todo el otro laburo sucio de una forma excelente. Era un buen equipo, pero no veías que iba a llegar a las Finales, no veías ese tipo de contender, de los que decís al principio de la temporada que iba a estar arriba. Se fue construyendo la química, fue un equipo de muchísima química dentro del campo, y fue fluyendo todo hacia llegar a jugar la final. A mitad de temporada se hace un trade de Dikembe Mutombo por Theo Ratliff, que me acuerdo que en ese momento no lo entendí. Teníamos una química tremenda, estábamos ganando, íbamos primeros y ahí por primera vez empecé a entender la mirada desde el otro lugar, desde afuera de la cancha, de la gente que está pensando como lo que me toca hacer hoy a mí. Fui a preguntarle a Billy King, que era el GM y un gran amigo, y me pregunta "si llegamos a la final, contra quién creés que vamos a jugar". Yo le dije que asumía que contra los Lakers, y entonces me preguntó quién iba a defender a Shaquille O'Neal, porque nosotros queríamos ganar el campeonato. Ahí por primera vez vi cómo la gente está pensando la siguiente jugada. Fue como decir que esos que están adentro de la oficina están pensando los pasos hacia adelante. Fue impresionante.

-Mencionaste la palabra complejo al hablar de Allen Iverson. Quizás la mayoría de este tipo de estrellas tienen su complejidad. ¿Cómo era jugar, compartir equipo, entrenamientos y demás con una de las estrellas más particulares de la historia como fue él?

-Refuerzo lo que decís de que las estrellas son muy particulares. Pero cuando uno después ve desde al lado lo que es ser, estar en la piel de una estrella NBA, como puede ser con estrellas del cine, del rock o lo que sea, lo que es llevar el peso de una organización, de una ciudad, y lo que se les exige a ellos de estar día a día en cada estadio que van exigiéndoles su mejor versión, que la gente paga para verlos a ellos, a las estrellas. Lo impresionante es que lo hacen todas las noches. Eso es algo que uno a veces lo toma como por sentado, y es muy pero muy difícil de hacer. Por ende son personas diferentes, complejas, que tienen sus excentricidades, también tienen sus limitaciones a la hora de hacer una vida social. Me acuerdo que su vida social era absolutamente limitada. Yo o cualquier compañero mío llegaba a una ciudad y te ibas a comer a cualquiera restanrante, y él no podía. En su caso, me pasó de tener una relación muy especial, una excelente relación, conocí a una persona preocupada por sus amigos, por su familia, muy generosa. Sí, absolutamente compleja, pero porque también es difícil insertarse desde el mundo en que venía él, y de repente ser una de las personas más famosas de Estados Unidos y del mundo. Pero en su esencia tengo un recuerdo de una persona muy buena, y como compañero era excelente. Me tocaba defenderlo muchísimo en los entrenamientos, fue un tipo que cuando yo entraba en la cancha me daba confianza, se preocupaba, me decía "jugá, jugá, dale, jugá que vos sabés jugar". Eso no tenía por qué hacerlo. Y fuera de la cancha era un tipo fenomenal. Tengo un recuerdo muy lindo, ese año fue fantástico. Allen Iverson conmigo fue generoso, buen compañero y una gran persona.

-¿Cómo fue ser dirigido por Larry Brown?

-Larry es un entrenador por el cual tengo mucho cariño, es un genio del básquet y sobre todo una persona de la que aprendí que esto es día a día, que la única forma de ser mejor es serlo un poquito más cada día, no es todo de un bocado, un partido, sino que la consistencia es clave. Es un tipo consistente que exigía eso, consistencia. El cada día entrar a la cancha a ser un poquito mejor. Quizás llegábamos de un viaje largo, cansados, y nos decía a los más jóvenes "vengan a oler la cancha". Era muy dedicado a la parte técnica, a la fundamentación, se tomaba el tiempo con nosotros cuando además era el presidente del equipo más allá de ser el entrenador, y él venía y estaba con nosotros en el día a día de la parte técnica porque era muy dedicado a la mejora del jugador. De todos los entrenadores que he tenido y de las cosas que hoy aplico acá en Bahía Basket, de él es una de las personas que más he sacado. Es un tipo que amaba el básquet, podría estar hablando horas de lo que aprendí de Larry Brown más allá de la táctica y de su sabiduría adentro de la cancha.

-¿Y cómo fue tener a un compañero como Toni Kukoc, en otro momento de su carrera pero todavía siendo un muy buen jugador?

-Toni fue un gran amigo, compartí mucho con él. Era uno de mis ídolos de chico, de los internacionales, porque tenía a mis ídolos locales como Milanesio, Cortijo y Richotti, que eran los bases que yo miraba. Pasó de ser uno de mis ídolos a un amigo. Fue alguien con quien compartí muchísimo, encima después nos canjearon juntos a Atlanta, así que después vivimos un mes juntos puerta con puerta de hotel, era convivir todo el día. Dentro de la locura de ese año de entrar a la NBA y conocer ese mundo, muchas veces yo estaba comiendo, lo miraba y no podía creer estar comiendo con Toni Kukoc. Era estar cenando con tu ídolo. En ese momento estaba con muchas lesiones de la espalda, así que terminaba el entrenamiento y se quedaba dos horas haciendo tratamiento, y como buen rookie me quedaba ahí esperándolo hasta que terminaba y nos íbamos juntos a comer. Fue un personaje que tuvo mucho que ver en ese año, además de ser un jugador extraordinario.

-En 2003, estando en Detroit, te toca jugar contra San Antonio y compartir cancha y enfrentarte a Manu Ginóbili. ¿Cómo fue ese momento, sobre todo desde lo simbólico por lo que compartieron a lo largo de sus vidas y carrera? ¿Y cómo fue, años después, encontrarte en un estadio viviendo el retiro de su camiseta, para tratar de palpar un poco la dimensión de lo que fue Manu para el afuera de Argentina?

-En ese partido tengo la sensación en el cuerpo como de decir "qué loco, realmente". Jugamos juntos desde los 12 años y de repente estábamos juntos en una cancha NBA. Lo que más recuerdo era compartir todo el día cada vez que jugábamos en contra. Incluso mientra él seguía jugando y yo estaba en Los Angeles retirado pero trabajando allá. Es muy difícil dimensionar lo que significa Manu para la NBA porque no sólo significa mucho desde el juego, sino desde lo cultural. El tuvo un impacto muy fuerte en la cultura NBA, desde su predisposición a ser sexto hombre cuando no sólo en cualquier otro equipo hubiera sido titular, sino jugando cada año el All-Star. Los sacrificios que él hizo por San Antonio para construir lo que construyeron, tuvieron un impacto muy fuerte a nivel cultural. Su juego fue también muy disruptivo, y eso hizo mella muy grande en los jugadores jóvenes. Hoy las estrellas jóvenes de la NBA lo idolatran a Manu a los niveles de los Kobe y ese tipo de jugadores. Por eso es difícil de dimensionar. Nosotros acá lo vemos con el gran referente de Latinoamérica, sin duda, pero allá tiene otra dimensión que tiene que ver con esto, que lo consideren uno entre los mejores de la historia. Eso tiene un dimensión tan difícil de entender, porque cuando hablás de los mejores de la historia se ven los personajes que hay... Que nuestro referente no sólo haya sido un gran jugador NBA, sino que esté en el Olimpo de la NBA, es algo único. Como personaje en Estados Unidos es una persona absolutamente relevante en el mundo NBA, dentro y fuera de la cancha.

-Si tuvieras que darle un consejo al Pepe de la NBA, decirle algo que haga de manera diferente, ¿hay algo que le dirías o estás conforme por cómo manejaste tus pasos allá?

-Sí, hay cosas que hubiera hecho diferentes. Una es, que va más hacia la carrera en general, el hecho de disfrutar. Es algo que trato de decirles todo el tiempo a los chicos, que disfruten del juego y de la posibilidad que tienen de vivir esta vida. Como decía justamente Larry Brown, que llegaba todas las mañanas y decía "vamos muchachos, que otros tienen que ir a trabajar". Es una buena forma de ponerlo en perspectiva. Pero sobre todo disfrutar del juego, porque cuando mejor jugás es cuando más disfrutás. Cuando vos estás en modo disfrute, pelota, sonrisa, como un nene porque estás jugando a lo que a vos te gusta jugar. Esa es una de las cosas que trato de decirles a los chicos todo el tiempo, que no caigan en la cáscara, en todo lo superfluo que distorsiona el juego en sí. Ante todo somos jugadores y hay que jugar, y se juega cuando uno está contento y tiene ganas de jugar, cuando está inspirado para jugar. Y lo otro que hubiera cambiado es que hubiera sido más agresivo en mi juego en la NBA. Pero tampoco tuve los estímulos, venía de una universidad con otro estilo de juego. Y lo que trato de inculcarles a nuestros jugadores es ser muy agresivos, más en el básquet de hoy, en el sentido de estar en permanente modo de ataque. Yo creo que tenía el talento para hacerlo, pero simplemente estaba preocupado por hacer jugar al equipo, era otra época. En la NBA si no sos agresivo y buscás tu generación de puntos y juego, no es el lugar para vos. Esas son las dos cosas, entre tantas otras. Creo que uno hace lo que hace y comete los errores que comete en su vida y carrera para después poder trasladarles a las siguientes generaciones muchas informaciones y sabiduría sobre qué cosas no volvería a hacer.

-Entendiendo a la NBA como algo mucho más que una liga o torneo deportivo, y mirando desde tu lugar dirigencial y de gestión actual, ¿qué puede sacar un dirigente, alguien que está al frente de un proyecto, del modelo NBA? Salvando las distancias de los contextos, está claro.

-Lo esencial es invisible a los ojos. Creo que lo que hacen las estructuras, la NBA o las grandes estructuras deportivas del mundo, como la Premier League, es que profesionalizan el afuera de la cancha. Nosotros estamos atrapados entre la figura del dirigente amateur que le da con mucha pasión un rato después de su trabajo, y después caemos en la cancha, en el entrenador, los jugadores, etc. Hay un lugar invisible, de ese que se acuerdan que hablábamos hace un ratito, de Billy King pensando quién iba a defender a Shaquille O'Neal, con Theo Ratliff siendo muy chiquito y la necesidad de traer a Mutombo... Hay que profesionalizar esas áreas porque estás en el deporte profesional, no en el amateur. Ahí hay que dar ese paso, que lo dan todas las competencias profesionales que saben cómo venderse, cómo hacerse que la gente quiera verlas, consumirlas... Ya lo vamos a dar, vamos de a poco en Latinoamérica y Argentina. Pero las figuras como el Director Deportivo, todos los departamentos que tengan que ver con cosas que sean atractores del espectáculo del deporte en sí, que no va en contra de lo folclórico y del hincha pero que sí genera más exposición, me parece que es para imitar. Todavía tenemos un largo camino por recorrer en Latinoamérica.

Leandro Bolmaro y el futuro argentino en la NBA

-Si te llamara algún GM de la NBA para pedirte referencias de Leandro Bolmaro, ¿con qué jugador les dirías que se van a encontrar?

-Con un chico joven que ama jugar al básquet, que pisa la cancha y se le dibuja la sonrisa, y eso vale oro, más en los tiempos que corren, con tantas cosas y distracciones. En algún punto Leandro está hecho para el básquet de hoy. Hay jugadores que se van construyendo con el tiempo, como fue mi caso. Te vas construyendo, vas agregando cosas y superás barreras, tus propias limitaciones. Por ejemplo, Facu Campazzo, quien ha ido construyéndose como jugador y va a seguir haciéndolo, y nunca va a tener límites por construcción. El caso de Leandro es uno de los pocos caso naturales que tenemos en Argentina. Su físico, su juego está cableado ya para jugar en este tipo de básquet. Después deberá hacer todo su proceso de transición, de adaptación y hay que ver si lo puede lograr. Pero probablemente sea el prototipo de jugador más natural a la hora de estar en esa liga, y lo que yo estoy diciendo y viendo es lo mismo que ven tantos equipos y por eso hay tanto interés. Pero en ese sentido rompe el molde del jugador argentino, que es de mucha construcción y proceso. La primera vez que lo vi en Bahía cuando vino me di vuelta y lo primero que le dije a sus entrenadores es "muchachos, no hagan nada, no toquen nada". Dio un pase al poste bajo y en el aire de la pelota ya estaba cortando, se la dieron de pique y no sé si terminó en bandeja o volcada. Tenía 16 años y pensaba que si ya hacía eso solo... Muchas veces se sobre hace, pero yo pensaba que no había que hacer nada, había que dejarlo. Y dicho y hecho. Es un jugador que va a encontrar él solo con su talento y habilidad atlética los caminos.

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-¿Es lógico o preciso pensar en que más temprano que tarde no sólo nos vamos a encontrar con un jugador argentino en la NBA, sino con varios? Lo que decís de Bolmaro, lo que parece que vendrá con Facundo Campazzo, otros nombres detrás...

-No sólo creo que es lógico, con Leandro, Facu, (Luca) Vildoza, (Gabriel) Deck, (Nicolás) Brussino y (Nicolás) Laprovittola que estuvieron hace un ratito... Pero no sólo es lógico, sino que hasta te lo podría afirmar. Algo que a veces nos cuesta entender es que la vida siempre va en constante evolución. El hecho de que haya habido un Manu, una Generación Dorada, un Scola, y que ahora haya un Campazzo, hace que se vaya a seguir jugando al básquet en Argentina, y se va a seguir jugando más porque tenés modelos. Y después tenés una competencia aspiracional como la Liga Nacional, y después tenés la posibilidad de recorrer caminos que ya han sido recorridos, como Europa, las universidades... Todo eso hace que no solamente va a pasar, sino que van a venir jugador muy buenos, mucho mejores que nosotros. Es la evolución lógica y pasa en cualquier aspecto, no sólo en el deporte sino en cualquier situación de la vida que te encuentres. Solamente que hay que esperar un poco, pero va a pasar, no tengo dudas. Van a venir jugadores extraordinarios porque ya está lo fundacional, tenés identidad, legado, gente que lo hizo. Ese aspricional está, hay campeonatos del mundo, campeones olímpicos, tenés una historia detrás, jugadores en la NBA. Es una cuestión de tiempo para ver más argentinos y mejores, y seguramente los vamos a ver pronto.

-Te tocará ser parte de la Jr. NBA Week como disertante sobre liderazgo. ¿Cuál es tu visión del liderazgo y qué te genera dar este tipo de charlas y conversaciones?

-Mucho en torno a esto que te decía de partir de la base del juego como guía y eje. Me parece que el liderazgo aplicado a enseñar básquet o estar en este mundo del deporte e interactuar con gente joven tiene que ver mucho con ser un guía y no un jefe. Hoy la información está en todos lados, lo que hay que hacer es acompañar esa información que está disponible, y la forma de liderar es ir mostrando caminos para que ellos solos los puedan desandar. Y con una regla muy clara, que tenemos que hacerlo desde el juego, porque sino hay muchas rutas que se abren con cosas que llaman la atención, que tienen luces y colores pero que no tienen nada que ver con el juego. El juego es sagrado, no hay zapatillas ni publicidad, redes sociales ni cosas afuera. Todo eso está, pero si no está el juego, no sirve. Entonces siempre hay que partir del juego del básquet, de lo que pasa adentro de la cancha, y eso tiene que ser algo que el jugador venga a entrenar y diga "uy, qué bueno, me voy a divertir". Porque sino se hace tedioso, se pierde la inspiración. Y cuando perdés la inspiración por jugar, eso se puede ver. Entonces gran parte de lo que nos toca guiar pasa por no dejar que el foco se vaya de lo más relevante, por inspirar, buscar formas, estrategias, reinventarse cada día para generar esa inspiración en los jugadores y jugadoras, con un básquet femenino que pide paso como corresponde, generando entornos para que eso suceda, para que el disfrute mismo sea el conductor de toda la ecuación.

-¿Qué nos "enseñaron" todos estos meses de pandemia, de adaptarnos a una realidad diferente, desde el punto de vista que te toca ahora, de dirigente, de gestión y demás?

-Uff, tantas cosas. Creo que todavía lo estamos procesando, estamos en medio de la tormenta y estamos cada uno individualmente procesando todo esto. Una de las cosas es eso, asumir que las personas que estamos en liderazgo somos iguales de indefensos y vulnerables que todos, y que hay que tener paciencia, con uno mismo, con los demás. Son épocas de mucha introspección, donde todo el mundo está haciendo un balance sobre qué quiere para el resto de su vida, es como que nos pusieron una pausa. Siempre hablamos de la gente que se puede dar el lujo de estar pensando en eso, hay gente que tiene otras necesidades y es mucho más duro. Pero la gente que puede creo que ha hecho una pausa y ha dicho "qué quiero para el resto de mi vida". Y creo que la forma más colaborativa es justamente esa, tener paciencia, porque el otro está en el mismo proceso en el que estás vos, y a su vez estar dispuesto a prestar la oreja, a estar encima de la gente que uno tiene alrededor porque todos en algún punto necesitamos hoy ser escuchados en algún momento, y eso también es parte del rol. Dentro de la vulnerabilidad que tiene uno mismo, poder prestar la oreja y ayudar a quien tiene alrededor. Creo que pasa mucho por eso, por ser cooperativo, paciente y entender de qué manera toda esta situación no nos va a dejar mejor en el corto plazo, pero sí quizás dará la posibilidad en el largo plazo de buscar nuevos caminos, caminos que nos hagan mejores.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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