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La historia del reloj de posesión en la NBA y la importancia de Danny Biasone

A lo largo de la historia de la NBA se han producido una serie de innovaciones que han cambiado el curso de los tiempos, iniciando un nuevo periodo más próspero y estando a la vanguardia dentro del mundo del baloncesto. La liga norteamericana nunca ha temido a arriesgarse a aceptar novedades e invenciones que perfeccionasen su producto, tanto dentro como fuera de las canchas, como por ejemplo la apuesta por la televisión por cable en 1979, el instant replay a partir de 2008 o el uso de las cámaras SportVU que permiten el seguimiento y medición de una infinidad de parámetros para conocer todo lo que sucede en el campo.

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Sin embargo, pocos cambios han tenido un calado semejante en la historia del baloncesto como el reloj de posesión.

Se tiende a asumir que todo lo que nos rodea ha estado ahí desde el inicio de los tiempos y cuesta imaginar un horizonte en el que aspectos como el triple, la distancia de la línea de tiro libre o el reloj de posesión no formasen parte de un partido normal de baloncesto en la NBA. Como es lógico, todo tiene un inicio y una historia, y la de este último aspecto es una de las más curiosas e importantes dentro de los más de 70 años de recorrido de la NBA.

Un juego infame

Llegados a 1954 la fluidez del baloncesto en la NBA estaba experimentando una importante regresión debido al uso y aplicación de ciertas normas que algunos equipos hacían de estas en su propio beneficio. La rapidez que conjuntos como los Minneapolis Lakers profesaban gracias a su dominio físico y técnico contrastaba con la realidad de una liga que apenas estaba dando sus primeros pasos.

El uso de las faltas como medida disuasoria para evitar que el rival jugase cómodo y anotase a placer, especialmente en aquellos conjuntos superiores en juego, hizo que la liga en 1950 introdujese un salto entre dos luego de cada tiro libre en los últimos tres minutos de partido, en lugar de entregarle directamente la posesión al infractor. Una medida pensada para limitar en la medida de lo posible que los partidos se redujesen a una batalla continua de faltas y agresividad que podían disuadir a los posibles aficionados de ver un encuentro interminable.

A esto cabe sumar una serie de prácticas realizadas por técnicos como Red Auerbach en Boston Celtics que se basaban en retener el balón en su poder durante interminables fases de varios minutos en la recta final del partido para evitar a toda costa que el rival pudiese anotar o se viera obligado a cometer falta.

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Con Bob Cousy como su principal valedor, el entrenador del conjunto verde entregaba la bola al base y este se zafaría una y otra vez de sus perseguidores. Un claro ejemplo de esto sucedió el 21 de marzo de 1953 entre los Syracuse Nationals y los Celtics en donde Cousy anotaría 30 de los 50 puntos con los que acabó desde el tiro libre en una noche en la que se señalaron 106 faltas en total y se lanzaron más de 120 tiros libres. "Era peligroso para los fans, pues les generaba desafección por el continuo estancamiento del juego y faltas intencionadas en los últimos 4 minutos de juego", decía Michael Podoloff, presidente de la NBA en ese momento. "Estaban perdiendo interés".

Además, no se puede perder de vista que en seis ocasiones entre 1946 y 1950 se habían producido partidos de menos de 40 puntos por parte de un equipo, algo que alcanzó su máxima expresión en el infame duelo entre Fort Wayne Pistons y Minneapolis Lakers del 22 de noviembre de 1950. Con George Mikan como estrella de los Lakers, el conjunto visitante trató por todos los medios reducir a la mínima expresión al gigante en un encuentro que acabó con un resultado final de 19 a 18 a favor de los Pistons. "Fue el anti-baloncesto", dijo Mikan años después. "El entrenador de Fort Wayne (Murray Mendanhall) decidió no jugar. Congelaron la pelota y perdimos 19-18. Fue decepcionante porque era una noche familar y queríamos tener un buen partido para los jóvenes. Entonces, tomó la actitud de que ganaría bajo cualquier circunstancia", aseguró.

En 1951, el propietario de los Syracuse Nationals, Danny Biasone, inició una serie de quejas ante la liga para denunciar esta problemática, pidiendo una serie de cambios que debían empezar por mesurar el tiempo de posesión de algún modo. La clave la tenía el italoamericano: el reloj de posesión.

Introducción y funcionamiento, ¿por qué 24 segundos?

El 22 de abril de 1954, tras una interminable lucha de tres años por parte de Biasone para que se consiguese fraccionar el tiempo de juego, la Junta de Gobernadores, compuesta por los dueños de las nueve franquicias NBA aprobaron la introducción del mencionado reloj para la temporada 1954-1955. Además de esta innovación se aprobó que a partir de las sexta falta cometida por un equipo en un cuarto se sancionase con un tiro libre, suponiendo esto el nacimiento del bonus.

Se asumió que en un partido normal dos equipos podrían lanzar unos 60 tiros por partido. Así, dividiendo los 48 minutos de juego por un total de 120 tiros y multiplicándolo por 60 se jugaría a 24 segundos: (48/120)*60=24. Una lógica por la cual en la actualidad en la NBA debería jugarse a posesiones de unos 16 segundos teniendo en cuenta la media de los últimos 10 años y en ligas como la ACB o Euroliga sería a 20 y 18 segundos respectivamente.

El simulacro

Antes de ello el dueño de los Nationals tenía que justificar a ojos de la liga y de sus integrantes que aquella invención rocambolesca funcionaba, era aplicable en todos los contextos y que podía poner fin a la problemática antes mencionada. Darían de margen a Biasone el verano para que este idease un simulacro que fuese lo suficientemente convincente para que definitivamente se incluyese en todos y cada uno de los encuentros de la competición.

El 10 de agosto de 1954 una cominitiva formada por los dueños de los equipos acudieron al Blodgett Vocational High School en Syracuse donde los Nationals junto a un grupo de jugadores locales realizarían una prueba real de juego con el reloj de posesión. Una primera evidencia de lo que acabaría siendo la innovación más importante en la historia del baloncesto.

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Allí, con unos 26º en pleno agosto neoyorkino se produjo un extraño simulacro donde el caos y el desconocimiento se adueñaron del juego. A pesar de que leyendas como Dolph Schayes o Billy Gabor se encontraban sobre la cancha, la anarquía fue lo que dominó aquel primer intento de mesurar el tiempo de juego. En el momento en el que se iniciaba la posesión los jugadores sentían la imperiosa necesidad de lanzar el balón como si el tiempo les persiguiese o se les escapase de entre los dedos. Tardaría un tiempo en aquel ensayo de partido hasta que sus integrantes comprendieron que durante esos 24 segundos podían suceder infinidad de acciones, que en realidad ese corto periodo podía convertirse en algo eterno y que no hacía falta lanzar a los 4 segundos de iniciar la jugada.

"Ese fue un partido interesante, porque tan pronto como recibimos el balón, sentíamos que teníamos que dispararlo", contaba Dolph Schayes. "Luego, después de un tiempo, te das cuenta de que 24 segundos es un largo período de tiempo y que puedes pasar la pelota de 6 a 10 veces antes de que acabe", añadía.

El artilugio, diseñado por Bruce Brant Jr, encargado además del marcador del Yankee Stadium, reiniciaba la cuenta de 24 cada vez que se acababa el tiempo simplemente presionando un botón. Una tecnología digital a cargo de la empresa All-American Scoreboard y que mientras otras compañías presentaron un reloj analógico, esta lo hizo lo suficientemente innovador para acomodarse a la fluidez que pedía el juego. "Fuimos implementadores de la regla que cambió el mundo para la NBA", dijo Charlie Gibbs, ejecutivo de la empresa.

En definitiva, aquel partido que comenzó con mal pie, potenciado por el desconocimiento ante lo nuevo, acabaría siendo un éxito pues se pasarían de posesiones fugaces a otras más dinámicas en torno a los 13 o 14 segundos y otras más largas de 20. Así, la NBA iniciaría su nueva temporada con una norma y una tecnología que pronto se comprobó como un acierto.

El legado

El reloj de posesión trajo consigo un cambio de paradigma pues ahora el juego pasaba a poder mesurarse a través de posesiones, la expresión mínima del baloncesto a nivel colectivo y cuyo final se marcaba a través de una canasta o un error en su intento (fallo o pérdida). Rápidamente la liga experimentó un aumento en su velocidad de ejecución, dinamismo y atracción para los aficionados que se tradujo en un aumento considerable de los puntos anotados en cada encuentro.

En la primera jornada de liga del 30 de octubre 7 de los 10 equipos que jugaron aquella noche anotaron más de 90 puntos, un hecho no muy común y que pronto pasaría a ser algo cotidiano. Si en 1954 se habían producido un total de 132 partidos (de 648 posibles) por encima de los 90 tantos, en 1955 este dato aumentó exponencialmente hasta los 356, prácticamente la mitad de los encuentros disputados.

Alargado este hecho en el tiempo, esto significó en una explosión ofensiva que entroncaría directamente con la primera Edad dorada de la NBA pasando de 79,5 puntos de media por partido en 1954 a 93,1 en el primer año de existencia del reloj de posesión y a un aumento desmedido como se aprecia en la tabla a continuación:

Temporada Puntos por partido Tiros de campo intentados
1953-1954 79,5 75,4
1954-1955 93,1 86,4
1955-1956 99,0 91,4
1956-1957 99,6 91,6
1957-1958 106,6 101,9
1958-1959 108,2 102,3
1959-1960 115,3 108,7

Una tendencia al alza que no bajaría de los 100 puntos de media por encuentro desde 1957 hasta 1996 donde se inició una regresión importante en la fluidez ofensiva que obligó a la NBA a tomar medidas como la eliminación de la defensa ilegal y la introducción de la norma de los 3 segundos defensivos para salvar al juego de su propia trampa.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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