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El camino de activismo social en la NBA y los inicios de la mano de Bill Russell y Wilt Chamberlain

Marcaban las seis de la tarde cuando en un motel al oeste de la ciudad de Memphis un disparo atravesó la cara del Dr. Martin Luther King para acabar alojado en su hombro previo paso por la médula espinal, mientras este estaba apoyado en el balcón de la habitación 306, ubicada en el segundo piso. Era un 4 de abril de 1968 y a la noche siguiente debían comenzar las esperadas Finales de División de la NBA, que iban a enfrentar a Boston Celtics y Philadelphia 76ers por un lado y a Los Angeles Lakers y San Francisco Warriors por el otro.

La noticia no tardó en correr como la pólvora, incluso para un momento en el que el concepto de instantáneo era diferente al actual. Las radios de todo el país comenzaron a difundir la noticia de que King había fallecido a causa de un atentado, más tarde se le unirían las televisiones y la prensa escrita. Las consecuencias de la catástrofe se hicieron notar a escala nacional con protestas y motines en más de 50 ciudades de Estados Unidos, incluidas Baltimore, Boston, Chicago y Washington DC.

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Mientras, las horas pasaban sin sentido en el domicilio de Bill Russell, ubicado en la localidad de Reading, a unos 26 kilómetros de la ciudad de Boston. El jugador de los Boston Celtics conocía bien de cerca al activista de los derechos civiles, apenas unos años atrás había podido entrevistarse con él cara a cara en los prolegómenos de la Marcha sobre Washington en el hall del hotel donde ambos se alojaban aquella noche. Allí, sentado en primera fila, el veterano Russell sería testigo junto a más de 200.000 personas de uno de los momentos históricos más importantes del siglo XX y de la lucha por la igualdad racial en Estados Unidos. Todo eso resonaba una y otra vez en su memoria, taladrando su cabeza de madrugada y sin poder pegar ojo en la víspera del enésimo enfrentamiento contra los 76ers. ¿Qué importaba el deporte en esas circunstancias?

A la mañana siguiente Russell se unió a la comitiva de los Celtics que viajaría en un corto trayecto de avión rumbo a Philadelphia para jugar en el The Spectrum, donde en la tarde del 4 de abril se había disputado un partido de Playoffs de la NHL como si nada hubiese sucedido. Antes de despegar, el equipo votó de manera interna jugar aquella noche a pesar del desacuerdo de su principal estrella. Al desembarcar en la ciudad, el pivote comentó ante los medios que pasó más de 5 horas antes de poder pensar en cualquier otra cosa que no fuese el asesinato de Luther King Jr.

El momento en el que se encontraba el país era más que delicado y las explosiones de violencia posteriores al suceso de Memphis no eran más que la punta del iceberg de una problemática que afectaba verticalmente a buena parte de la sociedad norteamericana, cada vez más polarizada y enfrentada. El deporte y la NBA nunca estuvieron al margen del racismo, que se hacía evidente en cada viaje al sur del país, donde desde los restaurantes a las gradas recibían a los jugadores afroamericanos como ciudadanos de segunda.

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Los Celtics, en ese sentido, eran un oasis dentro del deporte profesional. La primera franquicia en alinear a cinco jugadores afroamericanos simultáneamente en un partido (Satch Sanders, Sam Jones, K.C. Jones, Willie Naulls y Bill Russell), la primera que tuvo un técnico afroamericano (Bill Russell) y una organización donde la integración racial era lo normativo y no lo llamativo, donde el gigante de Lousiana era el eje central del juego. "Él es Bill Russell", escribió Jim Murray en Sporting News en 1965, "y es dueño del juego de baloncesto como nadie lo volverá a conseguir".

Mientras, por parte de los Philadelphia 76ers, Chet Walker se sentía fuera de sí. La noticia le había golpeado notablemente, otra noche en vela escuchando las noticias en la radio hasta las 3 de la madrugada. Al otro extremo de la ciudad, su compañero Hal Greer recibía la noticia mientras cenaba con su esposa dejando una frase premonitoria: "No hay forma de que juguemos mañana".

Los Celtics contaban con siete jugadores afroamericanos por los seis de sus rivales, los Sixers. Horas antes de que el duelo diese comienzo, Chamberlain y Russell, que guardaban una especial relación de amistad, se reunieron y decidieron proponer posponer el partido. La magnitud de los hechos sobrepasaba al deporte en sí y ambas estrellas entendían que no era el momento para batirse en duelo, no estaban emocionalmente preparados para la entidad del partido. Así, la decisión no tardó en llegar a oídos de los dueños de ambas franquicias y de la propia liga, convirtiéndose esto en un asunto de vital importancia.

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"Querían mantener a la gente fuera de las calles, o al menos retrasarla", dijo Wayne Embry, jugador de los Celtics, en 2018. "Pensaron que el estadio estaría abarrotado y la gente estaría pegado a la televisión. Por supuesto, nuestra reacción inmediata fue que no queríamos jugar el partido porque estábamos aturdidos, de luto y enfadados. Pero entendimos que también podíamos servir a un propósito mayor", agregaba el veterano.

Al interno del vestuario de los 76ers se realizó una votación sobre si seguir con el plan marcado o posponer el duelo hasta que el funeral de Martin Luther King Jr. tuviese lugar en Atlanta unos días más tarde. "¿Cuál era el cargo de King? ¿Por qué deberíamos cancelar el partido", diría Bailey Howell, jugador de los Celtics, despertando el enfado de sus compañeros afroamericanos. El resultado de la votación fue tajante y definitivo. Siete jugadores votaron por jugar, Chamberlain y Wali Jones votaron en contra y Chet Walker se abstuvo. "Soy solo un individuo", díria Chamberlain en aquella ocasión. "No quiero instigar a nadie, sigo a la mayoría".

The Spectrum había colgado el cartel de completo durante todos los partidos de la temporada, y aquella noche del 5 de abril no iba a ser menos a lo que habría que sumar los ojos de todo el país, pues el encuentro fue emitido por la ABC a nivel nacional.

El baloncesto iba a continuar como si nada hubiese sucedido. El show no tanto.

Las 14.412 almas que abarrotaban las gradas del estadio de Philadelphia apoyaron sin cesar a los suyos como si de una final se tratase, aunque sobre el parqué la sensación era muy diferente. "Conmoción y desaliento", escribiría el cronista del New York Times Leonard Koppett, añadiendo que se trató del "evento deportivo más espeluznante y apacible que he visto".

Sobre el papel, Boston retendría la primera victoria de la serie en un partido cuyo resultado abultado (127-118) parecía camuflar todo lo que había sucedido entre las cuatro paredes del Spectrum. Chamberlain dominaría como siempre bajo los aros, terminando con 33 puntos y 25 rebotes, secundado por Greer (27) y Walker (31), mientras que por los visitantes sería Havlicek el más acertado, con 35 tantos que junto a Russell lideraron a los verdes hacia el triunfo. A vista de todo el mundo, un partido más. De puertas hacia dentro, una dolorosa lección de profesionalismo. "Hicimos lo que creímos correcto en ese momento", diría Russell en conversación con Bill Simmons en 2013.

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La demostración de estoicismo evidenciada por los jugadores afroamericanos en aquella velada no pasó desapercibido para las oficinas de la NBA, con el Comisionado Walter Kennedy todavía al frente, pues rápidamente se tomó la decisión de retrasar el inicio del siguiente partido de las dos series de Finales de División. El motivo era claro: permitir a todos aquellos que lo deseasen a acudir al funeral en memoria del fallecido Martin Luther King, que iba a realizarse en su ciudad natal, Atlanta.

Ambas estrellas de la NBA, los dos jugadores más importantes y reconocibles de toda la liga, Chamberlain y Russell viajarían el martes 9 de abril de 1968 rumbo a Georgia para rendir el último homenaje a la figura más relevante de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.

Por parte de Wilt tenía incluso más envergadura, pues sus posiciones políticas habían sido, cuanto menos, equidistantes, algo que cambiaría a partir del asesinato de MLK, tomando parte en la marcha en su honor y en la mencionada ceremonia. "Sigo preguntándome, ¿qué puedo hacer para ayudar a Estados Unidos, y particularmente a mi gente, a llegar a la cima de la montaña y ver la tierra prometida de la que tantas veces hablaba el Dr. King", dijo Chamberlain en julio de 1968 al Los Angeles Sentinel. "Algo vino sobre mí en ese preciso momento. Mientras caminaba con miles de personas desde la Iglesia Bautista Ebenezer hasta su lugar de descanso final, me acerqué silenciosamente al ex Vicepresidente [Richard] Nixon y le dije que me gustaba su programa y que quería unirme a su equipo", aseguró.

En el otro extremo estaba Bill Russell, como siempre. Convencido de su causa y con la vocación de contagiar a su área de influencia. Organizó pues una marcha pacífica en la ciudad de Boston a través de los distritos donde la población afroamericana era mayor, como parte del programa de la NIEU que tenía como objetivo prevenir la violencia en las calles y que en ese momento estaba en auge como respuesta al atentado contra Luther King Jr.

Ambos unieron fuerzas y se encontraron al final de la marcha junto a otras figuras del deporte, como el boxeador Floyd Patterson, el jugador de football Jim Brown y el pionero Jackie Robinson, quien rompió la barrera racial en el baseball.

¿Y qué pasó en el resto de la serie? Probablemente, esto es lo más conocido de la eliminatoria al fin y al cabo, pues los 76ers reaccionaron a la primera derrota con tres triunfos consecutivos en lo que parecía estar llamado a ser una vendetta por todo lo alto del imponente Chamberlain, que estaba promediando unos 23 puntos por encuentro acompañado del mejor Hal Greer. Terminado el cuarto encuentro de la serie en el Boston Garden por un resultado de 110 a 105, el Boston Globe se aventuró a decir que la temporada de los verdes se había terminado en tan icónico lugar, emplazando irónicamente a los aficionados al próximo mes de octubre ya que, por entonces, ningún equipo había conseguido remontar un 3-1 en contra. Grave error. El conjunto comandado por Bill Russell ganaría los tres siguientes duelos por 18, 8 y 4 puntos, respectivamente, para colarse de nuevo en las Finales en las que, por supuesto, vencerían ante Los Angeles Lakers.

La espiral de los acontecimientos sucedidos desde el 4 de abril hasta la celebración del segundo partido de la serie el día 10 pusieron a prueba la resistencia del edificio de la NBA. Una liga que había dado considerables pasos en adelante en favor de la integración racial comparada con otras major leagues de Estados Unidos, promocionando a estrellas afroamericanas como Oscar Robertson, Elgin Baylor, el incipiente Kareem Abdul-Jabbar, Walt Bellamy y por supuesto las joyas de la corona, Chamberlain y Russell, en una competición que para finales de década un 58% de sus integrantes eran afroamericanos, según un escrito de David Poter (1995). "La NBA abrió el camino, no por algún propósito ingenioso, sino por el talento de nuestros jugadores y la exposición que pudimos darles", dijo sabiamente el Comisionado emérito David Stern para el libro Basketball: A Love Story. "Tuvieron un enorme impacto en la sociedad".

La lección que jugadores como Russell y Chamberlain dieron al resto del mundo es que hicieron frente a la adversidad, no se callaron en un momento en el que la sociedad norteamericana necesitaba voces de referencia dentro del deporte, siendo pragmáticos y consecuentes con sus actos sin perder un ápice de su vena más social y política.

El legado de Martin Luther King Jr en la NBA

La NBA siempre ha abanderado cuestiones que van más allá del deporte, especialmente en las últimas tres décadas, y la figura de Martin Luther King Jr. ha sido una de las que más presencia han tenido y que se terminó materializando en una de las jornadas más relevantes de toda la temporada. En 1983, el Presidente Ronald Reagan instauró un día en su nombre, colocándolo el tercer lunes de cada mes de enero, algo que se convirtió rápidamente en uno de los días más importantes dentro de la cultura americana y especialmente para los colectivos afroamericanos por su marcado carácter simbólico

La celebración de este día conmemorativo fue promovida por diferentes movimientos de la sociedad civil desde el mismo 1968, y que culminó más de una década después. Una decisión que tardó en ser aceptada por la mayor parte de los Estados del país hasta extenderse de forma homogénea en el año 2000.

En el caso concreto de la NBA, desde mediados de los 80 comenzó a potenciarse el asentamiento de esta fecha como un día en el que las franquicias apostasen por tratar de llenar los pabellones. Un día de marcado carácter familiar y comunitario donde los Knicks y los Grizzlies son los equipos que más veces han jugado en esta fecha. En el caso de los Knicks lo llevan haciendo en casa desde el 2001. Otros de los focos importantes son Atlanta, Philadelphia, Los Ángeles y Oakland, zonas con historia detrás.

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"Lo que Martin Luther King significó para la nación es enorme", dijo Kevin Durant en 2019. "Hasta el día de hoy, su mensaje ha tocado a mucha gente. Es una buena oportunidad para jugar ese día. Para nosotros solo significa mucho". Las palabras de Durant representan la voz de una generación de jugadores que han roto el miedo a hablar de política siendo deportistas.

"La NBA está por delante de todo", afirmó el ex-entrenador de los Knicks David Fizdale. "Adam Silver y su gente realmente tienen una actitud progresista respecto a ser inclusivos, entienden nuestra historia, representan los derechos humanos y civiles".

A esto cabe añadir que con el mencionado día en honor al activista se inicia el conocido como Black History Month, donde cada franquicia va realizando diferentes actos conmemorativos, con su comunidad o para con el equipo, con el objetivo de ensalzar los valores multiculturales de la liga así como poner en valor el trabajo que otros realizaron en el pasado para terminar con las desigualdades sociales. "El mensaje de Martin Luther King se transmite en la NBA, y lo especial de esta celebración es que a pesar de que no juegan las 30 plantillas, sí tienen eventos en sus instalaciones, desde clínicas a museos... Desde los tiempos de Bill Russell, nosotros hemos tratado de resolver problemas complejos como racismo o la desigualdad de género", decía Adam Silver en TNT en 2019.

Aunque el racismo no vaya a poder solucionarse con la conmemoración de un día, las acciones concretas, el pasar de los tiempos y una intensa labor de pedagogía pueden ayudar a ir derribando progresivamente un problema estructural de buena parte de las sociedades occidentales, con el objetivo de construir un mundo más igualitario y seguro.

52 años después

Por desgracia, a pesar de que haya pasado más de medio siglo desde que Chamberlain y Russell mostrasen su desacuerdo con jugar tras semejante suceso, muchos de los problemas que asolaban la sociedad norteamericana siguen muy presentes. Sin embargo, el perfil del jugador NBA no es el mismo, de hecho, de un tiempo a esta parte se ha vuelto tremendamente vocal y sensible con respecto a lo que sucede alrededor suyo, en su comunidad y su país. El racismo sigue existiendo y siguen dándose actos racistas que impiden en cierto modo una convivencia pacífica.

La situación que se está dando en los últimos meses en Estados Unidos derivada del asesinato de George Floyd y Breonna Taylor generó que muchos jugadores saliesen a la calle pidiendo justicia, utilizando el escenario mediático que es la NBA para difundir su mensaje y tratar de invitar a más personas a que sean parte del cambio. No obstante, con el pasar de las semanas y el ritmo imparable de la competición, hizo que las protestas y los mensajes emitidos por los protagonistas del juego quedasen relegados a un segundo lugar.

Fue entonces cuando otro desgraciado suceso aconteció. El 23 de agosto en Kenosha (Wisconsin), Jacob Blake fue alcanzado por siete disparos efectuados por un oficial de policía del mismo lugar cuando intentaban arrestarlo por una disputa doméstica. Como consecuencia de la imagen, que afortunadamente fue captada en video, las reacciones no tardaron en despertar la repulsa de la sociedad. Mientras, en el campus de Disney en Florida, los jugadores empezaron a sentir que su trabajo de activismo no estaba siendo suficiente y que hacía falta algo más.

Primero fueron los jugadores de Celtics y Raptors, que unos días antes de que diese comienzo la serie de Semifinales de Conferencia, dialogaron sobre la posibilidad de no jugar ese Juego 1. "La gente está molesta, la gente está enfadada, la gente está harta", dijo el martes 25 de agosto Marcus Smart. "Es triste que tengamos que pasar por esto y seguir luchando por algo que es tan obvio". "Al final del día, si vamos a sentarnos aquí y hablar sobre hacer cambios, entonces en algún momento tendremos que arriesgarnos y poner algo a perder, en lugar de solo dinero o visibilidad", dijo en el mismo día Fred VanVleet.

Mientras todas las miradas estaban puestas en los dos candidatos, George Hill iniciaba junto a sus compañeros de Milwaukee un movimiento que iba a cambiar para siempre la forma de entender el deporte profesional. En los prolegómenos del partido que probablemente iba a decidir la serie entre Bucks y Magic, el vestuario de Milwaukee decidió encerrarse y negarse a salir a jugar a modo de protesta por lo sucedido dentro de su estado, Wisconsin, con el mencionado Jacob Blake, generando así un movimiento en cadena que haría que el resto de equipos que iban a jugar ese día no salieran al campo, momento en el que la NBA anunció el aplazamiento de la jornada que se extendería durante dos días más.

Horas después de la protesta de los jugadores de los Bucks y tras haber conseguido hablar directamente con una de las figuras institucionales más importantes de Wisconsin como el Vice-Gobernador, salieron ante los medios a emitir el siguiente comunicado:

En adelante, el resto de los jugadores de la NBA fueron emitiendo sus visiones sobre lo que estaba sucediendo, demandando un verdadero cambio, tangible y que pudiese prolongarse en el tiempo con medidas concretas. Así, la intervención de Michele Roberts, Directora ejecutiva de la NBPA, y Adam Silver, Comisionado de la NBA, acabaría siendo fundamental para poner a todas las partes de acuerdo (Gobernadores, jugadores y otras estructuras) para conseguir encauzar la situación, poniendo en primera plana la lucha por la justicia social, contra el racismo y desarrollando una campaña para incentivar el voto de cara a las elecciones presidenciales del país norteamericano.

A través de un acuerdo materializado el viernes de 28 agosto, NBA y NBPA acordaron tres puntos clave:

  1. La NBA y sus jugadores acordaron establecer de inmediato una coalición de justicia social, con representantes de jugadores, entrenadores y gobernadores, que se centrará en una amplia gama de temas, incluido el aumento del acceso a la votación, la promoción del compromiso cívico y abogando por una significatva reforma policial y de la justicia penal.
  2. En cada ciudad donde una franquicia de la liga posee y controla la propiedad de un estadio, los gobernadores de los equipos continuarán trabajando con los funcionarios electorales locales para convertir las instalaciones en un lugar de votación para las elecciones generales de 2020, a fin de permitir una opción segura de votación en persona para las comunidades vulnerables al COVID. Si ha pasado una fecha límite, los gobernadores de equipo trabajarán con los funcionarios electorales locales para encontrar otro uso relacionado con las elecciones para la instalación, que incluye, entre otros, las juntas de registro de votantes y de recepción de boletas.
  3. La liga trabajará con los jugadores y nuestros socios de transmisión para crear e incluir anuncios publicitarios en cada juego de Playoffs dedicados a promover una mayor participación cívica en las elecciones nacionales y locales, y para crear conciencia sobre el acceso y las oportunidades de los votantes.

Lo importante de todo este proceso no ha sido solo el hecho de conseguir ver cumplidas ciertas demandas, sino constatar el verdadero poder que tienen en la actualidad los jugadores de la NBA más allá del deporte, siendo una vez más patente que su papel en la sociedad trasciende las canchas y la acción puede ayudar a cambiar las reglas del juego. No ya de cara al presente, sino para que las generaciones venideras disfruten de un ecosistema más igualitario y equitativo donde las injusticias y los prejuicios queden atrás. Todo el trabajo realizado por figuras como Elgin Baylor, Bill Russell, Oscar Robertson, Hal Greer o Wilt Chamberlain ha acabado siendo clave para que, años después, otros como LeBron James, Jaylen Brown, George Hill o Chris Paul hayan detenido durante unos días la imparable máquina del deporte profesional.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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