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Philadelphia 76ers desperdició una renta de 24 puntos y Oklahoma City Thunder se llevó el triunfo

En Orlando todo puede pasar y en la tarde del domingo quedó claro que los equipos todavía están lejos de su mejor estado de forma. Oklahoma City Thunder consiguió una victoria de mérito contra Philadelphia 76ers por 102 a 97. Un triunfo que no refleja en absoluto la realidad de lo que sucedió durante el choque pues durante más de 40 minutos los de Brett Brown dominaron en el marcador, llegando a imponer una renta de 24 puntos que se esfumó en el momento en el que las estrellas del equipo se sentaron en el banco.

Ahí fue donde emergió Darius Bazley que firmó una actuación sobresaliente y muy sólida en los últimos 24 minutos de partido consiguiendo 13 puntos y 7 rebotes en 4 de 8 tiros de campo junto a la aportación de Mike Muscala con 9 tantos que desde la línea del triple dio alas al Thunder.

Los 76ers por su parte mostraron dos caras. Una, sumamente dominante con Simmons, Horford y Richardson sobre el parqué, sin dar opción a sus rivales y otra, muy distinta, sin ellos, dejando claras las carencias del equipo a media cancha y la necesidad de un base puro para crear juego, anotando 16 puntos en los últimos 15 minutos de partido por los 45 de OKC.

Destacable por otro lado fue el partido de Shai Gilgeous-Alexander, el mejor de la primera unidad de OKC con 16 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias, dominando desde el bloqueo directo y siendo la nota positiva del equipo en la primera mitad.

Mientras, en Philadelphia, tanto Simmons con 14 puntos, 11 rebotes y 9 asistencias como Al Horford con 13 tantos y 9 rebotes fueron de lo más destacable en el conjunto de Brett Brown.

Vamos con unas observaciones del segundo amistoso de ambos equipos:

  1. Philadelphia, muy diferente sin Embiid: la ausencia del interior camerunés obligó a cambiar los planes de juego de los 76ers y su defensa se resintió considerablemente con Horford como principal arma en la pintura. La presencia de Adams por parte del Thunder evidenció que el dominicano ha dado un paso atrás en ese sentido respecto a temporadas anteriores. La versión a media cancha ofrecida por Sixers distó mucho de lo visto contra Memphis, más relajados en los bloqueos indirectos y permitiendo una mayor circulación de balón a OKC. Más allá de la defensa, en ataque al tener que dar muchos minutos a Pelle la fluidez ofensiva descendió, viéndose un juego más lento y carente de ideas por momentos.
  2. El botón defensivo de 76ers: En un contexto en el que cada partido puede decantar la balanza, la defensa tiene un peso todavía mayor que de costumbre y los 76ers son uno de los mejores en ese sentido de la NBA, algo que han dejado claro en sus dos partidos de preparación. A pesar de la ausencia de Embiid, la línea exterior de Philadelphia es capaz de mantener un nivel excelente que llegado el momento mantiene una consistencia tal desde la que crecen y desesperan el ataque de sus rivales. Así, de un momento a otro los Sixers pueden definir un partido solamente frenando la primera línea en un abrir y cerrar de ojos.
  3. OKC incapaz de anotar en los primeros 20 minutos: Durante buena parte de la primera mitad los de Billy Donovan no consiguieron dar con la tecla en ataque, sufriendo para encontrar tiros cómodos ante la mutable defensa de los 76ers que iba desde la zona hasta la negación de los bloqueos pasando por una persecución continua. Esto hizo que llegados al descanso apenas llevasen un 36% en tiros de campo y un 20% en triples, algo que cambió considerablemente una vez las segundas unidades hicieron su entrada.
  4. El balance defensivo de Thunder: Oklahoma trató de sorprender a los 76ers limitando su influencia en la pintura en las situaciones de contraataque y tras fallo propio con una propuesta que colapsaba perfectamente la zona con hasta tres jugadores. Sin embargo, la apuesta de Donovan no salió todo lo bien que hubiera deseado, ya que Simmons y Milton bajaron el ritmo en esas acciones para encontrar a tiradores llegando en el último momento o bien castigando desde la línea de fondo. Por otro lado, si OKC quiere tener una larga carrera en los Playoffs deberá mejorar considerablemente este aspecto más allá de que tratasen de sorprender con defensas dobles ante reverso de sus rivales o bien al poste bajo.

El Thunder: Jekyll y Mr. Hyde

Si contra Boston Celtics el equipo de Billy Donovan parecía que no había tenido un parate de cuatro meses sin competición, en su segunda aparición frente a Philadelphia se le vieron todas las costuras. Lentos, carentes de ideas y sin orden claro el Thunder fue a remolque durante toda la primera mitad, acumulando amplios parciales en donde los 76ers marcaron el ritmo a base de defensa.

Tras un inicio reñido los Sixers le tomaron la medida al ataque de OKC anticipando sus movimientos y sistemas. Paul apenas tuvo presencia en el partido, Adams a pesar de su acierto (11 puntos) no tuvo continuidad y Schroder estuvo completamente desaparecido, frustado con la defensa de Thybulle.

Los 76ers, que llegaron a mandar por 24 puntos, solo perdieron el hilo del partido una vez que salió del campo su primera unidad y buena parte de sus suplentes principales. Momento en donde Oklahoma se reenganchó más por demérito de sus rivales que por el baloncesto propuesto, pasando de un 7-17 de inicio en el tercer cuarto a un 26-13 en apenas dos minutos.

Ese parcial fue el detonante para que el Thunder reaccionase, ofreciendo batalla y poco a poco reduciendo la distancia con sus rivales que no consiguieron encontrar la fluidez necesaria para anotar a la media cancha. Bazley y Muscala fueron el corazón de un equipo que redujo la diferencia a la mínima expresión y creciendo desde la defensa.

En un abrir y cerrar de ojos los Oklahoma pasó de ir todo el partido por detrás a estar en disposición de ponerse por delante a falta de 2 minutos para el final, fue el momento en el que apareció Andre Roberson que anotó dos triples consecutivos con los que certificó la victoria para el Thunder de manera increíble.

Un Simmons completamente diferente

Si contra Memphis Grizzlies se cumplieron las expectativas puestas en lo que se había anunciado como una renovación del rol del base australiano, contra el Thunder volvimos a una versión más cercana de lo que había sido antes del parate de la temporada. Colocado como el principal manejador y creador de juego, Ben Simmons ejerció como base y el equipo por momentos se movió a su ritmo y deseo.

La ausencia de Embiid generó una serie de movimientos dentro de la rotación de los 76ers pasando a Horford al quinteto titular y relegando a Shake Milton a un papel mucho más secundario de lo que se vio en el anterior amistoso, en esta ocasión el que apuntaba a ser nuevo base de Philly acabó haciendo funciones más propias de un escolta y ejecutor que de manejador.

Como suele acostumbrar, Simmons realizó un magnífico papel en defensa deteniendo al mejor jugador sobre el parqué de Thunder como fue Shai Gilgeous-Alexander, siendo el único que hizo un buen trabajo sobre el canadiense, persiguiendo y dándole caza en cada bloqueo directo. Esto permitió a los Sixers controlar el rebote defensivo y poder organizar la transición de manera eléctrica, sacando a relucir todo el potencial del australiano para encontrar pases a la espalda o bien con los últimos jugadores en llegar a campo ofensivo para anotar de fuera.

Los sistemas de Sixers fueron completamente diferentes con Simmons en cancha, apenas le vimos ocupar el poste alto como se intuyó en el anterior duelo, iniciando y finalizando buena parte de las jugadas en sus manos con un bloqueo directo o una división.

No obstante, Simmons fue el termómetro del equipo. Con él los 76ers dominaron en ambos extremos del campo y sin este en cancha el juego se resintió considerablemente. Su impacto fue tal que a punto estuvo de marcharse con un triple-doble, acabando con 14 puntos, 11 rebotes y 9 asistencias en 5 de 10 tiros de campo (esta vez sin triples).

Horford, el ejecutor perfecto

El jugador dominicano fue uno de los nombres propios del partido, pues firmó una actuación sobresaliente con un alto porcentaje de acierto y dejando su impronta en el juego colectivo. Horford tuvo un gran partido más allá de la línea de tres puntos, anotando 4 de sus 5 intentos, los cuales se produjeron de manera consecutiva tras errar el primer lanzamiento.

Su esfuerzo en defensa, pese a no rendir al mismo nivel que Joel Embiid, fue lo suficientemente positivo para permitir que Philadelphia dominase bajo los aros para así iniciar rápidamente la transición. Todo eso acabó por derivar en una línea estadística remarcable, rozando el doble-doble pues el dominicano acabó con 13 puntos, 9 rebotes y 2 robos en los 23 minutos que jugó.

Al contrario que en el anterior partido, Horford hizo las veces de ejecutor en ataque, abriendo el campo de manera correcta para que Milton y Simmons atacasen el aro a sus anchas, lo que les permitió encontrarle liberado más fácilmente.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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