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NBA Finals 2020

Finales NBA 2020: la maravillosa 'reconstrucción' de Miami Heat y los principios de Pat Riley

Ganar 48 partidos y quedarse fuera de Playoffs. La temporada 2013-2014 significó el salto para Goran Dragic en la NBA. Pasó de ser ese joven curioso que ejercía de suplente del último Steve Nash de Phoenix a promediar más de 20 puntos, ganar el MIP (Jugador con Mayor Progreso) y formar parte del tercer Mejor Quinteto del curso.

Dragic ganaba reconocimiento. Su juego en unos Suns en reconstrucción y heridos ante la lesión de Eric Bledsoe fue escandaloso, de los mejores tramos de un europeo en la historia de la competición. Brilló, pero no fue suficiente para los Playoffs.

En Phoenix parecía forjarse el grupo de jóvenes que liderarían el proyecto posterior a Nash. Rápidamente se confirmó la negativa. Apenas duró unos meses más el dragón en Arizona, saliendo traspasado el siguiente mes de febrero. Juntar a Bledsoe y Dragic con el fichaje de Isiah Thomas parecía sensacional en verano, pero solo era una bola y faltaba equilibrio en el equipo. Dragic terminaba contrato y avisó de que no renovaría.

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Estaba enojado. No entendía la decisión. ¿Cómo elegía marcharse del mercado que es Miami y de esas condiciones de vida? Sol, playa, potencia mediática... Y seguir jugando al lado de Dwyane Wade y Chris Bosh, además de los movimientos que podría realizar en los siguientes meses. Era incomprensible en su cabeza cómo la principal estrella de la NBA optaba por jugar en Cleveland a hacerlo en Miami.

La firmeza de LeBron James sobre abandonar el Heat en 2014 y regresar a sus Cavaliers lo tomó por sorpresa. Aunque la idea de James era firme y quiso ser honesto con el padre de todos, este no lo aceptó. Ahí su relación quedó manchada, aunque la gloria que consiguieron juntos jamás se verá empañada.

Y fue en ese preciso instante, cuando Dragic había perdido toda la esperanza en Phoenix y a Miami le faltaba un extra para competir con la élite del Este, cuando apareció él para juntar sus caminos. Negoció el traspaso con los Suns y el esloveno aterrizó en Florida. Entonces, Pat Riley le prometió que tendrían un equipo candidato. Cinco años y siete meses después, Riley cumple su promesa con Dragic.

Erik Spoelstra le llama "El Padrino" por sus habilidades para construir esquemas ganadores. Bam Adebayo, uno de los últimos productos de su "Heat Culture" tiene una frase extraordinaria sobre él: "como siempre dice (Riley) no todo el mundo está construido para Miami, pero todo el mundo aquí está construido para ello".

Uno de los veteranos más respetados de la competición, Andre Iguodala, se sentaba con The Athletic nada más conseguir la clasificación a las Finales. Esto es lo que tiene que decir el jugador de 36 años, tres anillos, un MVP de las Finales, un All-Star y etapas en Philadelphia, Denver y Golden State.

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"Tienes que mirar a Pat Riley. Pat Riley es la cabeza de la serpiente, la base, o como quieras ponerlo. Y lo es desde mediados de los 80. Tiene sus filosofías que ha mantenido en su lugar durante todo ese tiempo. Y con el transcurso del tiempo, ha evolucionado, ya sea en tecnología o cualquier matiz que se ponga en el juego o cómo se cambian las reglas. Pero sus principios siguen ahí".

Cuando Riley tenía la edad de Iggy, era entrenador jefe de los Lakers. Comenzó con 34 años tras el paso de Jerry West del banco a los despachos. Jack McKinney era su jefe, pero apenas duró en el cargo. Paul Westhead fue el sustituto y la estela bajo la que aprendió Pat. Consiguió dos anillos como asistente, pero el equipo pedía más. Fue entonces cuando Riley ascendió y debutó como entrenador jefe en la 1981-1982. Con las riendas en sus manos construyó una de las ofensivas más icónicas de la historia del deporte: los Lakers del Showtime, el equipo que luchó en los 80 contra los Celtics de Larry Bird. Fueron cuatro títulos y otras tres Finales entre 1982 y 1989, con Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar.

Cambió Hollywood por la Gran Manzana, el sol y las playas de California por la nieve y el ajetreo de Nueva York. Su misión era devolver a los Knicks la gloria de los 70. Aunque el título se le resistió, Riley consiguió ilusionar a la afición. Los Knicks de los 90 siempre guardarán un lugar tan especial como amargo en el corazón de miles de seguidores. Batallaron contra los Bulls de Jordan o los Pacers de Reggie Miller, incluso alcanzaron las Finales de 1994 -aprovechando el primer retiro de MJ- y perdieron la serie ante Houston.

Lo más especial de la segunda etapa de Riley fue su transformación. Los Lakers de los 80 eran divertidos y rápidos, mataban a correr. En el lado contrario de la balanza, los Knicks de los 90 eran duros y lentos. Eran Pat Ewing y su leal banda de perros defensivos.

Así llegó a Miami. Con 50 años, una hoja de ruta sensacional y el objetivo personal de impulsar una franquicia nueva. El Heat arrancó en 1988 y estaba aún por desarrollar. Es curioso, pero Riley hizo el camino inverso. Su primera experiencia fue con Magic y Kareem tocando el cielo, luego trató de levantar una vieja gloria venida a menos y, por último, se fue al desarrollo de un neonato.

El pupilo de Riley

"Siempre buscamos talento en el campo, pero el talento más importante a encontrar es el que se desempeña en el banco, en el vestuario, por la noche, viendo videos y ejecutando responsabilidades". Así presentaba en sociedad Riley a Erik Spoelstra en 2008, cuando dio el paso definitivo del banco de Miami a las oficinas. Su tiempo como entrenador había llegado a su fin.

Spoelstra fue elegido pupilo tiempo atrás. Durante años, Riley observó al joven encargado de video y sus rutinas. Apreció la figura del estudioso que deja hablar a su trabajo. Spoelstra recibió la recompensa merecida por su talento y trabajo después de tantas horas encerrado revisando cintas. El aprendiz del Padrino.

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Chet Kammerer es otro de los nombres clave. Fue otro de los elegidos por Riley y hoy en día es considerado uno de los grandes en cuestiones de scouting. Llegó como scout en 1996 y terminó siendo director de la parcela. Ahora, 24 años después, continúa con un rol importante de Consejero Senior al lado de Riley.

El tercero es Andy Elisburg, experto salarial y actual GM de la franquicia. En su caso no fue fichado por Pat, aunque su ascenso llegó con él. Elisburg es el Heat original. Comenzó a trabajar en el origen del equipo, en 1988, y desde entonces ha ido a más. Riley detectó sus impresionantes capacidades para entender y manejar aspectos salariales. Es el cerebro detrás de todas las operaciones de la historia del Heat.

Así, Riey formó su particular big-three en la organización. Spoeltra, Kammerer y Elisburg funcionando juntos en su filosofía y observando el ascenso de Nick Arison, el actual CEO e hijo de Micky Arison, millonario y propietario de la franquicia. Aunque este último elemento pueda desencajar la perfecta armonía de esfuerzo en la que creía Riley, Arison no era el tópico de hijo de papá por mucho que su ascenso estuviese garantizado.

"Me voló la cabeza lo humilde que es", contaba Jerry Colangelo en una entrevista hace años. Y no es el único, LeBron James o Kobe Bryant trabajaron con él en Miami o en el Team USA. "Micky se está volviendo conocido en la liga como el padre de Nick", decía Kobe.

Si algo había aprendido Riley de sus años en Lakers y Knicks es que todo comenzaba desde la base. En el caso de una franquicia, todo arranca desde arriba, desde los principios y las ideas que venden y ejecutan los mandamases. Él, como el Padrino, sabía lo que se necesitaba para construir una educación ganadora. No en vano el término "Heat Culture" es uno de los más repetidos, tanto en la última década como en el pasado mes.

Lo cierto es que Riley ya había renunciado a los bancos antes de 2008. La temporada 2002-2003 fue su última a los mandos de Miami y puso a Stan Van Gundy, que duró dos temporadas y 20 partidos en el cargo. Riley lo destituyó ante los aparentes problemas de entendimiento con Shaquille O'Neal, aunque el pivote contó en su libro años más tarde que era el propio Riley el que quiso regresar al puesto. Una personalidad como la de Pat encaja en algo así. Si no confía plenamente en los que tiene alrededor tiende a realizar él mismo el trabajo.

Ganó en 2006 con un equipo defensivo y de veteranos en horas muy bajas, entre ellos el propio Shaq o Jason Williams. Ese Heat era muy Riley. Sabían a lo que jugaban, aprovecharon sus ventajas y sobrevivieron por el mejor Wade que se haya visto. Usaron su experiencia sobre la superior potencia de fuego de Dallas y Riley se puso el quinto anillo. Una mano entera repleta de joyas.

Más tarde, en 2010, convenció a LeBron James y Dwyane Wade de que el mejor sitio para reunirse era Miami, donde también había lugar para Chris Bosh. Wade y James querían jugar juntos y en la reunión con el Rey, cuya decisión decantaría la dirección de la Agencia Libre y del próximo lustro en la NBA, fue clave la presencia de Nick Arison.

Spoelstra se forjó en aquellos Heat campeones. Por supuesto, entonces no era el extraoridnario entrenador que es hoy en día. El proceso de entrenar un equipo con James, Wade y Bosh solo podía terminar de dos formas: éxito rotundo o fracaso absoluto. Fue la primera. Spo salió reforzado de los cuatro años y hoy en día es el mejor entrenador de la competición. Aquella experiencia, además de dejarle dos títulos, le convirtió en lo que es hoy.

"Es una pena que no se ganase su respeto entonces", dijo LeBron en la previa de las Finales 2020 cuando le preguntan sobre Spoelstra y su etapa juntos en el Heat. "Cada vez que hablábamos de Spo cuando estuve allí (en Miami) y hablábamos de lo genial que nos preparó y de lo genial que fue jugar para Spo y cosas de esa naturaleza, ustedes (la prensa) siempre decían: 'Bueno, tienes a LeBron, tienes a D-Wade, tienes a Bosh. Cualquier entrenador puede hacerlo'. No, no todos pueden. Si todos pudiesen habría muchos más campeones en esta liga".

La promesa jamás olvidada

Pese a quedarse fuera de los Playoffs no dudó en firmar la renovación. Dragic llegó a Miami menos de un año después de las Finales 2014, poco después de la decisión de LeBron que tanto enfadó a Riley. Una que, además, llevó a gente de Miami cercana a James a decirle que era el mayor error de su carrera, algo que le dolió. Así, Dragic se unía a Bosh y Wade, ya que ambos continuaron en Florida.

En noviembre de 2014, cuando Dragic ya tenía claro que su futuro estaba lejos de Phoenix, Riley firmó a un joven pivote al que la NBA había mirado de lado en todo momento. Venía incluso de jugar en el Líbano, pero vieron algo en él. Se llamaba Hassan Whiteside. Había poco que perder y comenzaron así años de pequeños fichajes confiando en la evolución que les daría la cultura de Miami.

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El principal obstáculo fue uno totalmente fuera del control de Riley, Kammerer o Elisburg: los problemas de coágulos de sangre de Bosh. Justo cuando el pivote había firmado la extensión más importante de su carrera comenzó su final. Rechazó unirse a los Rockets de James Harden para ser la primera espada ante la salida de James. Wade seguía siendo productivo, pero por plantel y necesidades Bosh era el número uno. El corazón lo frenó. Era jugar o morir.

El 37-45 de la 2014-2015 dejaba con ganas de más y confiaban en que Bosh pudiese jugar la siguiente temporada. Justise Winslow (pick 10) y Josh Richardson (40) fueron los seleccionados en el Draft, otros dos buenos ejemplos del trabajo de la organización. Renovaron a Dragic y a Wade, firmaron a dos veteranos en Gerald Green y Amar'e Stoudemire.

La siguiente temporada trajo al mejor Bosh durante unos meses, pero también su despedida definitiva. Whiteside explotó, ganaron 48 partidos y forzaron el Juego 7 ante Toronto en Semifinales. En verano Riley invirtió el dinero en aquellos jóvenes que habían trabajado y funcionado. Eso siempre lo ha tenido claro. El esfuerzo y los buenos resultados deben ser compensados.

Apostaron también por James Johnson o Dion Waiters, confiando en explotar todo el básquet que había en ellos. Las lesiones y un inicio terrible de temporada hacían pensar en traspasos, entre ellos el de Dragic, y la reconstrucción definitiva. Alargar por alargar no tenía sentido, pero para Riley solo ha existido una vía, la de competir.

Mientras Riley hacía esos desembolsos bajo la atenta lupa de Elisburg, dejaron marchar a Dwyane Wade. El icono, el principal jugador de la historia de la franquicia. Wade quería millones, pero Riley le dijo que no. El escolta tenía ya una edad y comprometer esa masa supondría un problema a corto plazo. Riley jamás titubeó, Wade tampoco. Separaron sus caminos y rompieron relaciones.

Dieron la vuelta a la temporada, terminaron 41-41 y se quedaron fuera de Playoffs. Fue el año que Spoesltra bañó con lágrimas de orgullo y emoción su rueda de prensa de final de campaña. Cuando Richardson, los Johnson o Waiters explotaron, diciendo este último que "iría a la guerra" por sus compañeros. La conexión lograda y la segunda mitad de temporada de aquellos Heat fue una inesperada barbaridad que no puede caer en el olvido.

La recompensa en el Draft fue un pick 14 que invirtieron en un joven de Kentucky. No se le intuía mucho techo a este pivote, pero encajaba en las medidas físicas y tenía instintos defensivos. Bam Adebayo fue seleccionado el mismo verano en el que invirtieron mucho dinero en renovar a James Johnson y Waiters, y firmar a Kelly Olynyk.

El ejecutivo apostó por renovar al joven Richardson y cerraron entonces el que fue considerado -hasta el pasado verano- uno de los contratos ganga por excelencia. Limpiaron contratos secundarios que fallaron, como el de Josh McRoberts, y apostaron por un saltarín de la G-League llamado Derrick Jones Jr. Entonces, en febrero, se produjo el reencuentro. Wade regresaba desde Cleveland a Miami a cambio de una segunda ronda con fuertes protecciones. Riley y Dwyane habían hecho las paces.

Ganaron 44 partidos, se metieron en Playoffs y las sensaciones eran muy positivas. El mix era muy completo. Tenían a Wade y Udonis Haslem como maestros, a jóvenes prometedores en Winslow y Adebayo y un nutrido grupo de guerreros de mayor o menor calidad, pero mucho encaje. Waiters, Dragic, Whiteside, los Johnson...

Ese verano renovaron a los jugadores importantes que terminaban contrato e hicieron dos movimientos considerados entonces insignificantes. Duncan Robinson firmaba un contrato dual y Kendrick Nunn un acuerdo por varias temporadas. De esos movimientos que pasan bajo el radar y ningún seguidor, más allá de los muy cafeteros, repara en ellos.

La 2018-2019 prometía ser la mejor temporada desde la marcha de LeBron y los problemas de salud de Bosh. Sería el último año de Wade y el objetivo estaba en los Playoffs mientras desarrollaban a los jóvenes. Estuvieron cerca en resultado, hasta la última jornada, pero no así en sensaciones. No era el mismo equipo de los dos años anteriores por mucho que los nombres sí los fuesen. Whiteside y Waiters parecían otros jugadores, James Johnson había abandonado su dominio como pieza de complemento y la dependendia alrededor de Wade en ataque era tóxica.

Los de Florida se quedaron sin Playoffs, Wade se retiró sin una última hazaña y, cuatro años después, no había rastro de la promesa que le hicieron a Goran Dragic en febrero de 2015. Aquel equipo estaba a años luz de ser candidato.

"Esta fue una promesa que Pat y yo le hicimos a Dragic hace seis años de que tendríamos un equipo candidato. Nadie sabía este giro de los acontecimientos, un montón de acontecimientos que no podíamos controlar, y él se mantuvo firme, y pudimos construir piezas sólidas a su alrededor", dijo Spoelstra antes de las Finales de 2020. Es impresionante cuánto pueden cambiar las cosas en unos pocos meses.

Riley y Elisburg se equivocaron al comprometer tanta masa salarial en los Waiters, Whiteside y compañía. La NBA actual se centra en tener los salarios en tus dos o tres estrellas y repartir el resto entre veteranos por debajo de su marca, contratos de rookies y gangas que la franquicia debe descubrir. Reorientaron su objetivo y buscaron nuevos horizontes, todo ello mientras buscaban darle a Wade el mejor de los finales. Por supuesto, el foco estaba más allá. Como siempre ha tenido claro Riley, ningún jugador está por encima del bien de la franquicia.

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Para el verano de 2019 ya había movido el contrato de Tyler Johnson para transformarlo en otro mal contrato que al menos parecía encajar mejor, Ryan Anderson. Apenas duró el cuatro abierto tirador. La offseason de 2019 y los meses posteriores fueron un clínic que, ahora, con la clasificación a las Finales, resulta en sobresaliente.

Riley llegaba al verano con los enormes contratos de Whiteside (25,4 millones), Anderson (20,4), Jonshon (14,6 millones, 2 años más) y Waiters (11,5, 2 años más), los añadidos de Olynyk (12) y el comienzo del nuevo contrato de Winslow. Estaban atados salarialmente, sin figuras en el equipo y con varias de sus rondas del Draft traspasadas a otras franquicias. El dibujo resultante era la previsión de varios años de estar en tierra de nadie en el Este, lo que no sabíamos es que Riley traía un plan paralelo desde hacía tiempo.

Seleccionó a Tyler Herro con el pick 13 y cerró un espectacular traspaso a cuatro bandas con Clippers, Blazers y Sixers. El Heat dio a Whiteside, Josh Richardson y su primera ronda de 2023 por conseguir dinero, a Meyers Leonard y a Jimmy Butler.

"Conseguir a alguien como Jimmy Butler fue increíble. Fue una de las visitas de reclutamiento más increíbles que hemos tenido", contó Spoelstra. "Fue una conversación tan natural que sentías que después de 20 minutos estábamos muy alineados en cómo veíamos la competitividad, el trabajo y la cultura. Todo. Ni siquiera entramos haciendo nuestro trabajo de reclutarlo, realmente cenamos y hablábamos".

"Nos interrumpió a Pat y a mí a los 5 minutos de la conversación y dijo: "oye, estoy dentro". Nosotros dijimos, "¿Qué? Ni siquiera te hemos dado nuestro discurso todavía'".

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No hizo falta darle nada a Jimmy. Él quería ser feliz y el lugar era Miami. No iba solo por los habanos, la calidad de vida y los sombreros de paja, motivos de suficiente peso, sino por esa "Heat Culture".

Limpió el plantel y el plan continuó su curso con el acelerón de Butler. Llevaban dos años trabajando con Duncan Robinson para que fuese titular, mérito del jugador, pero creación de la franquicia. Construyeron a Bam Adebayo para revolucionar el puesto de pivote. Vieron en Tyler Herro el carácter y la calidad que hace a los más grandes. Y todo esto en Miami siempre se potencia.

"(Riley) no reunió a este equipo para que nosotros jugáramos 82 partidos y nos fuéramos a casa", explicaba Adebayo durante los Playoffs. "Esa no es la razón por la que trajo a Jimmy aquí. Esa no es la razón por la que me seleccionó, ni la razón por la que consiguió a Andre (Iguodala) y Jae (Crowder)".

Porque el pasado febrero, Riley decidió traspasar a un prometedor joven de 23 años por un veterano de 36 que llevaba cerca de un año sin jugar, y otro jugador de rotación que terminaba contrato. ¿El motivo? Su creencia depositada. No se trata de una cuestión de fe, se trata de hechos. Riley liberó a Winslow y su merecida renovación para competir ya, para ganar al corto plazo. Veía la ocasión de dar la sorpresa, ahora son el finalista más improbable de los últimos 35 años.

No son favoritos y puede que caigan ante los Lakers de LeBron y Davis, pero ahí están. La promesa que Riley y Spoelstra le hicieron a Dragic hace cinco años y siete meses se ve cumplida en este imprevisible 2020. Es la historia de este año, la narrativa de los olvidados, pero ante todo es el reflejo del trabajo de la franquicia en los dos últimos años. Una organización que funciona al unísono bajo los inquebrantables principios de Pat Riley.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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