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Playoffs 2020

Los cinco motivos que llevaron a Philadelphia 76ers a ser la decepción de la 2019-2020

Con su sexto puesto en la Conferencia Este y su eliminación por 4-0 en la 1° Ronda a manos de los Boston Celtics, no hay dudas de que los Philadelphia 76ers se han transformado en la mayor decepción de esta 2019-2020. Un equipo que arrancó el certamen con pretensiones de título, pero que con el correr del calendario demostró estar muy alejado de esa chance. Aún cuando en determinados partidos o tramos de la campaña, regaló algunos flashes de calidad que hicieron ilusionar a sus seguidores.

Pero ¿qué fue exactamente lo que salió mal con estos Sixers?, ¿dónde estuvieron sus defectos o puntos débiles?, ¿cuáles de ellos son estructurales y cuáles podrán corregir de cara a lo que viene? Lo repasamos a continuación, de la mano de cinco factores fundamentales.

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El armado del plantel

Más allá de la ejecución posterior de los jugadores, no hay dudas de que el gran defecto de estos Sixers en la 2019-2020 pasó por el propio armado de su plantilla, con varios problemas en ese sentido: la apuesta por un Al Horford que no fue compatible con Joel Embiid durante todo el certamen, la decisión de considerar a Tobias Harris como la segunda opción ofensiva del equipo, la falta de tiradores, la falta de bases creativos, el llamativo corte de Trey Burke en medio de la campaña... entre otros.

Los responsables de las tomas de decisiones de los Sixers no estuvieron a la altura, ni desde la gerencia, ni desde el cuerpo técnico. Ejemplo de esto es el hecho de que una vez que Ben Simmons fue movido a la posición de ala pivote, Philadelphia se vio obligado a usar a Shake Milton como su base titular, quien dejó en claro que al menos hoy no tiene el nivel necesario para ser el uno inicial de un equipo con pretensiones importantes.

Los Sixers no encajaban en los papeles y tampoco lo hicieron en la práctica. Y francamente, en ciertos casos se sobrevaloró el talento del que disponían: sí, Joel Embiid y Ben Simmons son dos de los 15 o 20 mejores jugadores de la liga. De eso no hay dudas. Pero detrás de ellos, aparece un grupo de jugadores que no se sentía cómodo (Horford), no era apto para su rol (Harris) o sencillamente no era lo suficientemente bueno como para ayudar a pelear en el Este.

Una vez que Simmons se lesionó, la falta de talento de Philadelphia saltó a la luz en la serie contra Boston. Es obvio llegar a la conclusión de que Embiid era el mejor jugador del equipo, ¿pero quién era el segundo o tercero mejor?, ¿Harris, Richardson, Horford?... difícil de responder. Sobre todo teniendo en cuenta que Tobias Harris históricamente ha tenido problemas para mantener su buena producción de Fase Regular en Playoffs. A punto tal que ante Boston promedió 15,8 tantos y un ¡13,3% en triples!

Ya hablaremos de otras factores, pero el concepto primordial es que las piezas de los 76ers no solo no eran complementarias, sino que se trataba de un plantel con menos recursos de lo que algunos de sus nombres podían hacer pensar.

Simmons, estancado

Aunque puede haber quedado algo desapercibido por no haber formado parte del equipo en la postemporada, lo cierto es que la falta de progreso de Ben Simmons fue otro de los factores decisivos para que Philadelphia no esté a la altura de lo esperado en esta campaña.

Los números son contundentes. En la temporada anterior, el australiano promedió 16,9 puntos, 8,8 rebotes y 7,7 asistencias. ¿En la 2019-2020? 16,4 puntos, 7,8 rebotes y 8 asistencias. Cifras casi idénticas que a la vez, también son extremadamente similares a las de su año de novato: 15,8 puntos, 8,2 asistencias y 8,1 rebotes.

Defensivamente Simmons ha mejorado mucho, pero en ataque, es exactamente el mismo jugador que llegó a la liga. Y aunque algunos volvieron a caer en la trampa de pensar que había mejorado su tiro externo, nada de eso se vio: anotó solo dos triples en 57 partidos, sobre apenas siete intentos.

El jugador surgido de LSU sigue sin mirar el aro fuera de la pintura y mientras no muestre progreso alguno en ningun área de la ofensiva, será difícil que alcance el gran potencial que obviamente posee.

La irregularidad de Embiid

Cuando podía esperarse que Joel Embiid potenciara lo que había sido una fenomenal 2018-2019, en la que promedió 27,5 puntos y 13,6 rebotes, el camerunés bajó sus cifras a 23 tantos y 11,6 tableros. Pero más allá de que parte de la explicación tiene que ver con un mayor cuidado en los minutos, la realidad es que se vio a un Embiid desmejorado en algunos aspectos, especialmente desde lo atlético.

A esta altura es difícil determinar si esa disminución tiene que ver con un tema de desgaste ante tantas lesiones o de no estar en la mejor condición física. Pero lo que es innegable es que se vio a un Embiid mucho menos explosivo y ágil que en temporadas anteriores, algo que se notó especialmente en el costado defensivo, donde tuvo los peores números en tapas de su carrera (1,3).

Y después está el tema energía: desconcentraciones, enojos con compañeros, mala toma de decisiones... un talento enorme, pero que todavía necesita alcanzar una madurez, que después de seis años de haber sido drafteado por los Sixers, aún no ha incorporado.

Problemas de spacing

Específicamente desde el juego, el gran defecto que acompañó a los 76ers durante toda la 2019-2020 fue la falta de spacing en su ofensiva. Lo cual no solo se ve reflejado en que hayan terminado 19° en triples convertidos y 22° en intentados, sino que además ayuda a explicar porque apenas terminaron con el 13° mejor rating ofensivo del torneo, a pesar de tener a un pivote dominante en ese costado como Embiid y a uno de los mejores pasadores de la liga como Ben Simmons.

La apuesta por juntar a Horford con Embiid no funcionó. Y si a eso le agregamos la presencia de otro jugador sin tiro como Simmons, se forma un cóctel peligroso, que Philadelphia terminó pagando caro.

El ataque de los Sixers lució muy poco 2020 durante toda la campaña. Más bien podríamos decir que se pareció más a una ofensiva de los '90 o principios de los 2000, apostando constantemente por el juego de poste bajo y prácticamente sin recurrir al spread pick and roll que tanto protagonismo tiene en la NBA de hoy en día.

De cara al futuro, aunque no tiene mucho margen de maniobra en términos de plantel, Philadelphia deberá modernizar su ataque o le seguirá siendo difícil competir con los mejores equipos de la liga.

Pocas respuestas en el banco

El último factor a mencionar pasa por las debilidades de su segunda unidad. Los únicos dos suplentes que vieron minutos consistentes durante todo el año fueron Furkan Korkmaz y el novato Matisse Thybulle (en el cierre de la temporada se sumó Alec Burks). Dos correctos jugadores, pero bajo ningún punto de vista, capaces de cumplir con el rol del sexto hombre: Korkmaz es un muy buen tirador pero con problemas en defensa, mientras que Thybulle brilla en la marca pero aporta poco en ataque.

Y peor aún: ambos dieron grandes ventajas contra los Celtics en sus especialidades. Korkmaz no anotó un solo tiro de campo (0-7) en toda la serie, mientras que Thybulle sufrió en la marca de Tatum. Y eso a pesar de que Burks aportó en doble dígito (10,5 puntos), lo hizo lanzando un 32,7% de cancha.

¿El resto de los nombres que fueron viendo minutos en el banco de Brown? Raúl Neto, Mike Scott, Norvel Pelle, Kyle O'Quinn, Glenn Robinson III... una vez más, un armado de plantel incompleto y con demasiados baches que no fueron capaces de cubrir.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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