);
NBA

LGTB+ en la NBA: Una lucha por la integración y la diversidad

LGTB NBA
LGTB NBA NBA.com

Verano del año 2000. Allen Iverson anuncia la inminente publicación de su álbum de rap. El single de lanzamiento, 40 bars, incluía ataques homófobos y misóginos. Para entonces David Stern estaba tan harto de su incorregible comportamiento, y de todo lo que Iverson representaba, que cargó contra él con todo el peso de su autoridad: "Sea cual sea la libertad de expresión constitucional que un individuo pueda tener, no existe un derecho constitucional que te garantice jugar en la NBA. Yo tengo el poder de expulsar de la liga a jugadores que actúan de forma ofensiva. Iverson ha perjudicado su carrera, a los Sixers, a sus compañeros y, quizás, a la liga entera con sus acciones". Sin medias tintas.

Iverson desistiría a regañadientes de su carrera como rapero. Publicó un descafeinado comunicado de disculpas y su disco jamás vería la luz. Aunque en 2015 sorprendería con unas declaraciones en las que afirmaba que su idea de publicar un álbum de rap quince años atrás fue "una locura". "Me avergüenzo cuando pienso en todos los chicos y chicas que podrían haber escuchado esas canciones".

El de Iverson es solo un capítulo dentro del camino de la NBA hacia la diversidad, integrando bajo sus siglas a las minorías históricamente ignoradas. Entre ellas, los colectivos LGTBI. Su lucha por la plena inclusión en la sociedad prosigue y, aunque el contexto sea radicalmente distinto al que se vivía hace décadas, aún deben convivir con la estigmatización, discriminación y exclusión en distintos ámbitos. Uno de los escenarios donde más se evidencia es en el deporte de élite; en especial entre los deportes colectivos masculinos.

MÁS | Equipo League Pass NBA de la Semana: Sacramento Kings

Como parte de esas luchas la NBA ha decidido convertirse en actor activo de sus reivindicaciones. Sigue existiendo un enorme silencio y un rechazo velado basado en la incomprensión, que afecta al deporte profesional a la hora de hablar de identidades y orientaciones sexuales. Una herencia envenenada tras siglos de persecución.

Este silencio fue causante de la sorpresa que se produjo en 2016, cuando la NBA y la WNBA decidieron formar parte del New York Pride March. Era la primera vez en la historia que una competición deportiva participaba en el Día del Orgullo. Al año siguiente, el propio Adam Silver ejerció de abanderado en la carroza de la NBA durante el desfile. Le acompañaban Rick Welts (presidente de los Warriors), Jason Collins o Bill Kennedy. Se acababa de cruzar una frontera cargada de simbolismo, un punto de no retorno.

Una NBA diversa y abierta

¡Mantenete al día con las últimas noticias de :tag:!
Seguro Ahora no

Son muchos los actores comprometidos con las causas de este colectivo. Desde jugadores hasta los directivos de algunas franquicias y de la propia liga. Incluso la misma NBA también se ha visto involucrada en distintos sucesos relacionados con la homosexualidad en las últimas décadas. Más recientemente el debate se ha extendido a las personas transgénero visibilizando a uno de los colectivos LGTBI más desprotegidos.

El 21 de julio de 2016, un mes después del Pride March, el mundo amaneció con la noticia de que la NBA iba a arrebatarle a Charlotte el All Star de 2017. La razón: la ley House Bill 2 que el estado de North Carolina iba a aprobar. Una legislación abiertamente homófoba y, sobre todo, transfóbica, que negaba las diferentes identidades sexuales y únicamente aludía a las personas en función de su sexo biológico de nacimiento.

MÁS | Fechas y momentos clave de la temporada NBA

Silver argumentó que "si bien reconocemos que la NBA no puede decidir la legislación en cada ciudad, estado o país, no creemos que podamos celebrar con éxito el All Star Weekend en Charlotte". El All Star finalmente se celebraría en New Orleans, una ciudad de gran simbolismo para la comunidad LGTBI. Y aunque la legislación sigue vigente sin apenas modificaciones, pese a la oposición de los Hornets y otros grupos de presión, el All Star de 2019 se celebrará, esta vez sí, en Charlotte.

Recientemente, la NBA se ha involucrado de forma activa con distintos colectivos que trabajan por los derechos LGTBI. Desde 2017, numerosas organizaciones han entablado relación con la NBA, como la National Gay & Lesbian Chamber of Commerce (NGLCC), la primera en firmar este tipo de acuerdos, que facilita la incorporación de personas de estos colectivos en distintos puestos dentro de la liga. Este convenio beneficia a todas aquellas compañías asociadas a la NGLCC, empresas que deben tener en su dirección, al menos, una persona que forme parte de la comunidad LGTBI.

Collins y Amaechi: abriendo el debate en la NBA

Jason Collins es el primer nombre que viene a la memoria cuando los términos "LGTBI" y "NBA" se asocian. Seguramente por ser el más reciente pero también por su enorme impacto mediático. Hasta la fecha, ha sido el único jugador de las cuatro grandes ligas americanas en reconocer abiertamente su homosexualidad estando aún en activo.

Lo hizo en 2013, justo en el verano en el que era agente libre, con doce temporadas a sus espaldas y a punto de cumplir 35 años. Se le considera pionero, pero nada más lejos de la realidad. Fue la estrella de la WNBA Brittney Griner, seguida de otras compañeras, quienes abrieron ese espacio para que deportistas masculinos como Collins, Robbie Rogers (MLS) o Michael Sam (NFL) decidieran sumarse al movimiento. La comunidad NBA en su totalidad salió en apoyo de Collins. Desde el propio Silver hasta compañeros de todos los equipos o periodistas que reconocían el valor social de su declaración.

Collins no volvería a jugar en la NBA hasta febrero de 2014, cuando los Nets le dieron una nueva oportunidad. Para entonces las lesiones le habían hecho perderse entre cuarenta y sesenta partidos cada temporada durante los últimos ocho años, pero Jason Kidd apostó por él. Collins eligió un curioso dorsal, el 98. Un número en honor a Matthew Sheppard, un joven torturado y asesinado en 1998 en un crimen de odio por ser gay. Su camiseta fue la más vendida de la NBA y Silver anunció que la recaudación se donaría íntegra a organizaciones que trabajasen por la integración de las personas LGTBI.

Sin embargo, encontramos un precedente al anuncio de Collins: John Amaechi. Un pivote de nacionalidad inglesa nacido en Boston que solo jugó cuatro temporadas en la NBA. Amaechi haría pública su homosexualidad en 2007, cuatro años después de retirarse, en su libro autobiográfico Man in the Middle. En él narra su vida y su carrera, desde su infancia a la retirada, con episodios que no solo buscan la narración, sino la sensibilización social, como cuando comenzó a descubrir su sexualidad en la Universidad de Penn State o la incertidumbre de ser gay en el mundo "hipermasculinizado del deporte profesional".

En su libro hace especial hincapié a su etapa en Utah. Allí coincidió con el ala dura del conservadurismo encarnada por Karl Malone, Jerry Sloan y el propietario Larry Miller, de quien diría que era un "ignorante e intolerante". De hecho, Miller es conocido por prohibir que en sus cines se proyectara la película Brokeback Mountain.

Sin embargo, Amaechi encontró en Ostertag y Kirilenko a sus dos principales apoyos. El pivote fue el único que se interesó en preguntarle directamente si era gay. Amaechi daría la respuesta que mejor evidenciaba aquel contexto de estigmatización e incomprensión, como si fuera culpable de un crimen: "No tienes nada que temer, Greg". Su compañero se quedó a cuadros. En otra ocasión Kirilenko le invitó a una fiesta privada de Nochevieja y en la tarjeta "me escribió que era bienvenido y que podía llevar conmigo a mi compañero, si lo tenía, o alguien especial que quisiera invitar, porque en su casa no había diferencias".

Tras la publicación del libro, David Stern salió en defensa de la NBA. De la imagen de la liga, más concretamente, ante la amenaza de ser tachados públicamente de pasividad frente a casos de discriminación. "Tenemos una liga muy diversa. La única pregunta es: ¿eres capaz de jugar aquí? No hay más cuestiones". Una reacción que contrasta notablemente con el apoyo férreo que Adam Silver brindó a Collins siete años después.

Pese a la tibia reacción del comisionado, Amaechi sí que recibió el apoyo de distintos jugadores. Charles Barkley fue de los primeros en respaldarle cuando los sectores más retrógrados de la sociedad cargaban tinta ácida en sus páginas. "Somos capaces de respetar a todos por igual sin importar el color de la piel ni su orientación sexual". También otros como Grant Hill o un jovencísimo LeBron James, en uno de los primeros casos de activismo político de su carrera, extenderían su manto de apoyo público. O Doc Rivers, quien coincidiría con él en los Magic: "No me sorprende, todos los que le conocemos lo sabíamos aunque no se hable directamente".

No obstante, no todas las reacciones mostraron la misma empatía. Tim Hardaway se encargaría de recordar al mundo por qué los deportistas homosexuales aún son reticentes a tratar su orientación sexual. "Si estuviera en mi equipo me distanciaría de él porque no creo que debiéramos compartir el mismo vestuario". Hardaway, lejos de moderar sus declaraciones se autodeclaró "homófobo". Sería el propio Amaechi quien respondería a sus comentarios: "Hay una homosexualidad reprimida porque sigue habiendo un miedo tremendo a ser estigmatizado. Sobre todo, debido a comentarios homófobos que consideran que tener un gay en su equipo viola un espacio sagrado como es el vestuario".

Copilotos de la integración

La integración de las personas LGTBI en el deporte no afecta de forma exclusiva a sus protagonistas directos. Kenneth Faried lo conoce de primera mano. Apenas habían pasado unos minutos desde que Jason Collins había anunciado abiertamente su homosexualidad y Faried ya había publicado un tuit: "Wow! Esto es increíble. Estoy tan contento de ver a Jason Collins anunciar abiertamente que es gay. Todo mi apoyo", rezaba el mensaje, que terminaba con distintos hashtags de respaldo al colectivo y de alianza entre atletas.

El mensaje de Faried tenía un trasfondo más allá de apoyar a un compañero. Su historia siempre ha estado ligada a los colectivos LGTBI. Faried se crió viendo a su madre, Waudda, y su padre, Kenneth Sr, jugando en las canchas callejeras de Newark, New Jersey. Un día el pequeño Faried quiso saber por qué sus padres no se casaban. La respuesta de su madre supuso un primer vistazo a un mundo del que nunca volvería a separarse: "Me gustan las mujeres, soy lesbiana". Era la primera vez que Kenneth Jr escuchaba esa palabra y no terminaba de entenderlo.

"Mamá si a ti te gustan las chicas, ¿significa eso que a mi tienen que gustarme los chicos?". La pregunta de Kenneth, sacó una carcajada de su madre, quien desde su más tierna infancia le educó en los valores de la diversidad sexual. El joven Faried pasó un tiempo intentando descifrar su propia sexualidad. Fue un periodo difícil para él, pero todo cambió cuando su madre conoció a Manasin, que en poco tiempo pasó de ser la amiga de Waudda a ser su pareja y tanto ella como su hijo se mudaron a casa de los Faried.

La relación de su madre y Manasin repercutió directamente en su crecimiento y desarrollo. Ambas mujeres consiguieron casarse en 2013, convirtiéndose en el quinto matrimonio entre personas del mismo sexo de la historia del estado de New Jersey. Una vez en la NBA, Faried decidió que su historia y la de sus madres merecía ser contada. Al finalizar su curso de novato, se sentó con ejecutivos de la NBA en los premios GLSEN (la ceremonia anual de los premios por el respeto de gays y lesbianas), donde hizo una donación a la asociación y además empezó a trabajar junto a la Alianza Gay y Lesbiana contra la Difamación para combatir los casos de odio contra la comunidad homosexual.

Faried no es el único jugador involucrado con la defensa de los derechos LGTBI. Dos leyendas como Isiah Thomas y Magic Johnson también se han erigido como voces públicas. En sus casos, gracias a sus hijos. Zeke Thomas, hijo de Isiah, se abrió a sus padres contándoles que era gay en 2008. Jamás le faltó el apoyo de su familia e, incluso, apareció junto a su padre en la campaña fotográfica NOH8 en 2010. En ella se defendía el matrimonio homosexual y la igualdad frente a la llamada Proposition 8, una suerte de referéndum que se llevó a cabo en California para eliminar el derecho de las parejas homosexuales a contraer matrimonio.

Magic, por su parte, desafió a toda su comunidad eclesiástica, entre los que estaban sus propios vecinos y amigos, quienes cargaron contra su hijo solo por ser gay. El ahora Presidente de los Lakers salió en su defensa en medio de un entorno homófobo mostrándole su apoyo sin fisuras. El acoso sufrido por su hijo sirve como ejemplo para ilustrar una realidad: gracias a la influencia y los recursos económicos de su padre su caso pudo hacerse público. No obstante, no todas las familias ni todos los niños o niñas tienen la misma suerte y muchos lo sufren en silencio o reprimidos, provocándoles graves trastornos.

La historia de la NBA encierra otro caso de activismo gracias a la influencia directa de un familiar. En julio de 2014 la hermana de Reggie Bullock, Mia Wallace, murió asesinada en un crimen de odio en Baltimore por la simple razón de ser transgénero. Hasta entonces, el jugador de los Pistons había renegado de la verdadera identidad de su hermana, hasta el punto de seguir refiriéndose a ella como "hermano".

Reggie Bullock contó un tiempo después que cuando él estaba en la universidad solía pedir a su hermana que no viniera a verle jugar, simplemente por la vergüenza de tener que dar explicaciones a sus compañeros. Sin embargo, el asesinato de Mia le hizo cambiar por completo. Bullock se sumergió en la cultura LGTBI para "defender su inclusión en el deporte". Se sumó a la lucha dentro de la NBA por la igualdad y aprovechó su posición como deportista de élite para dar voz a aquellas minorías acalladas que, sin embargo, tanta presencia tienen en la sociedad.

Bullock se tatuó la sigla "LGTBI" y el nombre de su hermana y extendió una petición a la liga para diseñar una camiseta con los colores del arcoíris como forma de incorporar el debate y otorgar visibilidad al colectivo dentro del deporte. Su historia, si bien parte de un trasfondo trágico, muestra cómo desde la pérdida de su hermana Bullock ha sabido reinventarse y utilizar su estatus como atleta para buscar un mejor futuro y convertirse en una persona de la que su hermana Mia se hubiera sentido orgullosa.

Hacia la plena igualdad

No solo son los jugadores los principales baluartes de las reivindicaciones LGTBI en la NBA. Rick Welts salió del armario mientras aún era presidente en los Suns. Allí coincidiría con Steve Kerr, entonces su General Manager, y ambos trabajan hoy en los Warriors. Kerr le dedicaría una emotiva carta alabando su trabajo y sus enseñanzas. En ningún momento quiso referirse a su sexualidad, como diría más tarde "porque la orientación sexual no influye lo más mínimo para ser un buen profesional".

También los árbitros Bill Kennedy y Violet Palmer hicieron pública su homosexualidad. En el caso de Kennedy, con más de 20 temporadas a sus espaldas, lo hizo después de que Rajon Rondo le profiriese insultos homófobos en mitad de un partido en 2015. "Quiero salir del armario, como tantos otros que ya lo hicieron y mandar un mensaje a los chicos y chicas jóvenes para que nunca permitan que alguien intente avergonzarles por lo que son". Kennedy daba cuenta en su discurso de todos los insultos de carácter homófobo que reciben los árbitros de forma habitual. Son ofensas proferidas de forma casi inconsciente porque perviven en la memoria colectiva sin atender al verdadero mensaje homófobo que encierran.

Kennedy se sumaba a su compañera Violet Palmer, quien anunció que era lesbiana un año antes, en 2014. Palmer es toda una eminencia entre el destacamento arbitral y pionera en la NBA y la WNBA. Ha superado todas las barreras que se le ha encontrado delante: como afroamericana, como lesbiana y como mujer, siendo la primera árbitro en cualquier liga americana masculina. Su caso ilustra la realidad de los colectivos LGTBI en el deporte de elite; han sido ellas las que han liderado el debate y han encabezado el movimiento. Ellas, alejadas de los estereotipos tradicionales de masculinidad han abierto esos espacios para que sus homólogos varones se adhiriesen después.

Una responsabilidad compartida

La NBA trabaja desde hace años para crear un ecosistema abierto y plural, para incluir a minorías hasta entonces apartadas del mundo del deporte. Primero, porque ha descifrado que hay un negocio latente y un público potencial aún sin explotar. Segundo, porque han comprendido que la diversidad en todos sus niveles (sexual, de género, cultural, nacional…) trae consigo ideas, cambios y nuevas perspectivas que ayudan a expandir horizontes.

La dirección de la liga siempre ha llevado la batuta a la hora de seguirle el ritmo a los cambios de la sociedad. Tanto Stern como Silver han empleado métodos completamente distintos pero igual de efectivos. Mientras que el anterior comisionado regía la NBA con mano de hierro, Adam Silver siempre ha mostrado un carácter conciliador basado en el consenso y una manifiesta indiferencia hacia las controversias.

David Stern puso los cimientos con su afán de globalización. Y Adam Silver, desde su llegada al cargo, ha subido un peldaño más haciendo de la NBA un agente social, un altavoz mundial cuya repercusión traspasa fronteras. Cabe plantearnos, por ejemplo, si hubiéramos conocido la legislación transfóbica de North Carolina de no ser porque la NBA decidió involucrarse. O si el debate sobre la legalización del matrimonio homosexual en 2010 en Argentina hubiera motivado a otros deportistas de su país a pronunciarse después de que Manu Ginóbili hiciera campaña a favor.

En el caso de las personas y colectivos LGTBI la labor de sensibilización es especialmente delicada dado el estigma histórico que arrastran en el deporte. Las competiciones como la NBA e, incluso, las federaciones internacionales, tienen un valor esencial en ese trabajo de inclusión y visibilización de todas las minorías que, hasta ahora, han eludido. Por eso participar en el Desfile del Orgullo de Nueva York con su propia carroza es un acto que, más allá del simbolismo, está cargado de connotaciones.

Sin embargo, ese compromiso no puede correr únicamente a cargo de ligas, federaciones, instituciones o jugadores aislados. El deporte llega a los aficionados a través de los medios de comunicación. Y es por eso que gran parte de esa responsabilidad recae sobre nosotros: el compromiso de ofrecer esos espacios abiertos e inclusivos destinados a las minorías. Son debates necesarios en los que todos debemos aportar y ser partícipes.

Porque, en última instancia, el deporte no es más que el reflejo de la sociedad en la que convive.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

Más en NBA.com

warriors-2018-all-star-game-122718-ftr-nba-getty
¿Cuántos All-Stars tienen los Golden State Warriors?
Staff NBA.com
Los Knicks y Mario Hezonja, en Lodres
Hezonja y un mar de elogios para Doncic
Manuel de la Torre
Trae Young
El crecimiento en silencio de Trae Young y Atlanta
Leandro Fernández
Golden State Warriors
Kerr, maravillado con el inicio frente a Denver
Leandro Fernández
LeBron James
#10YearsChallenge: El desafío con estrellas de la NBA
Leandro Fernández
James-LeBron-USNews-122518-ftr-getty
LeBron James se perderá al menos dos partidos más antes de su vuelta
Pablo Schatzky
Más noticias