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Kareem Abdul-Jabbar y cómo Martin Luther King inspiró su vida de activismo y justicia social

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En 1964, Kareem Abdul-Jabbar era ya una realidad. Toda Nueva York conocía su nombre por aquel entonces, Lew Alcindor, pues sus hazañas en el instituto Power Memorial Academy habían trascendido los muros de Lincoln Square. Un jugador de 17 años que superaba los 7 pies de altura y que acabaría consiguiendo encadenar 71 victorias consecutivas, un balance de 79-2 en sus tres años y más de 2.000 puntos y 2.000 rebotes. Mientras todos veían a un gigante capaz de dominar una cancha de básquet con su sola presencia y una serie de aptitudes técnicas que le hacían únicos, él pretendía ir más allá de lo que esas cuatro líneas y dos aros podían ofrecerle.

Nacido y criado en Harlem, Kareem pronto sintió en sus carnes la dureza de las calles y el techo de cristal que la sociedad parecía tenerle preparado casi desde su nacimiento. Desde la ventana de su casa en los Dyckman Projects, Lew fue tomando conciencia del mundo que lo rodeaba y de las injusticias que allí sucedían, más si cabe al contrastar la vida en su barrio con todo lo que rodeaba a su High School. Por esa razón Abdul-Jabbar, pese a su juventud, trató de formarse y aprender todo lo que pudiese sobre historia, desde la más reciente a la más remota, comenzando por la historia negra.

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Terminada la temporada de instituto, Abdul-Jabbar se unió al programa de verano de la HARYOU (Harlem Youth Action Project), un programa público de acción contra la pobreza diseñado por la ciudad de Nueva York para alejar a los niños de las calles, al mismo tiempo que recibían una formación sobre su herencia cultural. Esta plataforma defendía que la clave para la prevención de la delincuencia era empoderar a los jóvenes negros, dotándolos de oportunidades laborales así como hacer que estas comunidades fuesen más conscientes de sus orígenes e historia. Kareem formó parte durante todo el periodo estival de la asociación en calidad de periodista, ya que sería el encargado de cubrir los eventos y la actualidad del programa que regularmente traía invitados especiales de la mano de su director, John Henrik Clarke.

En el mes de junio realizaría un acto para el programa Martin Luther King Jr. Una figura que despertaba en el joven Abdul-Jabbar ciertas dudas, fundamentalmente porque se había criado en Harlem, territorio de influencia de Malcolm X, lo que hacía a Kareem mucho más cercano a las ideas del político nacido en Nebraska. Sin embargo, aquella rueda de prensa en la que el futuro pivote de la NBA tomó parte cambió para siempre su forma de ver el mundo y en especial a Luther King. "Nos animó a imaginar un mejor Harlem y, más allá de Harlem, un mejor Estados Unidos", escribió Kareem años más tarde.

Con 17 años, Abdul-Jabbar no solo tuvo la oportunidad de presenciar una rueda de prensa de Luther King, sino que incluso pudo realizarle una pregunta. Allí, rodeado de toda la prensa nacional, la persona que marcaría la NBA los siguientes 20 años lanzaba la siguiente cuestión al principal activista por los Derechos civiles: "¿Qué opinas sobre la importancia del programa del Dr. Clarke para la gente de Harlem?". El futuro Premio Nobel de la paz respondió asegurando que ese programa ya era un éxito para la comunidad. "A partir de ese día comprendí lo que tenía que hacer con mi vida. Sabía que tenía que ser algo que afectara a la comunidad afroamericana de manera positiva", relató Kareem en su libro On The Shoulders of Giants.

Esa pequeña interacción tuvo un enorme calado en la personalidad de Abdul-Jabbar, quien tomó conciencia de la importancia de luchar por un cambio contra las injusticias sociales y raciales. "Lo admiré por su valentía para defender el cambio a través de la no violencia, una postura que rara vez resulta popular entre las personas a las que se les ha negado la igualdad de oportunidades durante largos períodos de tiempo", contó el pivote. "Sin embargo, se mantuvo fiel a sus convicciones, frente a la cárcel, frente a las dudas dentro de su propia organización, frente a las burlas de otros afroamericanos. Y la sabiduría de su liderazgo ha quedado demostrada por el éxito del Movimiento de Derechos Civiles".

"El solo hecho de tener ese contacto con él y darme cuenta de lo que es todo me ayudó a motivarme", dijo Abdul-Jabbar. "Lo puse todo junto en ese momento. Entendí de qué se trataba mi comunidad".

A partir de esa rueda de prensa, el activismo de Abdul-Jabbar fue creciendo poco a poco a medida que investigaba más, se involucraba más con el movimiento o bien sufría en sus carnes la desigualdad, como le sucedió el 18 julio de 1964 cuando tuvo que escapar de una carga policial en Harlem de la que podría haber salido muy mal parado. Superado el instituto en su nuevo destino universitario, UCLA, dio comienzo a una intensa actividad como activista que lo colocó como una de las figuras más reconocibles dentro del deporte norteamericano como parte del Movimiento por los Derechos Civiles. En UCLA, Abdul-Jabbar fue parte de la ola de activismo universitario que protestó para exigir un trato equitativo para los atletas afroamericanos y el resto de estudiantes negros.

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Su relevancia dentro del siempre complicado mundo del activismo deportivo lo llevó a tomar parte en uno de los momentos más icónicos de la historia reciente del deporte en Estados Unidos. En 1967 la situación en el país era sumamente convulsa, la segregación seguía muy presente en muchas zonas y el reclutamiento para la Guerra de Vietnam estaba en marcha. Uno de las cientos de personas llamadas a filas sería Muhammad Ali, el cual se negó en rotundo por motivos de conciencia, costándole eso su título de campeón y de la licencia competitiva.

Con el objetivo de dar apoyo a Ali, en mayo de 1967 Jim Brown organizó un acto en la Negro Industrial Economic Union, una corporación para el empoderamiento negro fundada por el ex-jugador de los Browns, donde se reunieron las caras más visibles del deporte profesional: Bill Russell de los Boston Celtics, Walter Beach, Sid Williams, Jim Shorter and John Wooten de los Browns de la NFL, Bobby Mitchell del equipo de football de Washington, Curtis McClinton de los Chief y Willie Davis de los Packers.

Y, claro, Kareem Abdul-Jabbar.

"A mis 20 años era el miembro más joven y con menos experiencia de lo que acabó por llamarse Cleveland Summit", contó el pivote en SLAM. "Ali tenía solo 25 años y tuvo que tomar la decisión más importante de su vida. Debatimos enérgicamente la sinceridad y el compromiso de Ali (algunos miembros de nuestro grupo eran ex militares), pero al final, decidimos apoyar a Ali. Ser testigo de la integridad inquebrantable de Ali, fue un punto de inflexión para mí".

La influencia de Ali en Kareem acabaría por llevarlo a tomar la decisión de no acudir a los Juegos Olímpicos de 1968 así como años más tarde convertirse al Islam, justo después de finalizar su temporada rookie en Milwaukee Bucks. "Debido a mi talento en la cancha de básquet, la gente tendía a evitar involucrarme en cualquier conflicto si podían evitarlo", dijo en Sports IIlustrated.

A partir de ese momento la percepción pública de Abdul-Jabbar cambiaría considerablemente, ofreciendo él mismo desde entonces una imagen sobria y seria, siendo tajante en sus declaraciones públicas y aprovechando cualquier oportunidad para luchar contra el racismo y la desigualdad.

"Sé que tuvo un precio. Pero poder tener una identidad que está en armonía con quién soy, de qué se trata mi ascendencia y cuáles son mis sentimientos morales y políticos, eso fue lo más importante", dijo en 2017. "Esa es una de las cosas maravillosas de la vida en Estados Unidos. Todos podemos definirnos a nosotros mismos y tenemos la libertad de decir lo que pensamos y perseguir las cosas que nos hacen sentir completos y nos hacen sentir útiles".

Kareem ha mantenido siempre su compromiso social con múltiples causas, especialmente tras poner fin a su carrera como jugador en la NBA. Sus libros, charlas y artículos sentaron las bases para que otros atletas se sintiesen respaldados y con la suficiente confianza para expresarse libremente sobre cualquier injusticia. El ejemplo marcado por Abdul-Jabbar desde el inicio de su carrera como deportista hasta la actualidad es una de las partes más importantes de su legado, incluso más que el que pudo dejar sobre una cancha de básquet, más que el skyhook, más que sus 38.387 puntos.

Una figura a la que respetar por su determinación para defender su causa siguiendo las palabras que aprendió de Luther King. "Recibí muchas críticas por ser un activista porque, como le dijeron a LeBron, debía centrarme en estar callado y jugar [shut up and dribble]", dijo en 2018. "Esa estupidez de mentalidad fue dirigida también a mí cuando tenía cosas que decir. Pero LeBron habló y yo también, y la gente como nosotros seguirá hablando alto".

"El legado de Luther King se trata de liderazgo y visión", contó para CBS. "Fue una de las primeras personas que pude entrevistar, es algo que marca tu vida, tiene un profundo efecto. Eso me permitió conocer mejor qué estaba haciendo y cómo lo estaba haciendo. El Dr. King fue un líder. Y lo que representa para Estados Unidos es muy profundo porque todavía estamos tratando de llegar al punto de conseguir todas las cosas que él visualizó".

Kareem Abdul-Jabbar quemó etapas para que otros detrás de él pudiesen caminar más despacio. Para llegar a un punto en el que los jugadores de la NBA son capaces de paralizar la competición para decir que ya es suficiente, para incentivar el voto en las diferentes comunidades y hacer que más y más partes de la sociedad estén involucradas con lo que se sucede. Una vida dedicada a concientizar, que usó el básquet como plataforma para expandir aún más su mensaje. Un pionero en ese sentido en la NBA y que tuvo el ejemplo de una de las figuras más importantes del siglo XX.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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