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Los Angeles Lakers

La versión más dominante de Shaquille O'Neal: primer anillo con Los Angeles Lakers y MVP unánime

Una gran presencia física en un jugador siempre ha generado debates, controversias y un continuo discurso que ha tratado de restar méritos o importancia a lo conseguido. Como si se tratase de una suerte de don natural, el cual facilitase la práctica del deporte a nivel profesional entre sus iguales, desajustando la balanza en contra de los esfuerzos de aquellos cuyas capacidades atléticas no alcanzan a las del Goliath que se ha impuesto, casi sin empeño, como regalado.

La carrera de Shaquille O'Neal, en ese sentido, siempre estuvo en cuestión por una diferencia evidente con respecto al resto de la NBA y que lo hizo, prácticamente al instante, una de las fuerzas más dominadoras de la competición, un jugador imparable.

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Así, sus méritos, por muy grandes que fuesen, no tendrían el mismo valor que otros de menor tamaño o fuerza muscular más reducida; en contraste, cuando este errase la lógica a seguir sería aquella que rezaba un "es solo físico", como hilando sus derrotas y victorias en una contradicción que era más una prisión, un velo que impedía ver la imagen completa del tipo de perfil que se trataba. Alguien inteligente, lector de los espacios, con un instinto para el pase innato y cuyo uso de su propio cuerpo lo elevaría al mismo nivel de figuras más menudas como Michael Jordan, Julius Erving o Kareem Abdul-Jabbar.

El caso de Shaq no fue nuevo, pues antes estrellas como Wilt Chamberlain o Moses Malone habían sufrido en sus carnes estas narrativas, alejadas completamente de la realidad del juego y propias de un acercamiento superficial al mismo, casi pueril. Sin embargo, y muy concretamente en el caso de O'Neal, el físico no lo era todo. O al menos no se trataba de la razón última de su dominio. Porque sí, sus 2,16 de estatura y cerca de 150 kilos de peso resultaban imposibles de detener para la gran mayoría de interiores a finales de la década de 1990 y comienzos del 2000, pero la clave que lo condujo a ser el jugador más determinante en su prime fue el control que tuvo de sus movimientos con un juego de pies impropio para alguien de semejante tamaño y una coordinación sublime que remataba con una explosividad de espaldas y en reverso, que envolvía a su defensor sin opción a réplica.

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La expresión última de estas acciones sería la imponente volcada a dos manos en el poste bajo, pero antes de toda esa explosión de poder había un trabajo de posicionamiento, de recepción al poste, de fijación del defensor y de técnica de pique que siempre tiende a omitirse, camuflado por una capa llamada físico que parece reducir a la mínima expresión la labor previa a la anotación.

El punto más álgido de la carrera de Shaquille O'Neal, que no el ocaso, sucedería en la temporada 1999-2000 bajo las órdenes del recién llegado Phil Jackson, en donde el interior tuvo mucho que ver gracias a su determinación y persuasión en las negociaciones previas. Con Jackson, Shaq consiguió sacar todo su potencial como jugador total, integrándose a la perfección en el triángulo ofensivo siendo así el eje a través del cual construir el ataque y organizar la defensa. A esto cabe añadir un encorsetamiento de su personalidad que fue canalizada progresivamente gracias a un objetivo claro: el campeonato.

Las Finales

Superadas las rondas previas (no sin problemas) contra Sacramento Kings (3-2), Phoenix Suns (4-1) y Portland Trail Blazers (4-3), Los Angeles Lakers regresaban por fin a unas Finales de la NBA por primera vez desde 1991, cuando todavía Magic Johnson estaba al frente del proyecto. En frente tendrían a unos amenazantes Indiana Pacers, aquellos que más ventaja habían tomado del vacío de poder de la Conferencia Este, y que Larry Bird había elevado a su mejor versión.

Tras poner contra las cuerdas a los Bulls de Jordan en 1998 y fracasar en 1999, el 2000 parecía el paso definitivo del proyecto. Con Jalen Rose, Reggie Miller y Dale Davis al mando del juego, Indiana sería un digno escollo en el camino de los angelinos antes de conquistar la primera de sus tres coronas consecutivas.

O'Neal sería desde el primer momento la figura más importante de la eliminatoria, el mejor jugador sobre la cancha y un seguro para los Lakers. En el primer encuentro el pivote superó una y otra vez las continuas trampas que Bird le había preparado al poste, después de que este recibiese la mayor parte de las veces tras un cross pick en el lado izquierdo del campo. Nada de esto surtió efecto. Al término del primer cuarto Shaq ya llevaba 15 puntos, en 7 de 8 tiros, y los Lakers doblaban a Pacers en el marcador. Los californianos con O'Neal al frente no soltaron el pedal del acelerador en ningún momento ni aunque saltasen tres defensores sobre la estrella, que acabó con 43 puntos y 19 rebotes en 21 de 31 tiros de campo.

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El segundo sería más de lo mismo aunque con una Indiana mucho más acertada, dejando atrás el 1 de 16 de Miller en el Juego 1, a 21 tantos con un 43% acompañado del mejor Jalen Rose (31 puntos, 9 rebotes). Los Pacers iniciaron en ese encuentro un acoso y derribo a O'Neal conocido como hack-a-Shaq, alentados por el 1 de 6 del anterior duelo desde el libre. El pivote respondió con 40 puntos en 11 de 18 tiros de campo (61%) pero un impactante 18 de 39 desde la línea de castigo (46%), lo que permitió a los Pacers mantenerse con opciones hasta el final (111-104).

Con la serie viajando a Indiana, los Pacers acercarían distancias ganando dos de los tres partidos en su casa manteniendo la misma estrategia contra el gigante amarillo que respondió con 33, 36 y 35 puntos, pero sin superar una media del 38% desde el libre. "Queríamos ser campeones esta noche. Pero desafortunadamente, no sucedió", dijo Kobe Bryant tras caer en el quinto encuentro. "Las cosas sucederán a su debido tiempo", añadió Shaquille O'Neal. La eliminatoria se trasladaba así al Staples Center con 3 a 2, donde O'Neal viviría su mejor noche.

Durante los 47 minutos que estuvo sobre el parqué, Shaquille O'Neal fue el pulmón del equipo, secundado por la versión más determinante de Bryant. Los Pacers dominaron durante buena parte del partido, de hecho lo hicieron durante 29 de los 48 del encuentro de la mano de Miller y Rose nuevamente, que no erraron en su cita con la historia.

Sin embargo, en el último cuarto los californianos le darían la vuelta al marcador y se impondrían con un parcial de 37-27 para conquistar el anillo, todo ello gracias un tramo clave de 3 minutos donde los Pacers estuvieron cerca de evitarlo. Bryant con 8 y Shaq con 13 cerraron la victoria en una noche en la que nuevamente el gigante acabó con 41 puntos y 12 rebotes.

El campeonato era suyo y solo era el principio. "Vamos a ganar uno el próximo año también", dijo O'Neal tras acabar el duelo.

Su particular "Three-Peat"

Como no podía ser de otro modo Shaquille O'Neal fue nombrado MVP de aquellas Finales, siendo elegido de manera unánime por los siete miembros del panel de prensa designado para elegir al mejor jugador de la serie. El pivote de los Lakers acabó con unos promedios espectaculares de 38 puntos, 16,7 rebotes y 2,6 tapones, siendo de este modo el primer jugador desde Michael Jordan en 1993 en promediar más de 35 tantos por noche en una serie por el anillo.

Pero la increíble temporada de Shaq no se quedó ahí, pues semanas atrás había sido nombrado MVP de la temporada casi de manera unánime, recibiendo el 98% de los votos (1 voto fue para Allen Iverson) tras mediar 29 tantos, 13 rebotes y 3 tapones por encuentro.

Además, se hizo con el MVP del All-Star Game, compartido con Tim Duncan, después de firmar 22 puntos, 9 rebotes y 3 tapones. Con este último galardón igualó a Michael Jordan (1998 y 1996) como los únicos en conquistar los tres MVPs que se entregan en la temporada NBA, cerrando un año de dominio inigualable.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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