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La historia de Michael Carter-Williams: De Rookie del año a quedarse sin lugar

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La caída de Carter-Williams en la NBA. Getty Images

En un abrir y cerrar de ojos, Michael Carter-Williams pasó de estar luchando por ganarse un puesto en los Houston Rockets a ser traspasado a los Chicago Bulls por dinero y una segunda ronda, y acto seguido ser cortado en un movimiento puramente económico. ¿Qué ha llevado a un jugador que consiguió sorprender a todos en 2014 con su Rookie del año a quedarse sin espacio en la NBA?

La figura de Carter-Williams siempre ha estado rodeada de un mar de preguntas. Su rápido ascenso igualó a su vertiginosa caída hasta las entrañas de la liga en poco menos de cuatro temporadas. Pasó de ser la pieza angular del Proceso de los Philadelphia 76ers, a convertirse en habitual moneda de cambio sin conseguir encajar en ningún sistema. Sus condiciones físicas parecían inmejorables: un manejador de balón que rozaba los 2 metros (1.98) con una envergadura que le permitía defender a casi cualquier jugador exterior, todo ello en un jugador con una alta producción ofensiva tanto en su etapa universitaria en Syracuse (0.7 puntos por posesión), como en su primer año en la NBA (16 puntos de media).

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Algo falló por el camino. O, quizás no tanto.

Carter-Williams llegó a la NBA después de cumplir dos años en Syracuse y haber conseguido el campeonato nacional en 2012 junto a Dion Waiters y el tristemente desaparecido Fab Melo. Los reportes que llegaban de él eran prometedores. "Con su visión, velocidad y capacidad de manejo de la pelota, Carter-Williams posee herramientas para un base poco comunes", afirmaba Elliot Adamczyk para NBADraft.net. Otros como Matt Kamalsky eran más críticos, focalizando su análisis sobre la enorme capacidad de Carter-Williams para perder pelotas.

Es aquí donde todo nace, el trato al balón, su cuidado y protección, ahí donde más salían a relucir sus carencias. Una media de 2.5 pérdidas por partido en toda su carrera y una estimación de 18 pérdidas por cada 100 posesiones jugadas son algunos de los sonrojantes datos que han condenado a un jugador que, ocupando el puesto de base, jamás pudo ser capaz de no perder el balón.

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Su año en Philadelphia fue tan inesperado como ilusionador. Su debut pasó a la historia por varios motivos, no sólo fue el rival, los campeones Miami Heat, sino fue el casi cuádruple-doble que consiguió MCW con 22 puntos, 7 rebotes, 12 asistencias y 9 robos. Un rendimiento que rápidamente fue contestado con la mejor arma que puede tener un jugador: la regularidad. En un contexto perfecto para expresarse y un equipo poco competitivo, Carter-Williams lideró a unos 76ers donde Evan Turner y Thaddeus Young eran los acompañantes del joven base.

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Sorprendente era la noche en la que Carter-Williams no se iba a más de 15 puntos con un buen puñado de rebotes y asistencias. Y mucho menos sorprendente fue su elección como Rookie del Año superando con facilidad a Victor Oladipo y Trey Burke con unos números que invitaban al optimismo cuanto menos. Carter-Williams promedió 16.7 puntos, 6.3 asistencias y 6.2 rebotes, uniéndose a Oscar Robertson (1960-61) y Alvan Adams (1975-76) como los únicos jugadores desde 1950-51 que habían conseguido semejantes números en esas categorías. También se unió a Robertson y Magic Johnson como los únicos novatos en la historia de la NBA que promediaron al menos 16.0 puntos, 6.0 rebotes y 6.0 asistencias.

El futuro era prometedor para Carter-Williams y los 76ers que recuperaban a Nerlens Noel de su lesión y elegían a Joel Embiid en el Draft. .

Fue entonces, en su segunda temporada, cuando empezó a ser evidente qué tipo de jugador era MCW. Su vuelta a la acción se alargó por problemas en el hombro tras su operación en mayo, y a su regreso los números eran los mismos, pero las sensaciones no tanto. Su incosistencia en el lanzamiento empezaba a cuestionar su propio potencial como jugador franquicia. Necesitaba más lanzamientos para anotar más puntos y acumulaba más balón siendo menos eficiente.

En una franquicia donde la eficiencia marcaba la orden del día, Sam Hinkie tomó la decisión de traspasarle a él junto a KJ McDaniels a los Bucks a cambio de una primera ronda protegida de los Lakers que acabaría por transformarse en Markelle Fultz en un rocambolesco movimiento.

"No lo vi venir", comentaría. "A día de hoy, todavía no lo entiendo. Nunca obtuve ninguna respuesta y nunca fui a pedir ninguna".

Su llegada a Milwaukee le unía a un proyecto de gigantes móviles protagonizado por Giannis Antetokounmpo, Jabari Parker, John Henson y OJ Mayo que hacía las delicias de Jason Kidd. Al menos sobre el papel. Para Kidd, Carter-Williams estaba llamado a ser un All-Star, pero la realidad le dio un buen golpe.

Sus promedios fueron bajando así como su regularidad en cancha. Pasando de ser el base principal del equipo a un mero sustituto, perdiendo el puesto en la recta final frente a Tyler Ennis y Greivis Vasquez, hasta acabar siendo traspasado a los Bulls por Tony Snell.

Fue en Chicago donde comenzó su caída material. No contaba apenas para Fred Hoiberg y él tampoco ofreció mucho más. Sus porcentajes seguían cayendo sin control y sus minutos lo adolecían. Un -2.51 en offensive rating y un -1.66 en el ratio de bases condujo a Chicago a no ofrecerle la renovación, lanzándole al vacío del mercado y con una carrera a medio empezar.

La lesión en el hombro, producida en la recta final de la temporada 2013-2014, ha sido la gran losa con la que ha tenido que lidiar Carter-Williams, que en su paso por los Hornets tampoco pudo igualar el baloncesto que realizó en Philly.

"Ha sido difícil lidiar con lesiones y traspasos", diría para NBA.com en 2017. "Han afectado a mi rendimiento en pista. Me siento deprimido, con todo el mundo preguntándose '¿Qué le ha pasado?'".

Su trayectoria es difícil de explicar sin atender a sus problemas físicos y a una carencia en su desarrollo como jugador. Quizás por culpa de su personalidad introvertida o quizás por los prejuicios que le rodeaban. Su caso es el primero en la historia de la NBA en no renovar su contrato de novato después de haber ganado el galardón al rookie del año.

Pese a sentirse cómodo en Charlotte Hornets, la franquicia decidió no renovarle, poniendo rumbo a Houston este pasado verano con un contrato que ha sido el que ha propiciado su salida. Un año de contrato a razón de 1.7 millones parcialmente garantizados le convirtieron en la perfecta moneda de cambio para liberar espacio en los Rockets.

Un Novato del año que pasó a ser un simple número en una hoja de Excel y sin un futuro en el corto plazo. Carter-Williams ante el abismo.

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