NBA

Maurice Cheeks, una prueba de que la altura no limita la capacidad defensiva

Tanto la altura como la envergadura son dos características físicas muy valoradas en la NBA, especialmente con un jugador que está a punto de hacer su ingreso a la liga. La defensa es uno de los puntos donde esto se nota más: es tan simple como pensar que un jugador más alto ocupa más espacios y tiene mayores posibilidades de complicarle el trabajo al atacante rival que uno de una estatura menor.

Sin embargo, la NBA ha tenido defensores destacados de menos de 1,90 metro y uno de los pioneros de ese grupo fue Maurice Cheeks, una de las figuras de la década del 80: con 1,85 metro de altura el base oriundo de Chicago llegó a ser una leyenda de Philadelphia 76ers, equipo en el que se consagró campeón en 1983. Tuvo éxito colectivo y también individual: por algo está en el Salón de la Fama, al que llegó con cinco elecciones como All-Defensive, cuatro nominaciones como All-Star y el anillo de campeón.

Aunque hubo precursores a su caso, tales como Norm Van Lier (base de 1,85 metro que fue uno de los mejores defensores de la década del 70 jugando para Chicago Bulls), alguien al que Cheeks contó que iba a ver al viejo Chicago Stadium mientras crecía, el base que llegó a los 76ers en la temporada 1978-1979 con el pick 36 del Draft se marcó en la NBA como una estrella a pesar de ser un base bien tradicional: un distribuidor del balón que justamente era ideal para el equipo de estrellas que montó Philadelphia cuando incorporó a Moses Malone.

Malone fue el MVP de las Finales de 1983 que Philadelphia le ganó 4-0 a Los Angeles Lakers, promediando 25,8 puntos y 18 rebotes por encuentro, pero Cheeks tuvo muchísima influencia en esas Finales por su trabajo defensivo sobre Magic Johnson. Maurice no solamente promedió 15,3 puntos, 6,3 asistencias y 2,8 robos por encuentro, sino que empujó a Johnson a terminar con ocho pérdidas en el Juego 3 y nueve en el Juego 4, dos partidos que Philadelphia resolvió en el último cuarto ante la situación de pánico de los angelinos. La principal amenaza rival en cuanto al playmaking quedó desactivada.

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Las estadísticas de Cheeks, que este 8 de septiembre de 2021 cumple 65 años y actualmente trabaja como entrenador asistente en Chicago Bulls, están entre las que que menos impactan de los miembros del Salón de la Fama a primera vista. Nunca llegó a promediar 16 puntos por partido y de hecho solamente promedió 11,1 puntos por encuentro durante toda su carrera (se retiró en New Jersey Nets en 1993 como suplente), apenas en seis temporadas superó la media de 7 asistencias por partido y en una sola superó las nueve y diversas estadísticas avanzadas que miden el impacto de un jugador a lo largo de su trayectoria lo ponen en las últimas posiciones de los Hall of Famers.

Sin embargo, los mismos números sirven para valorizar los mejores aspectos de su juego. Cheeks se retiró con más robos que pérdidas, algo casi increíble siendo un base: 2.310 robos contra 2.268 pérdidas. Mientras que nunca llegó a promediar 3 pérdidas por partido en una temporada, desde su campaña debut hasta la 1987-1988 (la última en la que fue All-Star) Mo estuvo por encima del promedio de dos robos por encuentro. En ninguna temporada Cheeks fue el jugador con más robos de la NBA, pero al retirarse era el líder histórico de la liga en ese rubro (hoy está sexto, superado por John Stockton, Jason Kidd, Michael Jordan, Gary Payton y Chris Paul). En asistencias hoy por hoy ocupa el puesto 15 en el ranking histórico.

Un número de Cheeks que nadie ha igualado aún es el del mejor promedio de robos por partido durante unos Playoffs: en la postemporada de 1979 el base de Philadelphia promedió 4,1 robos por encuentro, cifra a la que apenas se han acercado Alvin Robertson en 1988 y Jason Kidd en 1998 con un promedio de 4,0 y con la ventaja de haber jugado apenas tres y cuatro partidos respectivamente mientras que Cheeks disputó nueve. Y así como su altura no le negaba ser un gran defensor, tampoco le impedía ser espectacular.

Curiosamente Cheeks no llegó a ser All-NBA (en sus mejores épocas solamente existían dos quintetos elegidos), pero su nivel se aprecia en otras cosas de su carrera como el hecho de que clasificó a Playoffs en 12 de las 13 temporadas en las que jugó como titular de forma habitual, en Philadelphia, franquicia que retiró su camiseta número 10, pero también en San Antonio Spurs o New York Knicks.

Uno de los mejores jugadores de la historia entre los de menos de 1,85 metro, Cheeks fue una versión primitiva de lo que más adelante veríamos con un Chris Paul o Rajon Rondo entre las estrellas: jugadores de élite a la hora de distribuir el balón y de defender. La altura no lo es todo para ser un general dentro de la cancha.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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NBA.com Staff
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