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Miami Heat

El legado del triple de Ray Allen, el tiro más clutch de la historia de la NBA

La Academia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en Colorado Springs servía como base de operaciones para los San Antonio Spurs durante el training camp de 2013. A más de 13 horas de trayecto en coche de su hogar, el AT&T Center, el equipo afrontaba el primer día tras el peor de los finales, o por lo menos el más doloroso que ellos recordaban.

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Después de caer en dos Finales de Conferencia desde el título de 2007, regresar a los Finales en 2013 ya era un éxito para el legado de los Spurs. Ese eterno conjunto que todavía conservaba como estrella veterana al joven que fue MVP de las Finales en 1999 con 23 años. La opción de cerrar el círculo ante Miami Heat de LeBron James y el Big-Three significaba un choque absoluto de estilos y filosofía del juego, dos maneras diferente de entender el básquet.

Miami y San Antonio regalaron en 2013 una de las series más recordadas. Siete partidos de garra, defensa y momentos imposibles. Quilates de calidad en representantes del Salón de la Fama. El desenlace más amargo de los libros de los Spurs.

Gregg Popovich utilizó como motivación durante ese training camp una imagen del Juego 6 de las Finales. Lo fácil es pensar en el triple de Ray Allen, posiblemente el tiro más clutch de la historia de la NBA. Pero no, Popovich colgó un momento concreto del tercer cuarto en el que tenía una ventaja superior a los 10 puntos. "No fueron los dioses del básquet", confiesa Pop. "Estaba en nuestro control y no lo logramos".

San Antonio comenzó el último cuarto del sexto partido por delante en el marcador, 75-65. Tenían el quinto título, el perfecto cinco de cinco en Finales, a su alcance. Incluso a falta de 28 segundos mandaban por cinco, 94-89. El encuentro parecía sentenciado e incluso algunos aficionados locales abandonaron el estadio. No querían ver a los suyos perder la segunda final en tres años. Bastaba con saberlo.

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Revisar el final del Juego 6 de 2013 es un ejercicio de pura historia de este deporte. Considerado uno de los mejores partidos de los Playoffs, los Spurs tuvieron en varias ocasiones el título a merced ante un Heat que jamás tiró la toalla. El último cuarto es demencial, una epopeya que narra dos historias definitorias de la liga para los siguientes años.

Del 10 abajo para Miami al empezar el último cuarto, a la activación del LeBron sin banda en la cabeza y el triple de Mike Miller sin zapatilla que provocaron la remontada. Dieron la vuelta al partido mediante una exhibición defensiva y un quinteto de dos tiradores -Miller y Ray Allen-, un base -Mario Chalmers- y un defensor interior -Chris Andersen- alrededor de James. Popovich pedía el tiempo muerto a falta de 1:47 y ese amenazante 89-86 en el electrónico.

Entonces, el mejor Tony Parker de las Finales apareció. Protagonista del primer y del quinto duelo, el francés apretó más la tuerca provocando un nuevo giro inesperado. Triple en stepback sobre LeBron, robo y otra conversión. Parcial personal de 5-0 y por delante de Miami cuando restaban 59 segundos. Una nueva pérdida tras el tiempo muerto de Erik Spoelstra, dos tiros libres anotados por Manu Ginóbili y el contraste del banco de San Antonio y la afición de Florida. El rugido que llegaba desde territorio texano desprendía rabia y felicidad. Era temor en Miami, que veía como se escapaba otro título de campeón.

El 7-0 de los Spurs fue impulsado por Parker, que hasta ese triple del final acumulaba un solo acierto desde el exterior en toda la serie. Es sin duda uno de los mejores lanzamientos de su carrera. Carácter y calidad. Las cajas con camisetas y gorras de campeones debían desfilar entonces por los bajos de la madera, mientras las de Miami se guardaban con lástima. Las sensaciones aumentaron tras la falta de entendimiento entre LeBron y Bosh, resultando en pérdida y un nuevo tiro libre de Ginóbili. Cinco arriba, 28 segundos.

Es entonces cuando se da lugar el medio minuto más improbable de la época reciente de la liga. El gran dibujo de pizarra de Spoelstra permite un triple liberado de LeBron. Falla, pero el rebote resulta más una competición de salto y palmeo que de guerra de espaldas y cierre del aro. La tocan un par de jugadores, el balón cae en manos de Miller y el alero regala otro lanzamiento a James, que esta vez si convierte. Dos abajo, 20 segundos y último tiempo muerto de San Antonio.

El Heat hace gala de su intensidad (impresionante cómo cargaron el rebote de ataque durante las Finales) y fuerza a que los Spurs consuman prácticamente los cinco segundos de saque de banda. Duncan, todo un especialista, puso un fuerte y medido balón en manos de Kawhi Leonard, el joven de segundo año que había explotado como buen titular esa temporada. Toda la presión del mundo sobre el chico de 21 años.

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Kawhi solo convirtió el segundo, dando licencia a Miami para soñar con otro triple que empatase el partido. Pero es que el primero se salió literalmente de dentro, hizo la corbata. Leonard no dudó, jamás lo ha hecho. Ni como joven de 21, ni con más experiencia cerca de los 30. El tiro que los hubiese puesto a cuatro no quiso entrar.

Popovich optó por dejar fuera a Duncan por cuestiones de defensa básica. Había que evitar el triple del Heat y para ello primaban quintetos pequeños, jugadores que pudiese saltar a realizar una larga ayuda hasta el triple por si un compañero fallaba. La ironía fue que, por proteger el triple cediendo rebote, concedieron dos rechaces ofensivos a Miami que resultaron en el primer triple, el de LeBron, y el segundo, el mítico de Allen.

El fallo de LeBron, el enorme rebote de Chris Bosh y ese movimiento de Ray. "No hay objetivo. No apunto. Si apunto, es entonces cuando fallo. La forma en que yo lo veo es que solo tengo que poner la pelota en el aire. Lo repites una y otra vez, nunca debes tener un objetivo", contaba Jesus Shuttlesworth a The Undefeated.

Todo sucede demasiado rápido. En directo el cerebro procesa las imágenes, pero la adrenalina dificulta su veloz comprensión. El fallo, el rebote y el triple imposible. La pugna de un Bosh que estuvo muy poco fino en esas Finales, el mismo que siempre aparecía con grandes rebotes y acciones defensivas en finales apretados.

Sin tiempos muertos, los Spurs se ven forzados a la última de Parker. El francés falla y se van a la prórroga. Después Bosh, LeBron y al robo de Allen a Ginóbili, que indignó a Pop al no ser señalado el excesivo contacto del escolta. Y otro tapón de Bosh en la esquina para forzar el Juego 7. El resto es historia.

El triple más clutch de la historia de la NBA

La remontada quedó sujeta a ese lanzamiento. Aquellos minutos de LeBron y la marca defensiva de Miami hubiesen quedado en nada sin el triple de Allen. Un tiro que marca el camino al segundo anillo de James, al tercero de Wade y a las únicas Finales perdidas por San Antonio.

¿Cómo sería la historia de no haber entrado ese tiro? O solo con que el rebote hubiese sido para los Spurs, eso hubiese servido. LeBron hubiese firmado un solo título en cuatro viajes a las Finales. Pero, sobre todo, ¿qué hubiese sucedido en 2014? Los Spurs usaron la amarga derrota para aumentar sus fuerzas y ser más contundentes en lo colectivo. Evitar que sucediese la debacle otra vez: dejar escapar el anillo cuando rozaba sus dedos.

El tiro de Michael Jordan ante los Cavaliers, los triples de Damian Lillard ante Rockets y Thunder. El de John Stockton para mandar a Utah a sus primeras Finales. Incluso el gancho de Magic Johnson ante los Celtics o el tiro desde mitad del campo de Jerry West. El triple de Kyrie Irving contra Golden State. Momentos decisivos en la historia de la liga, pero posiblemente todos ellos quedan, dentro de su épica, un ligero escalón por debajo de esta súbita conclusión. Solo la remontada del 3-1, que tuvo lugar tres años después, recuerda un escenario parecido.

Allen era visto como uno de los traidores esa temporada. Había dejado Boston para unirse al enemigo, para unirse a LeBron. Le quedaba gasolina para la temporada 2013-2014, pero ese triple del Juego 6 será el momento más recordado de su carrera, es la guinda del pastel. Marcharse de los Celtics al Heat y formar parte de una acción así hacen que la decisión merezca la pena. Era su segundo anillo. Firmó un 12 de 22 en triples en las Finales.

Con un solo año de contrato restante, James cargó por el triplete y se encontró ante el segundo mayor rival que ha tenido enfrente en las Finales, los mejorados Spurs de 2014. Una máquina perfectamente engrasada cuyo básquet estaba medido al milímetro, sin espacio para la duda o el error. Todas las figuras participaban sincronizadas en una danza astuta y veloz y sobre el parqué. No había manera. Y terminó emprendiendo su regreso a Cleveland.

Además de los legados de Ray Allen, LeBron James, Dwyane Wade o Chris Bosh, estas Finales perdidas de 2013 y el triple del Juego 6 son parte fundamental para entender el final de San Antonio. Su canto de cisne. El momento de culminación y despedida de la élite, por lo menos hasta que la lesión de Kawhi Leonard en los Playoffs de 2017 -y su posterior traspaso- evitó fantasear.

Quizás la explosión de Kawhi en 2014 no hubiese sido igual. Quizás los Spurs no hubiesen seguido su evolución, obviando esa derrota y sin llegar meses más tarde a su juego más pleno. Quizás LeBron hubiese tomado otra decisión al terminar su contrato. El triple de Ray Allen dibuja caminos que continúan entrelazados en los siguientes años y sirve como imagen representativa de unas Finales con ocho posibles Hall of Fame en juego: LeBron, Duncan, Wade, Parker, Allen, Ginóbili, Bosh y Kawhi.

"No puedo describir el sentimiento de ese (sexto) partido", asegura Bosh, el héroe del rebote predecesor a la daga de Allen, el tiro más clutch de la historia de la NBA.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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