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Entrevista a Rubén Wolkowyski, a 20 años del debut argentino en la NBA

Fue profesional durante más de 20 años, se consagró campeón olímpico y subcampeón mundial con la Generación Dorada, triunfó en la Liga Nacional y defendió las camisetas de varios de los clubes más importantes del mundo FIBA, como CSKA Moscú, Olympiakos y Baskonia (por entonces Tau Cerámica).

Sin embargo, cada 31 de octubre es una fecha especial para Rubén Oscar Wolkowyski: es el día del aniversario de su estreno en la NBA. El día que él y Juan Ignacio "Pepe" Sánchez plantaron la bandera argentina en la mejor liga del mundo por primera vez.

Desde Málaga, España, donde reside actualmente con su familia, el campeón de los Juegos Olímpicos 2004 le contó a NBA.com en español que cada año celebra esta fecha como se lo merece: "Con un asado y rodeado de los que más quiero". Es que es un hito que es recordado cada año y no solamente por él, sino por lo que significó para todo el básquetbol argentino ese primer partido, un Seattle SuperSonics vs. Vancouver Grizzlies.

Hoy la NBA, con más de 100 jugadores internacionales en cada temporada y las fronteras mucho más alcanzables, parece un objetivo "terrenal" para los jugadores del máximo nivel. Pero en ese entonces era visto como un imposible, y por eso fue más icónico el camino del "Colo": de Estudiantes de Olavarría, en la LNB, directo hasta los Seattle SuperSonics de Gary Payton que el año anterior, en la temporada 1999-2000, habían jugado los Playoffs y apenas cuatro años antes habían enfrentado a los Chicago Bulls de Michael Jordan en las Finales. Desde entonces, solamente Nicolás Brussino (en 2016, de Peñarol de Mar del Plata a Dallas Mavericks) repitió el camino directo de la Liga Nacional a la NBA dentro de los jugadores argentinos.

Fueron 34 partidos los que disputó Wolkowyski en la franquicia del noroeste estadounidense, un equipo clásico de la NBA que luego fue reemplazado por Oklahoma City Thunder pero todavía despierta mucha nostalgia entre los fanáticos de la década del 90. El argentino pasó toda la temporada 2000-2001 completa en Estados Unidos y promedió 9 minutos por encuentro, aportando 2,2 puntos, 1,4 rebotes y 0,5 tapones por noche.

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El Colo hasta se dio el gusto de ser titular en el último partido de la temporada, en el que jugó 29 minutos contra San Antonio Spurs. Totalmente impensado apenas un año antes y gracias a una "vidriera" que fue clave para acceder ahí, pero a la que casi desiste de ir.

"Yo no quería ir al viaje a Holanda, tuvo que venir "Oveja" (Sergio Hernández, DT de Estudiantes de Olavarría por entonces) a mi casa a convencerme", relata Wolkowyski sobre la participación de Estudiantes en la "Semana del Básquetbol de Holanda" de diciembre de 1999, un torneo amistoso realizado en Rotterdam.

Justamente las fechas eran lo peor: "Las Fiestas para nosotros los argentinos son muy sagradas, con la familia, ahí había que pasarlas distinto, pasamos Navidad arriba del avión y Año Nuevo en Europa, que se celebra distinto, más frío. Encima era el cambio de milenio", explica Rubén sobre su razón para pensar en no viajar al "viejo continente", a un torneo no oficial. De hecho la invitación le llegó a Estudiantes después de que Atenas de Córdoba desista de viajar a Europa, donde ya habían jugado el "Open McDonalds" en 1997.

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Ese viaje a Holanda terminó siendo fundamental para lo que vendría después: "Holanda no es que fue importante, directamente fue todo para llegar a la NBA", dice Wolkowyski: "ahí es donde me vieron los ojeadores de varios equipos, llegamos a la final en la que perdimos contra un equipo francés (Villerbaunne) y pude jugar muy bien" (formó parte del quinteto ideal).

El gran nivel de Wolkowyski, por entonces ya una figura del básquetbol sudamericano, continuó al empezar el año 2000: fue elegido MVP de la fase regular de la Liga Nacional en la que el "Bataraz" ganó 35 de los 44 partidos que jugó, y en las Finales nuevamente fue coronado como MVP, con el 4-3 de su equipo ante Atenas en una definición histórica.

Además fue padre de Tomás, su primer hijo. "El año 2000 fue maravilloso, fue algo tremendo en mi vida", relata hoy el Colo.

Y el nene llegó con mucho más que pan debajo del brazo: mientras que después de las Finales de la Liga se tomaba un par de días de descanso pescando en el Río Paraná, una rutina de relax para él ("lo hacía siempre después de cada temporada, era mi terapia, unos 15 días, después hablando con un par de amigos psicólogos me dijeron que era como una forma de relajarme que tenía"), apareció un llamado telefónico que pensó que era una broma. Le comunicaban que los SuperSonics de Seattle estaban interesados en él. Cortó la llamada rápidamente.

"Pensé que era una broma que solían hacer Chapu (Andrés Nocioni) o Pepe, en la Selección eran de hacer ese tipo de jodas, se hacían pasar por los periodistas, cambiaban muy bien la voz", recuerda Rubén. "Quizá si me decían de un club de Europa sí caía, ese era mi objetivo, llegar a Europa, ni pensaba en la NBA", agrega. Al rato se volvieron a comunicar y volvió a cortar. "Tuvieron que avisarle a mi suegro para que les conteste, ahí paré de pescar y se empezó a preparar todo".

"Todo parecía irreal, una alegría inmensa, me llevaban los Sonics", cuenta el Colo, que primero participó de la liga de verano, donde tuvo muy buen rendimiento, y así llegó a uno de los momentos que recuerda con más felicidad: "La firma del contrato, ver que ya tenía todo asegurado". Ya estaba todo sellado: de la LNB a la NBA sin escalas, sin haber pasado por un club europeo o la NCAA para este hombre que recién comenzó a jugar al básquetbol en su adolescencia, después de haber empezado con el vóley (deporte que ahora practica su hija Florencia) en su ciudad natal, Juan José Castelli, en la provincia de Chaco.

"Era la mejor época de la Liga en cuanto a los jugadores, pero igual imaginate, no es ni el 10% de lo que es Europa, imaginate comparado con la NBA. Lo hablábamos con Pepe hace unos días, nos sentíamos que estábamos en Disney, éramos como nenes de 12 años, no lo podíamos creer. No es como que Facu Campazzo vaya ahora a la NBA desde el Real Madrid, que ya tiene una forma de trabajar más o menos parecida. Pasé de los micros, que no reniego, es la forma de viajar que hay en un país tan grande como Argentina, a los aviones privados de los Sonics, donde tenés todo con tu nombre", rememora Wolkowyski.

Mientras se adaptaba, el Colo funcionaba bien en la pretemporada: el equipo había incorporado a la leyenda Patrick Ewing (ya con 38 años) unos días después de firmar al argentino y eso era un poco una garantía para Rubén: "Ewing jugaba 5, 6, 7 minutos y no podía más por el desgaste que ya tenía, entonces yo entraba ahí. Yo ya sabía que iba a jugar, no es que estaba viendo a ver si me ponían o no".

Igualmente, el 31 de octubre fue un día muy especial: "Estaba muy nervioso, unos nervios tremendos, la primera vez ahí en una cancha así", cuenta sobre aquel martes en Vancouver, Canadá, donde sus SuperSonics enfrentaban a los Grizzlies para inaugurar su temporada 2000-2001.

El argentino todavía recuerda estar sentado en el banco y que Paul Westphal, por entonces el entrenador, se gire, lo mire y le diga "vamos Big Rub, preparate". El cambio, como se esperaba, fue nada más y nada menos que en el primer cuarto y por Patrick Ewing, que también lo miró a "Big Rub" y le dio aliento.

El argentino terminó jugando casi 12 minutos en ese primer partido, con una planilla de cero puntos, un tapón y dos rebotes, tirando 0-4 de campo. Seattle perdió con Vancouver, pero al día siguiente en casa ante los Denver Nuggets de Nick Van Exel y Antonio McDyess, Wolkowyski pudo sumar sus primeros puntos en la NBA con una volcada en el tercer cuarto y también vivió su primer triunfo, por 112-99.

El plantel que integró el chaqueño en Seattle estaba bastante nutrido de nombres importantes: un All-Star activo como Payton, otros dos ex All-Star como Ewing y Vin Baker, futuros campeones como Brent Barry y Rashard Lewis, aleros que después fueron parte importante de equipos de Playoffs como Desmond Mason y Ruben Patterson, y el base Shammond Williams, luego destacado en Europa.

El argentino destaca su armonía con ellos: "Me respetaban muchos, había buena gente. Patrick Ewing era un tipo bárbaro, muy atento a todo, vería que yo era extranjero y me ayudaba muchísimo a entender la NBA, me iba guiando, practicábamos mucho juntos, jugaba con mi hijo. También tenía buena relación con Payton, nos entendíamos bien en la cancha, yo estaba acostumbrado a jugar el pick and roll rápido en la selección y lo hacía con él y le daba libertad para anotar; Brent Barry otro gran tipo, Desmond Mason que era rookie, Shammond Williams. Ruben Patterson era el único medio hosco".

En cuanto a sus rivales, el Colo se midió con varios de mucho peso dentro de la pintura: "Shaquille O'Neal fue el más difícil con la potencia que tenía, imaginate, te llevaba por delante. Me decían mis compañeros que no lo marque por delante, lo intenté una jugada y me pasó por arriba. Por delante no se podía. Tenía el peso, saltaba, todo. Karl Malone también era muy dificíl por su fuerza, aunque no saltaba tanto como Shaquille, corría mucho. O Tim Duncan y David Robinson, entraba uno y salía el otro, no sabías qué marcar".

"Era otra liga, mucho juego adentro había, hoy me sentiría más cómodo, el de hoy es más mi juego ¿no?, con el tiro desde afuera, hoy si no tirás no jugás", opina Wolkowyski sobre la NBA que vivió 20 años antes. Una NBA en la que promedió 13,3 minutos durante los primeros 12 encuentros, con Paul Westphal como entrenador, pero después perdió su lugar en la rotación con el cambio de técnico y la asunción de Nate McMillan, que estaba como asistente y había sido jugador del equipo de 1986 a 1998.

"A Westphal le gustaba como jugaba yo, me tenía visto, sabía lo que le podía dar. Después con McMillan él cambió los jugadores que usaba, fue raro porque él era asistente y es con el que más entrenaba la parte de técnica individual, pero bueno, era su primera vez como entrenador, es distinto pasar de asistente a entrenador, hay que ver qué pensaba, ¿también un tema de egos no?", recuerda El Colo de esa temporada que los Sonics terminaron con récord de 44-38, fuera de Playoffs por un par de victorias.

Luego de ese paso por Seattle, Wolkowyski firmó con Dallas Mavericks para la temporada 2001-2002, aunque no pudo jugar ni un partido oficial en la franquicia texana debido a que fue cortado en el mes de diciembre. Allí tuvo el gusto de compartir mucho con otras dos leyendas, por entonces jóvenes, como Dirk Nowitzki y Steve Nash. "Con ellos andábamos mucho juntos, vivían a 50 metros de los dos así que se venían a comer a casa, teníamos una gran relación, buena gente", cuenta sobre el alemán y el canadiense.

Tras regresar a Quilmes de Mar del Plata en Argentina y pisar la liga rusa por primera vez para defender los colores del CSKA Moscú, Rubén llegó a Boston Celtics tras el primer gran golpe dado con la Selección, en el Mundial de Indianápolis 2002. "En Boston jugué muy bien en la pretemporada, pero salió en el Boston Times, a doble página, de un lado mi foto, los minutos que jugaba, mis estadísticas y mi sueldo, y del otro lado la comparación con Vin Baker y otro pivote más, Tony Battie creo que era, que cobraban más y jugaban menos. Teníamos un entrenador que recién empezaba en la NBA, (Jim) O'Brien. Y entonces el manager me explicó a mi, no es que lo digo yo, que me tenían que cortar porque tenían que jugar ellos por los contratos, se manejaba así, ahí me vino a buscar (Josean) Querejeta y me fui al Tau".

Igualmente, del paso por los Celtics ("un lugar con mucha mística, importante"), en el que jugó siete partidos de la temporada 2002-2003, Wolkowyski recuerda ver a su hijo corriendo por la cancha del TD Garden, haber trabajado con el actual entrenador de Los Angeles Lakers, Frank Vogel ("lo vi ahí campeón, cuando yo estaba en Boston era el que editaba los videos, increíble lo que es la vida") y algo único en su vida: haber conocido a un ídolo como Michael Jordan, que estaba en su última temporada como jugador en Washington Wizards.

"Jugábamos contra los Wizards y teníamos un asistente que era amigo de Jordan, entonces le dije y me dio la chance de pasar a conocerlo. Yo estaba con mi hijo y mi cuñado. Entonces Jordan nos esperaba de traje en el vestuario, un fenómeno, agarró una pelota y se ponía a jugarle a Tomi, nos preguntaba sobre Argentina, es un número uno. Me regaló una camiseta suya de Washington, la blanca, que la tengo", recuerda Wolkowyski de aquel partido del 31 de octubre de 2002 en el que entró seis minutos pero no pudo compartir cancha con Su Majestad de forma oficial. El último partido del chaqueño en la NBA fue el 25 de diciembre de 2002, en la histórica jornada de Navidad, frente a New Jersey Nets, casi un año y medio antes del que sería su logro más grande, la medalla dorada en Atenas 2004.

Para finalizar este repaso por el tiempo, Rubén Wolkowyski explicó las sensaciones de haber sido un pionero en la NBA: "Es algo que me da mucha felicidad, lo siento como un logro personal muy importante, agradecido con todos. Igual creo que Manu (Ginóbili) y los otros chicos hubiesen llegado detrás nuestro, pero es importante para uno".

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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