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The Last Dance

Cuando Scottie Pippen y Michael Jordan 'terminaron' con Toni Kukoc en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992

La competición forma parte de la idiosincrasia del deporte desde prácticamente sus orígenes. Más allá de la diversión que se produce con su práctica o lo enriquecedor que puede llegar a ser, una de las bases sobre las que se sustenta es el anhelo constante de medirse con el resto. En algunas ocasiones esto puede resultar en una obsesión sin fin donde el deportista nunca termina satisfecho, mientras que por otro lado puede impulsar al desarrollo de su carrera con la mejora del carácter o la imagen que proyecta al exterior.

A través de lo que hemos visto en The Last Dance en las últimas semanas, queda claro que Michael Jordan es uno de los competidores más feroces de la historia del básquet, cuyo apetito jamás parecía saciado y bastaba que una simple llama quedase viva para que prendiera la mecha.

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Una de las cumbres de toda su carrera deportiva vendría en el verano de 1992, cuando de la mano de la selección estadounidense se colgó su segunda medalla de oro en unos Juegos Olímpicos, los primeros en la historia que contaron con jugadores profesionales de la NBA. Un equipo que automáticamente se convertiría en uno de los más reconocibles y memorables de todos los tiempos con figuras de la talla de Larry Bird y Magic Johnson, entre otros. Las historias de cómo batallaban en los entrenamientos, de la igualdad notable entre sus piezas y las ganas que muchos de ellos tenían de probarse como los mejores jugadores del mundo los encumbró hacia conseguir el triunfo con absoluta superioridad.

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Más allá de la meta personal que muchos de ellos pudieran tener de ser medallistas olímpicos, entre dos de los jugadores del plantel de Chicago Bulls había un objetivo que trascendía lo deportivo: Toni Kukoc. Con el permiso de Arvydas Sabonis, ningún otro jugador procedente de la desconocida Europa en aquel momento había despertado un hype semejante al del joven de Split. Un desgarbado alero que podía ejercer como director de juego si así se lo requería y del que decían que era el Magic Johnson balcánico.

Pero, ¿por qué un desconocido europeo debía ser el foco de los ataques de dos de los jugadores más importantes del momento? Conozcamos la historia y sus razones.

Jerry Krause y sus efectos

La intrahistoria de la elección del jugador croata en el Draft por parte de Jerry Krause es una de las más curiosas del pasado más reciente de la liga. Estrella en Europa en la legendaria Jugoplastika de Split, Kukoc llamó la atención del general manager de los Bulls tras convencer a Jerry Reindsorf en el verano de 1990. Así, gastarían su única elección en el Draft, que vería a Derrick Coleman ser el número 1, en un escuálido jugador venido de la lejana y extinta Yugoslavia con el pick 29.

El jugador croata no era un total desconocido para el mundo NBA, pues desde 1988 había participado con la selección yugoslava y con el KK Split en el conocido como Open McDonalds en donde se daban cita algunos equipos NBA y europeos durante el mes de octubre. Gracias a estos torneos su nombre entraría en la rueda de la NBA, tras medirse a equipos como Boston Celtics, Denver Nuggets o New York Knicks.

Su elección en el Draft de 1990 vino acompañada de una insistencia sinigual por parte de Jerry Krause, que ofrecería al croata la astronómica cifra de 3,7 millones de dólares. Un hecho que despertó el malestar en una de sus estrellas, Scottie Pippen, al cual se le había denegado la posibilidad de renegociar su contrato por el que percibía unos 750.000 dólares anuales. ¿La razón? Krause quería guardar dinero para tratar de fichar al croata. Y era lógico, pues en Europa su perfil estaba en auge y no existían limitaciones salariales como en la NBA, razón por la cual en su último año en Treviso, Kukoc percibió 2,2 millones de dólares, la mitad de lo que recibió en Estados Unidos en su primer año.

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Por otro lado, el general manager trató de utilizar al propio Michael Jordan para convencer a Kukoc de que firmase con ellos y abandonase el Viejo Continente, tratando de orquestar una reunión en el verano de 1990 en Seattle sin mucho éxito. Esto terminaría por agrietar la afectada relación entre ambos, que se agravaría progresivamente por la incansable obstinación del ejecutivo, que llegó a viajar a Split en busca de convencer a Toni y sus familiares.

Así, en el momento en el que la fase de grupos de los Juegos Olímpicos de 1992 puso a Estados Unidos y la recién independizada Croacia juntos en el grupo A, Pippen y Jordan tuvieron a por quién iban a ir.

Objetivo Kukoc

Solo hubo que esperar al segundo encuentro de la competición olímpica, tras desquitarse de Angola por una aplastante diferencia de 68 puntos. Croacia sería la siguiente en la lista y Scottie Pippen tenía marcado en rojo un nombre sobre el que vertir toda su frustración contractual.

El jugador de los Bulls había podido acceder a cintas de scouting que el propio Krause había facilitado a Jordan previamente, así entre ambos estudiaron las debilidades que el joven de 23 años tenía en aquel momento. Así, Pippen pediría a su técnico Chuck Daly marcar al croata durante todo el encuentro, como un objetivo personal. Una determinación que lo llevaría a dejar a Kukoc en un 2 de 11 en tiros de campo con 7 pérdidas, mientras él se escapaba a 13 puntos, 9 asistencias, 5 robos y 2 tapones. Los Estados Unidos pasarían por encima de aquel elenco de estrellas europeas compuesto por Petrovic, Radja y Vrankovic, por una diferencia de 33 puntos.

"Quería que todo el mundo nos viera cara a cara", dijo Pippen tras el partido en declaraciones recogidas en The Hartford Courant. "Hubiera ordenado [a Krause] un televisor de pantalla grande". "Estaba ansioso antes del partido", continuaba. "Quería inutilizarlo y avergonzarlo. No puedo sacar a Krause de la cancha. Estreché la mano [de Kukoc] antes y después del partido. No hay mala sangre entre nosotros".

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Una determinación que no pasó de inadvertido para el resto de sus compañeros, que quedaron totalmente asombrados por la intensidad defensiva mostrada por Pip. "Persiguieron a Kukoc de manera increíble", dijo Pat Ewing en el libro Dream Team. "Esa fue la mejor defensa que vi jugar a Michael y Scottie. Con mucha diferencia". Barkley contaba que "daba miedo lo que le hicieron a Kukoc. Y a la vez era hermoso de ver".

Kukoc contó sobre aquel encuentro que simplemente pensaba que esa era la manera normal que defendían los norteamericanos llegado el momento de la verdad, y que su sensación tras el encuentro es que jugó realmente mal, poniendo el foco en uno mismo.

Segundo asalto

Doce días después de la paliza recibida, la selección croata se plantaba en su primera final olímpica en su año de debut tras vencer al Equipo Unificado en los Juegos Olímpicos (una suma de jugadores de las ex-repúblicas de la URSS). Sin embargo, el resultado no sería muy diferente para Kukoc y para los balcánicos.

Los norteamericanos, pese a disfrutar de una cómoda victoria por 117 a 85, tuvieron que hacer frente a un inesperado invitado, pues Drazen Petrovic irrumpió como el principal referente de Croacia para destacar con 24 puntos, siendo el máximo anotador del encuentro.

En ese segundo asalto, Kukoc sí que podría disponer de un poco más de aire, ya que tanto Pippen como Jordan rebajaron la intensidad defensiva sobre el nativo de Split. Este respondió de la mejor manera posible, con una demostración de sus recursos ofensivos que justificaban la apuesta de Krause. Autor de 16 puntos, 5 rebotes y 9 asistencias, el croata maravilló con sus salidas en transición, sus pases imposibles y varios tiros exteriores que sorprendieron incluso a Pippen.

Minutos después de que finalizase el partido, con los Estados Unidos regresando a lo más alto del podio olímpico, Michael Jordan se hizo paso entre el tumulto alrededor de Kukoc y le espetó un mensaje entre la amenaza y la bienvenida: "Quizás te veré en Chicago". No hacía falta más, la perla europea había probado su valía.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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