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Playoffs 2020

Cultura Miami Heat: imagen y semejanza de Pat Riley

Seguramente no exista alrededor de los 30 equipos de la liga una franquicia tan vinculada a una figura específica como el Miami Heat con Pat Riley. El único paralelo razonable es el de Gregg Popovich con San Antonio, pero en el caso de los Spurs, ya traían un bagaje con el paso de una leyenda como George Gervin. Con Miami, en cambio, es casi imposible enumerar algún hito que de una manera u otra, no esté vinculada a Riley. Y no solo por su mera presencia como dato anecdótico, sino directamente por su mano de alfarero a la hora de darle forma a esos éxitos.

El Miami Heat es Pat Riley, de la misma manera que si uno quisiera explicar al personaje en cuestión, alcanzaría con hacer un repaso de las decisiones y las búsquedas que ha tenido la franquicia en los últimos 25 años.

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El neoyorquino llegó al Heat en apenas su octavo año de existencia en la NBA (1995) y con un detalle importante: en las siete campañas previas, no habían ganado ni una sola serie de Playoffs y apenas habían tenido récord positivo en una ocasión.

Decir que Riley ayudó a construir de cero a lo que hoy asociamos con el Miami Heat puede sonar a una exageración, pero en muchísimos aspectos, eso fue exactamente lo que ocurrió desde que sus caminos se juntaron 25 años atrás. Donde apenas se vislumbraban cimientos, pronto se levantaría una dinastía.

Riley I: Raíces de una identidad

El Riley que llegó a Miami en 1995 (como técnico y presidente) era uno muy diferente al que había ganado cuatro anillos como entrenador de Los Angeles Lakers en los '80. Atrás había quedado el showtime de esos conjuntos con Magic a la cabeza, dando un giro de 180 grados durante su etapa con los Knicks: un básquet mucho más lento y físico, con un claro énfasis en el costado defensivo. Y si bien ese estilo no le había alcanzado para conseguir su quinto título (básicamente por la presencia de Michael Jordan y sus Bulls), sí había sentado las bases de la identidad que rápidamente lograría darle al Heat.

Una vez en el equipo, Riley realizó en 1995-1996 un par de movimientos arriesgados que definirían los próximos años de Miami: en noviembre mandó a Glen Rice (el jugador franquicia hasta ese entonces) a Charlotte a cambio de Alonzo Mourning, mientras que en febrero movió a Kevin Willis a Golden State, recibiendo a Tim Hardaway. Los canjes no tuvieron un impacto inmediato: el Heat terminó con marca de 42-40 en esa temporada y fue barrido en la 1° Ronda fácilmente por los Chicago Bulls. Pero junto con la incorporación de Jamal Mashburn en la 1996-1997, la columna vertebral ya estaba formada para lo que podríamos definir como el Riley I.

Esa versión del Heat no conseguiría ningún campeonato, pero sí le daría a la franquicia una visibilidad que no habían tenido hasta entonces. Entraron al mapa de la liga, sobre todo a partir de una 1996-1997 en la que ganaron nada menos que 61 partidos y alcanzaron las Finales del Este, cayendo allí otra vez ante los Bulls de MJ por 4-1. La fórmula fue clara desde el principio y muy similar a la de los Knicks: ritmo cansino (25 entre 29 equipos), enorme intensidad defensiva (1° en rating) y un pivote como figura central de su ataque... el bueno de Zo.

El Heat ganó más del 60% de sus partidos en las siguientes cuatro campañas y en todas ellas finalizó en el Top 8 en cuanto a eficiencia defensiva y entre los cuatro últimos en cuanto a ritmo de juego. El problema fue que a diferencia de lo que había ocurrido en la postemporada de 1997, nunca pudieron avanzar lejos en Playoffs: perdieron en la 1° Ronda de 1998, 1999 y el 2001, mientras que cayeron en las Semis del 2000.

Tras esas decepciones, las últimas dos campañas de Riley en su primer paso como DT de Miami fueron para el olvido, ya con un Mourning complicadísimo por lesiones y problemas de riñón. A punto tal bajaron su nivel, que no ingresaron a los Playoffs en el 2002 ni en el 2003, ganando apenas 36 y 25 partidos respectivamente.

El primer Miami de Riley había dejado como saldo las raíces de una identidad clara, pero más frustraciones que alegrías en cuanto al balance general. Una vez finalizada la 2002-2003, dejó su cargo como entrenador, enfocándose en su rol como presidente. ¿Su primera decisión importante en ese verano? Elegir a Dwyane Wade en la quinta posición del histórico Draft del 2003, abriendo así la segunda era del Heat. ¿La segunda? Firmar a un desconocido ala pivote llamado Udonis Haslem, quien venía de jugar en el básquet francés.

Ni los más optimistas podían imaginar por entonces que en el plazo de dos meses, Riley había incorporado a los dos nombres que hoy lideran prácticamente todos los rubros estadísticos históricos de la franquicia.

Riley II: El primer anillo

No hubo que esperar demasiado para darse cuenta que Miami se había ganado la lotería con la elección de Wade, quien como novato promedió 16,2 puntos en la Fase Regular y 18 en la postemporada, alcanzando las Semis del Este con Stan Van Gundy en los controles. Ni tampoco para descubrir el pleno que habían acertado con Haslem (el primero de varios con jugadores no drafteados), quien no tardaría demasiado en ganarse la titularidad con su aporte defensivo.

Claro que si algo ha caracterizado al Padrino Riley en estos 25 años son las apuestas fuertes y para la siguiente, tampoco pasó demasiado tiempo: en julio del 2004 mandó un paquete que incluía a Caron Butler, Lamar Odom, Brian Grant y un par de picks a Los Angeles, a cambio de nada menos que Shaquille O'Neal.

Con Shaq y Wade como pilares, Miami se transformó en uno de los grandes animadores del certamen, alcanzando la Final del Este en el 2005 y llevando al campeón Detroit a siete partidos. Sin embargo, entre aquella derrota en el Juego 7 frente a los Pistons y un irregular inicio de la 2005-2006 (marca de 11-10), Van Gundy terminó dejando su lugar en el banco... ¿quién lo ocupó? El propio Riley, volviendo a la doble función de entrenador-dirigente.

La salida de Van Gundy estuvo acompañada de polémica, con diferentes voces que vincularon a Riley y a determinados jugadores (especialmente a Shaq) con poco menos que un complot para generar ese cambio de entrenador. Y aunque nunca sabremos a ciencia cierta qué ocurrió exactamente (Van Gundy citó motivos personales para su renuncia), hay algo que termina siendo indiscutible: los buenos resultados que ofreció ese movimiento.

El Heat recuperó con Riley su identidad defensiva y tras vencer a Chicago y New Jersey en las primeras dos llaves de Playoffs, se cruzó en la definición del Este con un rival conocido: los Detroit Pistons. Solo que esta vez la dupla Wade-O'Neal pudo más que aquella versión B de los Bad Boys y terminó imponiéndose por 4-2. Miami llegaba así a las primeras Finales de su historia.

En ellas esperaban los Mavericks de Dirk Nowitzki y tras abrir con un 0-2 en contra, los de la Florida ganaron cuatro partidos de manera consecutiva, para conseguir su primer Larry O'Brien... y el quinto para Riley como DT. ¿El secreto del título, más allá de la labor extraordinaria de Wade? La defensa. Dejaron a Dallas, un equipo que promediaba 99,1 puntos por partido, en apenas 90,5 tantos en los cuatro últimos partidos, mientras que Dirk solo pudo lanzar un 39% de campo y un 25% en triples en el cruce. ¿Marcado por? Udonis Haslem, claro.

Riley seguiría al frente de Miami por dos temporadas más, sin poder replicar el éxito de la 2005-2006 por diferentes razones. En los Playoffs 2007 quedaron eliminados en 1° Ronda por Chicago, mientras que en la 2007-2008 acabaron con el peor registro del certamen (15-67), con Wade lesionado y Shaq siendo traspasado a Phoenix. Terminada esa decepcionante temporada, Pat abandonó definitivamente el banco del Heat, quedando este en manos de Erik Spoelstra, quien llevaba trabajando en diferentes roles dentro de la organización desde hacía más de una década.

Riley III: El Big 3

Los primeros dos años de Spoelstra, quizá con el mejor Wade de toda su carrera, vieron a un equipo competitivo con el sello Riley: buenos rendimientos defensivos y un ritmo bajo de posesiones. Aunque a la vez, sin el talento suficiente como para avanzar lejos en Playoffs. A punto tal que en ambas campañas quedaron eliminados en la 1° Ronda, cayendo ante Atlanta y Boston respectivamente. Y entonces llegó el verano del 2010... donde no solo cambió el futuro del Heat, sino de la historia de la liga en general, con la famosa Decisión de LeBron James de llevar sus talentos a South Beach, juntándose con Wade y Chris Bosh.

Uno podría pensar que aquella versión de Miami con el Big 3 fue la menos Riley de las cuatro. Pero aunque en un principio se esperaba ver una acumulación de individualidades que dominara la liga por su talento natural, no tardamos en darnos cuenta que lo de ese Heat iba mucho más allá. Para empezar, las tres figuras cedieron protagonismo en pos del colectivo. Pero además, lejos de ser un equipo que descansara en defensa sabiéndose superior en ataque, hasta podríamos decir que fue justamente en el campo propio donde dejaron su mayor huella.

Con tres jugadores de ese calibre, era esperable que Miami tuviera una de las mejores ofensivas de la liga. Y así ocurrió. Pero guiados por la estrategia de Spoelstra y la filosofía de Riley, el Heat también se transformó en una escuadra dominante en la marca y precursora del básquet que vemos hoy en día: fueron de los primeros equipos que apostaron fuerte al small-ball, no solamente para abrir la cancha con cinco tiradores, sino también para ganar versatilidad y agilidad con interiores (Bosh) y aleros (LeBron, Battier) extremadamente versátiles.

Al igual que sus versiones anteriores, este Miami duró menos de lo esperado: fueron solo cuatro años hasta que LeBron decidió regresar a Cleveland. Sin embargo, el balance no pudo ser mejor: cuatro Finales y dos nuevos campeonatos, con las consagraciones en 2012 y 2013. Tres súperestrellas, tres etapas... tres anillos para la franquicia en solo siete años.

Riley IV: El modelo perfecto

Desde que LeBron dijo adiós, Miami pasó cinco años buscando su destino, sin encontrar la magia de sus experiencias anteriores, más allá de mantener al doble comando Spoelstra-Riley. En tres de esas cinco temporadas ni siquiera se clasificaron a los Playoffs y cuando lo hicieron, estuvieron lejos de ser realmente contendientes.

Pero así como sus tres eras anteriores comenzaron con la incorporación rutilante de un All-Star (Mourning, O'Neal y LeBron), algo muy similar ocurrió en el 2019, quizá a menor escala: el fichaje de Jimmy Butler, sumándose a una base que ya contaba con piezas como Goran Dragic y Bam Adebayo, y que a la vez encontraría joyas escondidas como Duncan Robinson, Kendrick Nunn y Tyler Herro.

La química entre todos ellos no pudo ser mejor desde el primer momento, siempre manteniendo esa identidad que se empezó a forjar en 1995. Y es que en 24 de las 25 temporadas de Riley, Miami jugó a un ritmo más lento que el promedio de la liga y en 23 de las 25 tuvo un rating defensivo superior a la media. Nada de eso es casualidad, claro y la 2019-2020 no es la excepción (27° en ritmo, 4° mejor defensa de los Playoffs).

Todavía no podemos determinar hasta dónde llegará exactamente esta versión de Miami o si durará algo más que las anteriores. Pero sí podemos afirmar un par de cosas: para empezar, que el inicio no podría ser más prometedor, con las Finales de Conferencia ya aseguradas. Y por otro lado, la sensación de haber alcanzado el punto más alto en la escala Riley, desde la personalidad de sus estrellas, la condición de underdogs (menospreciados) de varios de sus hombres de rol y un estilo de juego donde el todo excede largamente a la suma de las partes.

Llevó 25 años y varios prototipos que en mayor o menor medida se acercaron al ideal. Pero es recién en el 2020 donde el Heat puede afirmar sin ningún tipo de dudas, que finalmente se ha formado completamente a imagen y semejanza de su creador.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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